Truco nº 3: los problemas personales se convierten en ideología
Un tercer aspecto, relacionado con los anteriores: pocas veces resultó tan clara la determinación de los problemas personales de los gobernantes en el estilo de su gobierno. El estilo Kirchner muestra con total claridad uno de los fundamentos más sólidos de la ideología progre (o contestataria, o revolucionaria): los problemas personales no asumidos, no elaborados, arrojados sobre el mundo como si se les debiera algo.
Los Kirchner tienen, por supuesto, problemas de gestión, pero todos ellos traslucen de una manera patéticamente evidente lo que son en principio sus problemas psicológicos. Esa indómita rebeldía, ese “carácter fuerte”, esa incapacidad de captar y establecer matices, esa falta de muñeca en la comunicación, ese aislamiento anti dialoguista, esa estrictez vetusta de preceptor de colegio de hace tres décadas, esa actitud de padres severos, esa tendencia a despotricar, enojarse, retar, creerse mejores sin serlo, esa costumbre de recurrir a hombres “fuertes” (Moreno, D´ Elía, Fernández) para asustar a la población, toda la parafernalia del ánimo de la pareja presidencial muestra de manera clara hasta qué punto el país está determinado por los problemas personales de ambos, por las patologías mezquinas de sus personalidades.
Son sus cortedades íntimas las que proyectan su sombra gigantesca sobre una sociedad amenazada. Sí, claro, problemas personales tenemos todos, pero no a todos nos enceguecen como para no poder ser eficaces en nuestras tareas y no todos quedamos varados en el camino de nuestro desarrollo personal. Los Kirchner, para no tener que crecer, tuvieron que hacerse presidentes. El país, por no saber votar, pensar, distinguir, verse con claridad, querer algo mejor, queda encerrado en estos gobiernos pobres.
Pero como no somos todos así, como no es cierto que la Argentina entera quede resumida en estos estilos menores, cabe esperar que pasado este gobierno de transición logremos una situación mejor. Hay que desearlo y hacerlo, esperarlo solamente no basta.