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martes, abril 17, 2012

Mi nuevo libro: "De padres e hijos en el ciclo del tiempo"


Desde hace unos días está en librerías mi nuevo libro, un largo poema sobre la muerte de mi mamá, sobre la muerte de mi papá y sobre mi vida de padre emocionado de tres hermosos y adorados nenes. Los de la tapa no son mis hijos, pero también son tres varones, asi que cuando la editorial me ofreció opciones para ilustrarla me pareció oportuno elegir esa foto.

A continuación, un fragmento del prólogo, que explica mejor la cosa.

Hace alrededor de dos años me propuse escribir un cuaderno tamaño
escolar de versos, o tal vez sería más justo decir que lo que quería era
llenar sus 48 páginas de frases cortas, escribir sin signos de puntuación y dividiendo en partes lo que sería una frase normal.

Lo que me propuse no era hacer poesía, era escribir en versos lo que
surgiera. Sentía que los versos, las frases escanciadas, eran una vía
adecuada para paladear el mundo, que ese ir de a poco iba generando
ideas, observaciones, imágenes, distintas de las que surgen de la
escritura de frases completas y corrientes. El juego o el desafío es seguir
de cerca las cosas en su propia existencia emocional y sentida, y hasta
podríamos decir que la poesía es el mundo mismo mirado en detalle.

Lo que yo quería en realidad o en el fondo era escribir otro “Bienvenidos
a mi”, dar un segundo paso en el mismo sentido que esa especie de
novela que escribí en el 2003, en la que me limité a ser el personaje
deambulante de mi propia vida y decirlo todo con la mayor sencillez
posible. “Bienvenidos” es un diario, un libro de observaciones, sencillo,
con humor, escrito para simplemente ser y disfrutar de todo. Creo que es
mi libro más querido, el que más siento como un logro, y me parece que
su virtud es que se lee como se toma un vaso de agua. Con la intención
de seguir cultivando esa vía, me propuse escribir un cuaderno de versos
inmediatos, y ver qué pasaba.


Y aquí, el inicio del texto, para ver si les resulta de interés:

cuaderno uno

otro día
paso y te pago
hoy no

me tomo el largo vaso
de champagne
y me voy
a dar el taller
de escritura

escribo de a sorbos
pongo poquitos
poesía de glimpses
escritor agónico
(para nada)

música de guitarras
le mando mensajes a mi adentro
para que funcione
trabaje
me dé algo
en muchas páginas
me va a dar

lo que ya no me da es
vergüenza
de que me vean escribiendo
poquitos
y piensen
es poeta
o sea
es un pelotudo

que cree en los versos
y en sí mismo
magnificándose
detallista
como si todo contara
como si todo fuese importante
lo suyo
y buscara
emocionar
decires precisos
y preciosos
donde no hay más que
demasiada sencillez
y candor de probar
a ver qué pasa

no, no soy poeta
que voy a ser
son versos
pero no es poesía
son versos
para decir
escanciadamente
en impulsos
y ver qué sale
decir
así

el problema de ser feo
es que te importe
si no te importa
sos lindo
y si no te importa nada de nada
ser feo
sos el más lindo

es el poder de la gracia

(también es cierto
que hay que tenerla
o no
tenerla)

me tocan bocina
me rugen
motores
al pasar

lo despojado
puede
ser poesía
porque la poesía son las cosas
no uno
(y cuando a uno no le importa
ser uno
es que se pone lindo)

la poesía es
el mundo
separado en
poquitos

la belleza del ser
en porciones


Por último quiero contarles que el libro está dedicado a Luis Alberto Spinetta, cuya muerte después de 28 años de íntima amistad me dejó muy golpeado. Sé que muchos lectores de este blog esperan, sabiendo que era su amigo, que diga algo sobre él, sobre su muerte y nuestra amistad, pero todavía no estoy listo para hacerlo. Está todo demasiado fresco y duele mucho.

martes, marzo 13, 2012

Tres libros geniales

Para mi cumpleaños pasado, mi mujer me regaló un libro llamado "501 must read books", o sea, traducido, "501 libros que deben leerse". Es un libro lindísimo con secciones diversas: Ficción para chicos, Ciencia Ficción, Ficción Clásica, Historia, Memorias, Ficción Moderna, Viajes.

Gracias a este libro estoy conociendo otros libros que no conocía, y ya puedo contar dos hallazgos:


"84, Charing Cross Road", de Helene Hanff: una colección de cartas intercambiadas entre una norteamericana y quienes atienden una librería londinense. El ida y vuelta tiene una sencillez y un encanto increíbles. Es un libro corto que pese a sus pocas páginas te inunda con una sensibilidad especial. Se hizo incluso una película con Anthony Hopkins, aunque no tengo idea cómo pueden haber llevado a película la casi inexistente historia. Muy recomendable. Se lo puede bajar aquí: http://www.bibliotheka.org/?/ver/19414



"El quinto en discordia", de Davies Robertson: voy por la mitad, pero ya estoy completamente subyugado por la historia de este personaje y por la sencillez y claridad con la que está escrita. No logro decir con precisión qué es lo que conquista tanto, pero creo que es algo que tiene que ver con no presentar los hechos y las ideas de manera convencional, con lograr encontrar una vida nueva más allá de la mirada de siempre, la habitual mirada moralista y corta con la que están hechas la mayoría de las historias. Muy recomendable. El autor es canadiense. Se lo puede bajar aquí: http://www.bibliotheka.org/?/ver/57860

Espero que el guardían de los derechos no me castigue por difundir estos links. En todo caso se trata de libros que no se consiguen en librerías. Y difundir lectura creo que no merece castigo. Soy de aquellos que creen que la promoción de la lectura es un objetivo político, porque implica desarrollo personal y social. Y que la felicidad de leer novelas es una de las más nítidas que la vida nos depara.

(Es buen momento para recordar que en las BlackBerrys, si uno se baja el Mobipocket, se puede tener una pequeña biblioteca a la que recurrir cuando te agarra un piquete o cuando por algún motivo tenemos momentos inesperados de tranquilidad).

Ah, y si a alguien se le ocurre decir: ¿por qué no difundís el modo de bajar gratis tus libros si sos tan liberal en materia de derechos? quiero responderle diciendo que aquí pueden bajarse 6 libros mios. No pondría links gratuitos a mis últimos libros, pero no me parece dañino hacerlo con aquellos que ya entraron en el dominio público...

martes, noviembre 01, 2011

Ideas dominantes II


"¿Cómo se puede escapar a la influencia de tales ideas dominantes? Una técnica útil de pensamiento lateral consiste en seleccionar en forma deliberada, definir y hasta anotar la idea que parece estar dominando la situación. Una vez que la idea se ha expuesto de este modo, es más fácil reconocerla y, por tanto, evitar su influencia polarizadora. Esto parece obvio y fácil, pero la exposición debe ser cuidadosa y deliberada, ya que el tener una vaga conciencia general de la idea dominante no sirve para nada.

Puede parecer más fácil identificar la idea dominante y después rechazarla vigorosamente. Pero el rechazo significa sólo el cambio del dominio positivo por el dominio negativo, y en lugar de debilitar la idea dominante, puede fortalecerla. Más aún, la libertad de pensamiento está tan limitada por el rechazo de una idea como por su aceptación.

Esta situación, en forma benigna, se encuentra con frecuencia entre los jóvenes estudiantes que leen mucha filosofía. Ellos se ven en la molesta posición de tener que estar de acuerdo con todo lo que leen o de mostrarse en desacuerdo violentamente. De cualquier modo, el estar simplemente consciente de una idea en particular puede inhibir la formación de una idea original en una mente capaz de producir ideas originales.

Puede ser mejor no leer nada y correr el riesgo de producir ideas ya propuestas, que estar tan consciente de tales ideas que uno se vuelva incapaz de generar otras.

Darse cuenta de que una idea dominante puede ser un obstáculo más que una conveniencia es el primer principio del pensamiento lateral."


(capítulo 3 “El peligro de lo aceptado” de “Pensar bien”, de Edward De Bono)

viernes, octubre 28, 2011

Ideas dominantes I


"Con frecuencia se subestima el efecto del dominio de las ideas antiguas y aparentemente adecuadas. Se supone que una idea antigua debe considerarse como un escalón útil hacia algo mejor hasta que ese algo aparezca. Esta política puede resultar práctica, pero puede inhibir el surgimiento de nuevas ideas.

Un ejemplo extremo del efecto de las ideas dominantes lo proporciona la enfermedad mental conocida como paranoia. La paranoia es fascinante porque en ella los poderes de razonamiento de la mente no se han deteriorado como en otras formas de enfermedades mentales. Algunas veces el poder de razonamiento parece incluso ser más agudo. La única anormalidad consiste en que el paciente está dominado por la idea de ser perseguido. Sin embargo, todo lo que sucede, ya sea trivial o remoto, se interpreta como si estuviera dirigido al paciente. La amabilidad hacia el paciente se considera como un intento siniestro por ganar su confianza con el objeto de destruirlo. Se supone que la comida esta envenenada. Los periódicos parecen estar llenos de amenazas en clave. No hay nada que no pueda ser interpretado de esta manera.

Las ideas dominantes no tienen que ser siempre tan obvias para ejercer una influencia poderosa y organizada en la forma como una persona piensa y enfoca un problema. Las ideas antiguas y adecuadas, como las ciudades antiguas y adecuadas, llegan a polarizar todo lo que las rodea. Toda la organización está basada en ellas, todas las cosas se refieren a ellas. En las afueras pueden producirse alteraciones menores, pero es imposible cambiar toda la estructura en forma radical y muy difícil desplazar el centro de la organización a un lugar diferente."


(capítulo 3 “El peligro de lo aceptado” de “Pensar bien”, de Edward De Bono)

miércoles, octubre 26, 2011

La educación y las nuevas ideas


"Los motivos para iniciar un nuevo agujero son diversos: insatisfacción con el antiguo, mera ignorancia del antiguo, una necesidad temperamental de ser diferente o un simple capricho. Es poco común emprender nuevos caminos porque la educación está diseñada para que las personas aprecien los agujeros que han cavado otros mejores. La educación sólo llevaría al caos si fuera de otro modo. Sería muy difícil lograr la suficiencia y la competencia si se estimulara la insatisfacción general con el orden existente de los agujeros.

Tampoco la educación se interesa realmente en el progreso: su objetivo es hacer que el conocimiento que parece ser útil esté disponible para todos. Es comunicativa, no creativa.

Aceptar los antiguos agujeros y después ignorarlos y empezar de nuevo no es tan fácil como no estar enterado de ellos y por tanto libre para comenzar en cualquier parte. Muchos grandes descubridores, como Faraday, no tenían una educación formal, y otros, como Darwin o Clerck Maxwell, la tenían insuficiente.

Resulta tentador suponer que una mente capaz que no conozca el enfoque antiguo tenga la oportunidad de desarrollar un enfoque nuevo."


(capítulo 3 “El peligro de lo aceptado” de “Pensar bien”, de Edward De Bono)

sábado, octubre 22, 2011

El peligro de lo aceptado (capítulo 3 de “Pensar bien”, de Edward De Bono)


"La lógica es la herramienta utilizada para cavar agujeros más profundos y grandes, es decir, mejores. Pero si el agujero se encuentra en el lugar incorrecto, nada lo desplazará hacia el sitio correcto. Sin importar lo obvio que esto parezca, es más fácil seguir cavando en el mismo agujero que empezar a hacerlo de nuevo en otro lugar. El pensamiento vertical equivale a cavar en el mismo agujero con más profundidad; el pensamiento lateral, a tratar de hacerlo de nuevo en otro sitio.

La propensión para no abandonar un agujero a medio cavar, es en parte la renuencia a abandonar la inversión de esfuerzo realizado sin haber recibido recompensa alguna. También es más fácil seguir haciendo lo mismo que preguntarse qué otra cosa se puede hacer: hay en ello un fuerte compromiso práctico.

La mayor parte del esfuerzo científico se ha dirigido hacia el aumento lógico de algún agujero aceptado. Son incontables los cerebros que escarban débilmente o con denuedo, de acuerdo con su capacidad. Sin embargo, las ideas nuevas y grandiosas y los notables avances científicos con frecuencia se han derivado de personas que ignoraban el agujero que se estaba cavando y que empezaron a hacer uno nuevo."

viernes, septiembre 23, 2011

Cómo surge una idea III


"Si se acepta el enfoque pasivo de las nuevas ideas, lo único que nos queda por hacer es esperar y orar. Sin embargo, existe un enfoque alternativo. Si las nuevas ideas dependen por completo de la casualidad, ¿cómo es que algunas personas como Edison tuvieron muchas más ideas nuevas que las demás personas? Los inventores y los científicos famosos por lo general producen una serie de ideas nuevas, no sólo una. Esto indica que existe capacidad para generarlas y que ésta se desarrolla mejor en unas personas que en otras. Esta capacidad no parece estar relacionada con la inteligencia pura, sino más bien con un hábito mental, una forma particular de pensar.

La recompensa de las ideas nuevas puede ser considerable o insignificante. El hombre que inventó la segadora combinada ganó una fortuna, no así los hombres que inventaron la primera máquina de coser. La única recompensa en que se puede confiar es el placer del logro. Este es muy diferente del placer relacionado con otra clase de realizaciones: es una emoción más profunda.

Cuando surge una idea, no puede ignorársela. Hay en ella una sensación de inmortalidad."


(capítulo 2 de “Pensar bien”, de Edward De Bono)

viernes, septiembre 16, 2011

Cómo surge una idea II


"La explicación derrotista de las nuevas ideas es que se deben sólo a la casualidad. Según esta teoría, aparece una idea nueva hasta que se reúnen al mismo tiempo los ingredientes básicos, de un modo especial, en la mente de una persona. Hay que esperar hasta que la suerte reúna este fértil conjunto de información. Este es un enfoque muy negativo, aun cuando existen muchas pruebas que lo apoyan.

La mente del ser humano ha mostrado gran vigor y eficiencia para desarrollar ideas una vez que éstas han aparecido. En el curso de una vida, el aeroplano ha pasado de ser un atrevido experimento de dos mecánicos de bicicletas a la forma más efectiva de transporte, cuya conveniencia y eficiencia están fuera de discusión. El radio, de un milagro frágil se ha convertido en un lugar común barato.

El progreso es algo en lo que sobresale la mente humana: no hay límites para su excelencia en esta dirección, la cual se extiende al diseño de mentes electrónicas auxiliares que pueden llevar aún más lejos su capacidad de desarrollo. En contraste con esta facilidad para desarrollar ideas, la capacidad para generar las ideas es muy escasa. Las ideas nuevas se presentan en forma esporádica, aun cuando la tecnología para hacerlas realidad haya estado disponible desde hace mucho tiempo.

Sin embargo, la disponibilidad de la tecnología hace posibles las ideas que de otro modo se habrían abandonado. Por ejemplo, Charles Babbage, profesor de matemáticas en Cambridge, se habría dedicado a construir la primera computadora de no haber sido por la falta de tecnología electrónica que con el tiempo hizo posible la aparición de las computadoras. Sus ideas eran sensatas, pero estaba confinado a utilizar ruedas dentadas. Sin embargo, la tecnología por sí misma no genera nuevas ideas."


(capítulo 2 de “Pensar bien”, de Edward De Bono)

viernes, septiembre 02, 2011

Cómo surge una idea (capítulo 2 de “Pensar bien”, de Edward De Bono)


"El desarrollo completo de una idea puede llevar años de trabajo arduo, pero la idea en sí misma puede llegar en un destello de percepción. En realidad, cuando la idea implica una forma completamente nueva de enfocar las cosas, es difícil concebir que ésta se hubiera producido de cualquier otro modo. La idea nueva no tiene que estar precedida de años de trabajo en el campo, porque el rechazo de la idea antigua puede ocurrir con mayor rapidez.

Es aterrador (o emocionante) contemplar cómo muchas ideas nuevas están latentes en la información actual, pero reunidas en una forma poco conveniente, que podría organizarse mejor. Al principio, las teorías de Einstein eran apenas más adecuadas que las que reemplazaron. La diferencia en la explicación consistía en una mejor comprensión de la longitud de onda de la luz proveniente de la estrella Sirio y una ligerísima alteración en la órbita del planeta Mercurio. En términos de detalle, esto era como reemplazar una taza en un restaurante; pero a partir de esa manera nueva de enfocar las cosas surgió la energía atómica.

El proceso por el cual aparecen nuevas ideas puede separarse de la importancia real de tales ideas. Hasta las más triviales pueden desarrollarse del mismo modo que aquellas que cambian el curso de la historia. Se dice que al gran Napoleón le parecía igual de difícil deshacerse del perro de su esposa que de los poderosos ejércitos de sus enemigos."

The Book Cover Archive


Esta web genial reúne cientos de tapas de libros, “for the purpose of appreciation and categorization”.

Link: The Book Cover Archive.

Pensamiento vertical y lateral II


"A algunas personas les gusta tanto el pensamiento lateral, que tratan de utilizarlo en lugar del vertical en todas las ocasiones. Otras muchas personas se sienten ofendidas con la idea del pensamiento lateral e insisten en que es suficiente el pensamiento vertical. En realidad, los dos tipos de pensamiento son complementarios. Cuando mediante el pensamiento vertical común no puede encontrarse la solución a un problema, o cuando se requiere una nueva idea, debe utilizarse el pensamiento lateral.

Las ideas nuevas dependen del pensamiento lateral, porque el pensamiento vertical tiene limitaciones inherentes que lo hacen menos efectivo para este propósito. Tales limitaciones no pueden eliminarse del pensamiento vertical, porque constituyen sus propias ventajas si se las examina desde un punto de vista distinto.

La organización funcional de la mente como un sistema para llegar a lo óptimo hace que ésta interprete una situación en la forma más probable. El grado de probabilidad se ve determinado por la experiencia y las necesidades del momento. El pensamiento vertical es un tipo de pensamiento de alta probabilidad. Sin ese pensamiento de alta probabilidad, la vida diaria sería imposible. Todas las acciones y sensaciones tendrían que analizarse intensamente y considerarse con cuidado y nada podría darse por hecho. Al igual que un ciempiés que tuviera que meditar antes de mover cada una de sus patas, nos sentiríamos a abrumados por la complejidad del mundo. La función del pensamiento es eliminarse a sí mismo y permitir que, tras reconocer una situación, venga inmediatamente una acción."

(capítulo 1 de “Pensar bien”, de Edward De Bono)

lunes, agosto 08, 2011

Pensamiento vertical y lateral (capítulo 1 de “Pensar bien”, de Edward De Bono)


"El pensamiento vertical siempre ha sido el único tipo de pensamiento respetable. En su forma más acabada, como lógica, es el ideal hacia el que, se recomienda, todas las mentes deben esforzarse, sin importar su corto alcance.

Para ilustrar en forma gráfica lo que es el pensamiento vertical, diríamos que es como tomar unos cubos de juguete y hacer una construcción hacia arriba, en la que cada cubo descansa firmemente sobre el de abajo. En el pensamiento lateral, los cubos están diseminados. Pueden estar conectados entre sí o no, pero el patrón que podría surgir puede ser tan útil como la estructura vertical.

Todas las personas se han topado con la clase de problema que parece imposible de resolver hasta que de repente se revela una solución sorprendentemente simple. Una vez que se piensa en ella, parece tan obvia que no se puede entender porqué fue tan difícil descubrirla. Esta clase de problemas puede ser sumamente difícil de resolver cuando se utiliza el pensamiento vertical.

El pensamiento lateral no solo se aplica a la solución de problemas: también tiene que ver con nuevos enfoques y toda clase de ideas nuevas.

Con los mejores ejemplos del pensamiento lateral, la solución parece obviamente lógica una vez que se descubre. Es muy fácil olvidar que se llegó a ella por medio del pensamiento lateral y no por el vertical. Una vez revelada la solución, muchas personas intentan explicar cómo se pudo llegar a ella por medio del pensamiento vertical. En retrospectiva, la secuencia lógica del problema puede parece muy fácil."

martes, agosto 02, 2011

"Fortunata y Jacinta" de Pérez Galdós


Desde hace mil años tenía pendiente la lectura de Galdós. Finalmente, gracias al Kindle, llegó la hora. Me bajé gratis la novela mencionada y empecé a leerla. Estoy fascinado, feliz por haber descubierto un autor que seguro tiene muchos libros más para deleitarme.

Sí, sé que se hizo la película, o una miniserie, pero yo soy más del tipo que lee los libros que del que ve las películas, qué voy a hacer...

La recomiendo a muerte: inteligente, interesante por su visión del mundo y por la capacidad sensible de captar detalles, por su comprensión psicológica. Además, al leerla uno vuelve a tener una conexión juguetona con el castellano. Estamos desacostumbrados a leer textos escritos en español. No lo digo como abogado de la pureza del idioma, sino por lo contario, por la capacidad expresiva e inventiva de estos grandes de la escritura, y por la directa conexión con un mundo popular riquísimo.


Algunos fragmentos para tentarlos, al azar:

En la sociedad madrileña, la más amena del mundo porque ha sabido combinar la cortesía con la confianza...

*

Juanito acabó por declararse a sí mismo que más sabe el que vive sin querer saber que el que quiere saber sin vivir.

*

...porque el tal, no sólo no le había dicho nunca media palabra de amores, sino que ni siquiera la miraba como miran los que pretenden ser mirados.

*

El gordo Arnaiz y su amigo Pastor, el economista, sostenían que todos los grandes problemas se resuelven por sí mismos...

*

Estupiñá tenía un vicio hereditario y crónico, contra el cual eran impotentes todas las demás energías de su alma; vicio tanto más avasallador y terrible cuanto más inofensivo parecía. No era la bebida, no era el amor, ni el juego ni el lujo; era la conversación. Por un rato de palique era Estupiñá capaz de dejar que se llevaran los demonios el mejor negocio del mundo. Como él pegase la hebra con gana, ya podía venirse el cielo abajo, y antes le cortaran la lengua que la hebra. A su tienda iban los habladores más frenéticos, porque el vicio llama al vicio. Si en lo más sabroso de su charla entraba alguien a comprar, Estupiñá le ponía la cara que se pone a los que van a dar sablazos. Si el género pedido estaba sobre el mostrador, lo enseñaba con gesto rápido, deseando que acabase pronto la interrupción; pero si estaba en lo alto de la anaquelería, echaba hacia arriba una mirada de fatiga, como el que pide a Dios paciencia, diciendo: «¿Bayeta amarilla? Mírela usted. Me parece que es angosta para lo que usted la quiere». Otras veces dudaba o aparentaba dudar si tenía lo que le pedían. «¿Gorritas para niño? ¿Las quiere usted de visera de hule?... Sospecho que hay algunas, pero son de esas que no se usan ya...»

Si estaba jugando al tute o al mus, únicos juegos que sabía y en los que era maestro, primero se hundía el mundo que apartar él su atención de las cartas. Era tan fuerte el ansia de charla y de trato social, se lo pedía el cuerpo y el alma con tal vehemencia, que si no iban habladores a la tienda no podía resistir la comezón del vicio, echaba la llave, se la metía en el bolsillo y se iba a otra tienda en busca de aquel licor palabrero con que se embriagaba. Por Navidad, cuando se empezaban a armar los puestos de la Plaza, el pobre tendero no tenía valor para estarse metido en aquel cuchitril oscuro. El sonido de la voz humana, la luz y el rumor de la calle eran tan necesarios a su existencia como el aire. Cerraba, y se iba a dar conversación a las mujeres de los puestos. A todas las conocía, y se enteraba de lo que iban a vender y de cuanto ocurriera en la familia de cada una de ellas. Pertenecía, pues, Estupiñá a aquella raza de tenderos, de la cual quedan aún muy pocos ejemplares, cuyo papel en el mundo comercial parece ser la atenuación de los males causados por los excesos de la oferta impertinente, y disuadir al consumidor de la malsana inclinación a gastar el dinero. «D. Plácido, ¿tiene usted pana azul?».--«¡Pana azul!, ¿y quién te mete a ti en esos lujos? Sí que la tengo; pero es cara para ti». --«Enséñemela usted... y a ver si me la arregla»... Entonces hacía el hombre un desmedido esfuerzo, como quien sacrifica al deber sus sentimientos y gustos más queridos, y bajaba la pieza de tela. «Vaya, aquí está la pana. Si no la has de comprar, si todo es gana de moler, ¿para qué quieres verla? ¿Crees que yo no tengo nada qué hacer?».--«Lo que dije; estas mujeres marean a Cristo. Hay otra clase, sí señora. ¿La compras, sí o no? A veinte y dos reales, ni un cuarto menos».--«Pero déjela ver... ¡ay qué hombre! ¿Cree que me voy a comer la pieza?»... «A veinte y dos realetes». --«¡Ande y que lo parta un rayo!».--«Que te parta a ti, mal criada, respondona, tarasca...». Era muy fino con las señoras de alto copete. Su afabilidad tenía tonos como este: «¿La cúbica? Sí que la hay. ¿Ve usted la pieza allá arriba? Me parece, señora, que no es lo que usted busca... digo, me parece; no es que yo me quiera meter... Ahora se estilan rayaditas: de eso no tengo. Espero una remesa para el mes que entra. Ayer vi a las niñas con el Sr. D. Cándido. Vaya, que están creciditas. ¿Y cómo sigue el señor mayor? ¡No le he visto desde que íbamos juntos a la bóveda de San Ginés!»... Con este sistema de vender, a los cuatro años de comercio se podían contar las personas que al cabo de la semana traspasaban el dintel de la tienda. A los seis años no entraban allí ni las moscas. Estupiñá abría todas las mañanas, barría y regaba la acera, se ponía los manguitos verdes y se sentaba detrás del mostrador a leer el Diario de Avisos. Poco a poco iban llegando los amigos, aquellos hermanos de su alma, que en la soledad en que Plácido estaba le parecían algo como la paloma del arca, pues le traían en el pico algo más que un ramo de oliva, le traían la palabra, el sabrosísimo fruto y la flor de la vida, el alcohol del alma, con que apacentaba su vicio... Pasábanse el día entero contando anécdotas, comentando sucesos políticos, tratando de tú a Mendizábal, a Calatrava, a María Cristina y al mismo Dios, trazando con el dedo planes de campaña sobre el mostrador en extravagantes líneas tácticas; demostrando que Espartero debía ir necesariamente por aquí y Villarreal por allá; refiriendo también sucedidos del comercio, llegadas de tal o cual género; lances de Iglesia y de milicia y de mujeres y de la corte, con todo lo demás que cae bajo el dominio de la bachillería humana. A todas estas el cajón del dinero no se abría ni una sola vez, y a la vara de medir, sumida en plácida quietud, le faltaba poco para reverdecer y echar flores como la vara de San José. Y como pasaban meses y meses sin que se renovase el género, y allí no había más que maulas y vejeces, el trueno fue gordo y repentino. Un día le embargaron todo, y Estupiñá salió de la tienda con tanta pena como dignidad.

*

Su biblioteca era la sociedad y sus textos las palabras calentitas de los vivos.

*

en quien lo progresista no quitaba lo autoritario (emblema de los tiempos)

*

Ni siquiera había tenido un novio de estos que no hacen más que mirar y poner la cara afligida.

*

La envidiada de todos, envidiaba a cualquier mujer pobre y descalza que pasase por la calle con un mamón en brazos liado en trapos. Se le iban los ojos tras de la infancia en cualquier forma que se le presentara, ya fuesen los niños ricos, vestidos de marineros y conducidos por la institutriz inglesa, ya los mocosos pobres, envueltos en bayeta amarilla, sucios, con caspa en la cabeza y en la mano un pedazo de pan lamido. No aspiraba ella a tener uno solo, sino que quería verse rodeada de una serie, desde el pillín de cinco años, hablador y travieso, hasta el rorró de meses que no hace más que reír como un bobo, tragar leche y apretar los puños. Su desconsuelo se manifestaba a cada instante, ya cuando encontraba una bandada que iba al colegio, con sus pizarras al hombro y el lío de libros llenos de mugre, ya cuando le salía al paso algún precoz mendigo cubierto de andrajos, mostrando para excitar la compasión sus carnes sin abrigo y los pies descalzos, llenos de sabañones. Pues como viera los alumnos de la Escuela Pía, con su uniforme galonado y sus guantes, tan limpios y bien puestos que parecían caballeros chiquitos, se los comía con los ojos. Las niñas vestidas de rosa o celeste que juegan a la rueda en el Prado y que parecen flores vivas que se han caído de los árboles; las pobrecitas que envuelven su cabeza en una toquilla agujereada; los que hacen sus primeros pinitos en la puerta de una tienda agarrándose a la pared; los que chupan el seno de sus madres mirando por el rabo del ojo a la persona que se acerca a curiosear; los pilletes que enredan en las calles o en el solar vacío arrojándose piedras y rompiéndose la ropa para desesperación de las madres; las nenas que en Carnaval se visten de chulas y se contonean con la mano clavada en la cintura; las que piden para la Cruz de Mayo; los talluditos que usan ya bastón y ganan premios en los colegios, y los que en las funciones de teatro por la tarde sueltan el grito en la escena más interesante, distrayendo a los actores y enfureciendo al público... todos, en una palabra, le interesaban igualmente.

*

Era hombre sin instrucción, y... lo que pasa... por lo mismo que no la tenía gustaba de aparentarla. Cuenta el tunante de Villalonga que hace años usaba Aparisi el e pur si muove de Galileo; pero el pobrecito no le daba la interpretación verdadera, y creía que aquel célebre dicho significaba por si acaso. Así, se le oyó decir más de una vez: «Parece que no lloverá; pero sacaré el paraguas e pur si muove».

Link: el libro legalmente gratis aquí

miércoles, mayo 11, 2011

Lectura saludable


Como en tantas otras cosas de la vida, un respeto excesivo por los mandatos arruina toda posibilidad de vivir plenamente. Para seguir leyendo hay que animarse a dejar libros por la mitad (o en las primeras 10 páginas) sin interpretar que eso quiere decir nada sobre ellos ni sobre nosotros. Busquemos la chispa donde la chispa está.

No es fácil hacerlo, uno pasa por ser un traidor, pero se trata de una forma de fidelidad superior, la de respetar nuestros intereses profundos, esos que se manifiestan en las curiosidades espontáneas.

miércoles, marzo 02, 2011

La salud se mide en proyectos


Otro capítulo de mi libro "Ganas de vivir" explicado sencillamente a cámara...

viernes, enero 28, 2011

Libros de auto ayuda (artículo mio en Yahoo!)

Empieza así:

Los lectores los consumen constantemente, y hacen del género uno de los más vivos de las librerías actuales. Las personas cultas los desprecian, o al menos dicen despreciarlos, temiendo tal vez el descrédito que podría caer sobre ellos si sus conocidos se enteraran de que han leído y disfrutado de "El secreto". ¿Qué es lo que pasa con estos libros raros?

Podrían también llamarse libros de "desarrollo personal". También hay entre ellos algunos que por sus planteos tienen que ser considerados como "espirituales" (palabra que adquiere en estos años un sentido nuevo, cultural más que religioso). Y podríamos incluir en el rubro muchos que corresponden al tradicional "Hágalo usted mismo". En todos se trata de dar recursos al protagonista de la existencia: uno, el individuo, la persona real que sufre y disfruta, teme y osa, piensa y duerme.

Sigue aquí

viernes, enero 21, 2011

Positividad inteligente

Con Pablo Avelluto, director de Sudamericana y hombre de inteligencia notable, mientras preparábamos la edición de "Ganas de vivir" jugábamos con la idea de posicionarlo como un libro de "autoayuda inteligente". No me gustaba mucho la idea porque no soy denigrador de la autoayuda en general (la hay de distintas calidades, como sucede en todos los rubros), pero sí me parecía valiosa la idea de una positividad inteligente. ¿Por qué?

Porque generalmente la positividad es sonsa, o lo parece. Cuando uno se pone en fase optimista, entusiasta, positiva, suena a veces como si se hiciera un poco el boludo en relación con aspectos graves de la realidad que no pueden evitarse.

Pensando en la cosa llegué a darme cuenta de cuando la positividad es inteligente y cuando no lo es.

La positividad es inteligente cuando no niega el mal, cuando no se arma generando una imagen de la realidad ingenua, que desestima la presencia de los obstáculos.

La positividad es tonta cuando cree que el mal puede ser soslayado mediante un truco de la visión. Cuando lima al mundo para sacarle las asperezas. Cuando finge que la negatividad no existe y no logra entonces superarla efectivamente.

La positividad es inteligente cuando encarna en una sensibilidad que capta que la gran operación de la vida, con sus asperezas y con la presencia inevitable de la muerte, no quita sentido ni valor a la experiencia. (Al contrario, podríamos decir, cuando se nutre de ella).

La positividad inteligente no tiene que engañarse, puede mirar a la realidad a la cara y captar su extrema productividad, su riqueza inagotable, su generación de posibilidades constantes, su plasticidad.

La positividad es inteligente cuando permite el crecimiento que surge de enfrentar y superar los obstáculos, no de su negación voluntarista.

La positividad inteligente es el paso superador de la inteligencia triste, de la inteligencia crítica, siempre anclada en la impotencia como en una virtud. Esa es una inteligencia vieja, no tan inteligente, al final...

martes, enero 04, 2011

Trabajar es sensacional (Fragmento de mi libro "Ganas de vivir. La filosofía del entusiasmo")



No me refiero sólo a tener trabajo, digamos, a tener la seguridad de una entrada regular (cosa que es por supuesto importantísima), sino a que en el trabajo tenemos la oportunidad de desarrollar nuestro valor, de agregar incluso cualidades a las cualidades de base con las que partimos (y sin las cuales no habría habido nunca trabajo posible para nosotros). Estoy seguro de que muchos que tienen dificultad para encontrar trabajo padecen de una cierta resistencia básica a entregar utilidad, a volverse útiles, de manera que cada oportunidad que se les presenta se ve abortada por ese fondo de obstinación, que les hace sentir que cualquier prestación tenga el sentido del sometimiento.

Es un tema delicado, lo sé. Muchos deben estar leyendo el inicio de este desarrollo con la idea de que estoy sosteniendo que no trabaja el que no quiere, y que en realidad quiero presentar a la pobreza como pura responsabilidad del pobre que se resiste a generar riqueza y pasarla mejor en la vida. No es así. No creo eso. Estoy tratando de describir un fenómeno que afecta principalmente a personas que tienen tanto la posibilidad de trabajar como la de no trabajar, digamos, personas en las que cabe un nivel de elección en la realización de su destino, o su suerte. En los casos más extremos de la sociedad, las cosas juegan de otra manera. Pero en muchos otros casos, en la mayoría de ellos, sí puede detectarse como factor fundamental la diferencia entre, diríamos, engancharse bien con la capacidad productiva, o no lograr la posición que la habilita. El que logra productividad lo hace porque quiere servir, ser útil, aportar algún tipo de riqueza generada por sí mismo de manera que alguien quiera pagar por ella. El que no la logra siente probablemente que servir es reducirse, disminuirse o dejarse usar, con lo cual en vez de volverse cada vez más capaz de generar y entregar riqueza, hace primar una actitud desafiante de improductividad, como si el mundo debiera hacerse cargo de uno, que es tan dignamente humano y que merece por su increíble valor ser mantenido en condiciones satisfactorias de dignidad y contento. Se conocen casos de personas que no condescienden a la productividad a causa de su apabullante superioridad (imaginaria, claro), a la que el mundo no sabe hacerle un lugar y a la que se condena injustamente a quedar inexpresada. Seguro…

Lo humano es producir, hacer, generar utilidad. Y quien tiene ese deseo de producir y de ayudar es paradójicamente quien más cualidades despliega, quien más entiende el universo de la producción, y quien logra, con el paso del tiempo, las mejores posiciones en el mercado laboral. No es el más abusado, sino el más protagónico. ¿Cuáles son las mejores posiciones? Las que le permiten a uno desplegar su capacidad en el campo en el que más significativo le resulta hacerlo y de ese modo logra un nivel de bienestar económico consistente.

Lo planteo así porque en general el trabajo es considerado a partir de la figura de la alienación, como un tiempo en el que uno renuncia a sí en pos de un pago. Un tiempo de sacrificio. En ciertas situaciones seguramente debe ser esa la única opción, pero en la mayoría de las otras, y hoy en día una característica destacada de nuestro tiempo es que lo que hace que un trabajo sea valorado es precisamente que la persona que lo lleva a cabo integre en su productividad la dimensión de su satisfacción, porque ella parece hacer surgir un plus diferencial.

Suena feo decirlo tan sencillamente, pero eso no quiere decir que no sea cierto: el que trabaja sintiéndose explotado vive apretando el freno, sojuzgado, reproduciendo mentalmente en cada idea el escenario de una experiencia limitante y enloquecedora, y no avanza jamás, y tiende a ganar poco y nada; el que trabaja aplicándose, y entendemos esta aplicación como una inversión de su propia búsqueda de felicidad en el campo del trabajo (sea como sea, en la actividad social o en el tipo de desarrollo productivo), logra ofrecer algo valioso de sí y ser recompensado más satisfactoriamente.

El trabajo no es el infierno. En el trabajo la gente está en actitudes activas, y la gente activa es más linda: allí mostramos nuestro poder de fuego, nuestra capacidad, nuestro entusiasmo y para qué sirve éste. El trabajo no es sólo el trabajo, es la aventura de hacer lo que uno quiere, de inventar, de luchar, de competir, de trabajar en equipos, de conocerse y compartir. De satisfacerse haciendo cosas. Si logramos superar la mala prensa que tiene el trabajo podremos captar que es una actividad que tiene mucho de excitación y de placer, es un juego de creatividad y ambición, de defensa y ataque, de resistencia y superación de la resistencia. En el trabajo uno muestra lo mejor de sí, las capacidades de esfuerzo, de concentración, el esmero en las tareas, el cuidado. El trabajo en sí mismo es una especie de amor, tal como lo describimos en premisas anteriores.
Sé que a muchos esta descripción del trabajo les puede parecer demasiado positiva, pero es que el trabajo valioso, el trabajo bien hecho, siempre tiene estas características amorosas. Hay amor en el trabajo porque el trabajo mismo es, cuando está bien encarado, una realización personal profunda y uno tiende a adorar sus realizaciones. Y para terminar de captar la idea en toda su amplitud, también conviene entender que…

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