Comentarios sobrantes de Hora Clave del Domingo 28 de Mayo: sobre los militares y sobre la inexistencia del pueblo.
El gran tema es: ¿para qué queremos militares? ¿Qué objetivos actuales y futuros podemos asignarles? El problema actual es la inseguridad interna, ¿podemos asignárselo? ¿Deben dedicarse al cuidado de las fronteras para limitar el narcotráfico? Esto es lo que hay que pensar en relación con los militares, ninguna otra cosa relativa a siniestros pasados hoy inexistentes.
A Kirchner le encantan los militares, no puede dejar de pensar en ellos. La presencia de los militares alimenta su visión del mundo, o la que vende para consumo de la ingenuidad progre. Los militares son responsables de grandes atrocidades, de acuerdo, pero ahora las atrocidades son otras, tienen que ver con la pobreza y con la cortedad mental y hay más responsabilidad en la dirigencia política (o en los modos del peronismo y la inocente opinión pública que lo avala repetidamente) que en los mandos militares del presente.
Daría la impresión de que Kirchner quiere rescatar a los militares de su sueño para volver a colocarlos en el rol de enemigos.
Kirchner vive en una imagen mental. Esa imagen arroja sobre el presente las formas del pasado, como para que el presente no muestre su sentido con claridad. La otra posibilidad es que no viva en una imagen mental sino que haga uso de ella, con toda intención, para justificar y afirmar su proyecto de poder.
Hablar de la justicia del pasado es una manera perfecta de no tratar los temas del presente. Lo que padecemos hoy ya no es la acción militar, está mucho más cerca de la acción peronista.
Es cierto que desde el ala izquierdista se hace un recuerdo parcial de los hechos, pero eso no es argumento para valorar que también se lo haga desde el ala militar.
Basta de homenajes a los muertos, los vivos tienen necesidades, queremos vivir y tenemos que centrarnos en ese deseo actual para abordar todas las situaciones problemáticas con ánimo resolutivo.
Primer acto: los montoneros se hacen los inocentes
Segundo Acto: los militares se hacen los inocentes
Tercer acto: nos tienen hartos los dos: ¿se creen que somos todos idiotas?
No compramos la inocencia de los que hicieron la lucha armada tampoco vamos a comprar la inocencia de los militares.
Una de las cosas malas de la política de K es que posiciones como la suya vuelvan a tener prensa. El antimilitarismo desenfocado del gobierno hace que vuelvan a aparecer los peores valores militares: la reivindicación de lo imposible. No fue una lucha patriótica el desempeño militar de los 70.
Es cierto que hay una visión parcial del tema de los derechos humanos. ¿Cuántos fueron los muertos inocentes pertenecientes a las fuerzas armadas y de seguridad? ¿Por qué nadie hizo juicio a algún ex monto por el asesinato de un policía inocente para sacarle el arma, como era costumbre hacer en una época? Está muy bien que se haya enjuiciado a los responsables militares y a los torturadores, pero ¿por qué no hubo juicios a los que desde el supuesto “campo popular” mataron con igual irracionalidad?
Mariano Grondona sostiene que los argentinos deberíamos perdonarnos para poder hacer un país mejor, y cita los ejemplos de la reconciliación entre Francia y Alemania (después de los millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial) o la que se dio en España (después del millón de muertos de la Guerra Civil). Son ejemplos que reducen nuestra pasión por revisar el pasado a ridícula necrofilia impotente, pero creo que tal vez no sea el perdón el elemento central de los logros mencionados. Más que perdonarnos creo que lo que tenemos que hacer es unirnos en un deseo común. No tanto pensar en quien nos hizo daño y hacer las paces con él, creo que sobre todo se trata de ser capaz de querer algo, y de privilegiar ese querer (que nos une) antes que la constante reexaminación de lo que ya no es.
Hice también unos comentarios sobre la idea de que “El pueblo no existe”, y que esa es una de las reglas de la nueva política, hecho que tal vez no haya que lamentar sino que celebrar. Nada puede llenar la plaza legítimamente, entre otras cosas, porque nadie considera un valor actual a la movilización. Las apariciones del pueblo en la calle son ya meras representaciones teatrales, actuadas, de grupos de presión. ¿O lo que sucede nos abre los ojos a una realidad que siempre fue de esta manera? ¿Tal vez el pueblo no existió nunca, y ese concepto es una ficción fascista, utilitaria a ciertas proyecciones de poder?


























