
Este es el prólogo que escribí, a pedido del autor, para el libro mencionado:
Es gracioso que Bernardo me haya pedido un prólogo a mi que soy un pensador ateo. Pero somos amigos, y cada vez que veo a alguien en la calle que lleva un libro de Stamateas me pongo contento. Siento que mi amigo pastor es capaz de acercar su moral de plenitud y osadía a muchos que le están buscando la vuelta a las cosas. Me alegra que sus libros se vendan tanto porque quiere decir que hay muchas personas que viven su vida con ánimo de aventura, que es como creo que vale la pena vivirla. Que tratan de ser los protagonistas de su búsqueda, que se niegan a repetir los caminos formales de la costumbre, que desafían los automatismos y quieren ver por sí mismos. Y decidir, y crecer.
Sí, soy ateo, ateo recontra ateo, es decir, no sólo estoy seguro de la inexistencia de dios: para mi no es siquiera una pregunta o un problema. Su única realidad, para mí, es la de ser una idea en la mente de la mayor parte de los seres humanos. Sólo una idea. Pero tengo amigos religiosos, porque uno no necesita pensar y sentir en todo igual que las personas a las que quiere. (¡Hasta me casé con una mujer, un ser tan distinto a mi, le han salido personas chiquitas de adentro!). El respeto por la diferencia, me gusta pensar, no es algo que nos llame al recato. No debemos callar por respeto al otro: lo que tenemos que hacer es expresar nuestra diferencia completa y después seguir siendo amigos. A veces se puede, y es muy lindo. (¡Incluso he comido muchos asados con peronistas, y con sindicalistas también, y los he disfrutado mucho!).
Stamateas es un hombre valioso, porque es un hombre de fe que puede al mismo tiempo ser alguien abierto y moderno. ¿Stamateas? Es un pastor sexólogo y escritor, que vende miles de libros y ayuda a miles y miles de personas a hacerle frente a la vida. ¿Se puede pedir algo más? Siempre se puede pedir algo más, y algo más es lo que da Bernardo cuando aborda el tema de la fe, y da su versión del asunto. En su visión, la fe no implica una posición temerosa y conservadora, todo lo contrario. El suyo no es un sistema que niegue el individuo y el placer, no aboga por una mirada retrógrada y triste. Su fe es crecimiento y ganas de vivir. Ganas de vivir: concepto primordial entre todos los conceptos, base emotiva de toda existencia vital, de toda afirmación de la vida.
Me gusta el chiste que dice que las chicas buenas van al cielo y las chicas malas van a todas partes. Podríamos decir que los religiosos buenos van al cielo, pero Stamateas va a todas partes: se mete en los medios, ayuda a cientos de personas por fin de semana, tiene amigos ateos como yo con los que se divierte y piensa, viaja. No tiene miedo. Y su actitud ayuda a los demás a que tampoco lo tengamos.
Es muy valioso que sea precisamente un religioso quien diga que la fe puede ser tóxica. Es verdad: hay demasiada tradición negadora de la vida en los templos de todos los cultos. Hay demasiado miedo, demasiado resentimiento, un patológico amor por la pobreza y la debilidad, que en vez de considerarlos problemas a solucionar los elevan al nivel de cosa sagrada. La pobreza y el dolor no son sagrados: lo que es sagrado, en todo caso, es la vida que no debe detenerse en esos límites, la vida a la que hay que alentar para que, en la medida de lo posible, supere esos encierros.
La fe no tiene por qué ser una posición desanimada o infeliz. El amor a dios tendría que ser una fiesta, una expresión de la capacidad de querer al mundo y no una vocación crítica de desestimarlo todo. Creo que autores como Stamateas ayudan a que nuestra realidad sea más plena y más rica. Ayudan a actualizar la posición religiosa, a generar un modo de creer que sea también un modo de querer vivir. Vamos a leer en detalle este libro, a ver qué dice. ¡Vamos!