martes, febrero 12, 2013

"Luis", artículo que publiqué en "La Voz" sobre Luis Alberto Spinetta


Este es el artículo:


Ya pasó un año, pero para mi es como si hubiera pasado ayer. El dolor que siento no tiene tanto que ver con el Spinetta genial, artista único, superior, sino con Luis, mi amigo, al que no me resigno a haber perdido. Y siento que es un deber, que todavía no pude cumplir el de contar a quienes no lo trataron personalmente cómo era en su intimidad esa persona tan admirada y querida por tantos.

Nos conocimos en el 84, gracias a Leo Sujatovich, que había sido compañero mio en el secundario, y que cuando volví de Venezuela, donde yo vivía, a pasar dos semanas en Buenos Aires, era el tecladista de Jade. Yo era el típico spinettiano, adorador de sus discos, acechador de sus fotos. Para mi Spinetta era sagrado. Le dije a Leo que quería verlos en vivo. Leo me dijo que iban a tocar en Mar del Plata y me sacó pasaje en el micro en el que viajaba el grupo. Esa misma noche, en la que yo tenía el corazón atragantado por estar en presencia de mi dios, Spinetta empezó a ser Luis y me hice amigo suyo. Bueno, nadie se hace amigo en una noche, pero ¿cómo decir entonces que nos quedamos hablando cuando ya todos se habían dormido, que empezamos en ese micro un diálogo que duró 28 años? Yo hablaba de Bataille y Luis de Fulcanelli, yo era estudiante de la carrera de Filosofía, y él un pensador natural. No dormimos. Parece una historia de amor, o fue una historia de amor, aunque éramos los dos varones y heterosexuales. Yo volvía a tener conciencia clara de con quien estaba hablando cuando pasaba un auto en sentido contrario y ese breve período de luz interrumpía la osucridad del micro para  mostrarme la visión increíble de ese rostro que me sabía de memoria. Porque además, Luis era hermoso, lo sabemos todos, y tenía una gracia única, un don de ser, algo inigualable.

¿Qué puedo contar en tan poco espacio? Que quien lo creyera un lánguido poeta, basándose en sus letras y canciones, se hubiera sorprendido de saber que era el payaso que fue, un humorista, que quemaba pedos con un encendedor, que hacía personajes de todo tipo, insólitos, que tenía una gran inteligencia para captar al mundo, que lo veía de otra forma, que tenía una enorme curiosidad, que era un gran cocinero, que era muy tradicional, convencional, machista, posesivo y celoso, que a veces se ahogaba en problemas que los normales solucionamos fácilmente, que era una persona afectuosa, que moría y mataba por sus hijos, que podía también ser un demonio paranoico, que padecía enojos incontrolables, que no paraba nunca de hacer canciones nuevas, siempre hermosas aunque los últimos años demasiado tristes para mi gusto, que no tenía sus discos ni necesitaba grandes equipos de sonido para escuchar música, que podía componer un super tema en una guitarrita cualquiera, que cantaba en la cocina como en sus mejores grabaciones, que escuchaba el disco con el que estaba copado en ese momento mil millones de veces, que los últimos años estaba un poco fóbico y no le gustaba salir (pero cuando yo lo conocí íbamos a todas partes), que no tenía gran comprensión de las cosas políticas pero hacia suyo todo dolor, social o personal, que era loco por los autos y hubiera querido trabajar diseñándolos, que era un dibujante genial y hacía unos prototipos avanzadísimos, que era capaz de asfixiarse en días de calor antes de abrir la ventana del jardín para que no entraran los bichos, que tenía facilidad para tratar con los chicos (tal vez porque tenía algo de nene desprotegido, que nos hacia a todos querer cuidarlo), que su personalidad contenía una rarísima mezcla de rasgos egoistas con otros de total generosidad, que era de esas personas que se hacen querer de una manera entrañable, amigo de sus amigos, muchos de ellos personas comunes, es decir, no artistas ni especialmente talentosos, que se te metía adentro y se volvía parte de vos, que todo lo que los amantes de su música reciben al escucharlo es sólo la parte pública de una personalidad especial, irrepetible, y que la falta de consuelo que sentimos quienes fuimos sus amigos y familiares, tiene que ver con esa vida personal gigantesca, que dejó un vacío que no se llena con nada.

Me gustaría poder contar más cosas de las que viví con él, pero me cuesta acercame a su recuerdo sin ponerme demasiado triste. Espero que algún día, antes de que me olvide de tantas aventuras compartidas, pueda escribir un libro contando más. Siento que esa historia le pertenece a todos los que fuimos adoramos su arte y su persona.

(La foto que ilustra este post es una entre varias que le saqué un día que me pidió que le hiciera fotos con una vieja cámara rusa que yo tenía y salimos por ahí a dar vueltas. No salieron muchas buenas, pero esta es graciosa).

Este es el link a "La Voz":
http://vos.lavoz.com.ar/pop/rock/luis





9 comentarios:

Nicolas dijo...

Muy buen artículo Alejandro! Un abrazo grande

escuchando palabras dijo...

hola que lindo leer anecdotas sobre Luis, a mi personalmente me gustaria si contas mas y compartis con nosotros algo, te cuento que aca en Rosario el sabado se le hizo un tributo y estaban nuestros musicos y muchos de ellos habian tocado con Luis, gracias por compartir, beso

Anónimo dijo...

Excelente!! Quiero mas!! Libro sobre el flaco, libro sobre el flaco!!
Abrazo
Eloy

Anónimo dijo...

Gracis por compartir estos recuerdos

Anónimo dijo...

Es extraña e inexplicable la enorme tristeza que siento yo, que no lo conocí personalmente. Es como que el dolor es más profundo por no poder haber compartido algún momento concreto con él. Y no como fan, sino como persona. Lo que vos contás es lo que yo me imaginaba, y mi sensación es que perdí a un padre/hermano/amigo. Me consuela ,ligeramente, saber que Spinetta me mejoró la vida.
El sábado estuve en Rosario y la pasamos muy bien comandados por el genio de Malosetti. Lloré un poco, como cuando lo vi a Aznar el año pasado en la avenida Sarmiento, pero, al final de cuentas, creo que me hizo bien.
Un abrazo.

emilio

vfedor dijo...

Alejandro, conmovedor y profundo tu relato. Lo de Luis, un arrancón. Abrazo.
federico causse

leo sujatovich dijo...

Alejandro: me alegra mucho leer tu relato de como conociste a Luis y haber sido parte de eso.
Lo extrañaremos siempre.
Abrazo!
Leo Sujatovich

leo sujatovich dijo...

Alejandro: me alegra mucho leer tu relato de como conociste a Luis y haber sido parte de eso.
Lo extrañaremos siempre.
Abrazo!
Leo Sujatovich

Mario Cesar dijo...

Aun pasan en el subte un corto publicitario donde Spinetta,aparece fugazmente,exhalando aliento.Nunca se de que se trata. Siempre me cuelgo en la idea de que ese ser ya no esta vivo.

Estaría muy bueno un libro así. Nada es mas saludable que leer sobre personas que fueron creativas y mas si son tan cercanos en nuestro tiempo y espacio.

De ese gran laboratorio de genialidades que es la vida cotidiana, observar al artista en calzoncillos,es aprender sobre el hombre. Un hombre que mezclo ciertos ingredientes en ciertas dosis especificas y produjo algo diferente, suyo y con una estructura distinta.

Imposible que gente así sea un ser que no deja escombros tras de si. Imposible la limpieza y la pureza cuando el tiempo de experimentar es tan corto que solo tiene la longitud de una vida.

Ademas esa época, llena de música impregnada hasta el cielo de sentido trascendental. Que lindo no?, las guitarras eléctricas fueron los Atari de nuestra generación. La felicidad se media en cantidad de pedales. Y este chabon los tenia todos.....y como los usaba!!!.

Ademas su aporte tiene un componente extra que lo hace aun mas delicioso. En esa larga noche política y social que le toco vivir, un durazno sangrante o un colectivero sideral fue como una flor creciendo en la grieta del muro de una prisión.

Sin mas, Quedo a la espera de la noticia de su publicación.

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