sábado, julio 21, 2012

Argentina neurótica


Este artículo lo publiqué hace unos años en Yahoo! Argentina, pero siento que no perdió vigencia:

Argentina Neurótica

La figura de la neurosis, proveniente del campo de la salud mental, es sumamente útil a la hora de entender la situación argentina. No tanto porque los individuos argentinos seamos neuróticos -que lo somos, de manera desigual, como en todos los países- sino porque el funcionamiento de la neurosis ayuda a ilustrar aspectos clave de nuestra convivencia nacional.

El neurótico, como la Argentina, no avanza decididamente hacia el cumplimiento de su deseo, no busca crecer (a veces lo hace, pese a sí mismo), más bien da vueltas, se enrosca, se enreda en miramientos y objeciones que tejen la trama que le impide acceder a la realidad. En vez de darse a la acción cultiva consideraciones interminables, disfrutando patológicamente de las vicisitudes de su padecimiento y prefiriendo perderse antes que encontrarse.

El neurótico, como nuestra comunidad, genera su identidad en base a una serie sacralizada de problemas, se define a partir de sus dificultades y no sabría que hacer sin ellas. No sabe pensar libremente, con osadía, un camino de desarrollo. No conecta con su crecimiento, no termina de intuirlo, pero accede fácilmente a representaciones catastróficas. Cuando crece lo hace porque su cuerpo tiene más empuje que su conciencia, y no logra acompañar ese crecimiento con pensamientos adecuados. Su modo de entender las cosas es confuso y está cargado de emociones enrarecidas, que enturbian el panorama. A esa confusión la considera su inteligencia, y la falta de claridad la adjudica a su profundidad. En vez de mejorar lo que le toca, lo ensucia, pensando mal, fomentando la crítica y el escepticismo.

Siente que antes de vivir tiene que ajustar las cuentas con un pasado al que cree más valioso que el presente, con el que no puede terminar de conectar. El neurótico, como nuestro país, da sustancia al pasado para aniquilar un presente que le exigiría trabajo y crecimiento. El neurótico entierra su vida en ese tiempo muerto, fantaseado, para evitar tener que actuar en la realidad de su presente.

El neurótico, como nuestro país, siente que tiene razón y se aísla. Cree que tener razón es lo más importante de todo, cree que las cosas suceden en ese nivel argumental en el que despliega su afectividad desviada. Al mismo tiempo repudia y envidia a otras comunidades más cumplidoras, que saben generar movimiento y responder a los requerimientos del avance. Siente que los que viven bien han claudicado, que han traicionado verdades trascendentes, o que son estúpidos que eligen vivir antes de rendir sentido homenaje a la imposibilidad. El neurótico siente que su no poder es prueba de cierta superioridad, y adora su incapacidad como si fuera una señal divina.

El neurótico, como nuestro país, elude el movimiento. Corta las rutas de su pensamiento y de su acción, porque prefiere abortar lo que crece en él antes de sostenerlo y reforzarlo. Frente a cada dificultad el neurótico amenaza con destruirlo todo, porque en su pensamiento infantil no puede sino tratar con toscos absolutos y está incapacitado para el arte del detalle. Elige imponerse a la situación, paralizarla, hasta que las cosas no sean como el cree que deberían ser, sin poder sin embargo aportar algo de valor a la construcción del logro que señala como necesario.

El neurótico huye del amor, lo critica y desprecia. Aunque lo añora y necesita, no es capaz de abrirse a semejante positividad compleja y exigente. No sabe darse, no sabe dejar de pensar en sí mismo, todo lo transforma en una cuestión simplista de imaginarios enfrentamientos e inexistentes persecuciones. El neurótico se cree importantísimo, central, siente que la realidad pasa por él, y al darse tal lugar se queda quieto y a las puteadas, porque el mundo sigue su curso más allá de sus mohines y desplantes.

El neurótico en vez de hacer trata de que nadie haga, sostiene que es mejor que los que hacen sean castigados por haber faltado el respeto a la pobreza sacrosanta, y da lugar a una mentalidad resentida y revanchista. El neurótico niega la existencia de posibilidades más saludables, trata de que nadie pueda lo que él se niega a sí mismo, considera que su enfermedad es el estado natural y enferma a todo el que quiera ponerse en marcha.

Un país neurótico es un país que tiene que curarse, una comunidad que debe proponerse el logro de superar costumbres que la hacen infeliz y la comprometen en círculos viciosos en los que malgasta su energía. La des neurotización de la Argentina es el objetivo principal de la buena acción política.

6 comentarios:

Marcelo Tapia dijo...

Muy

Marcelo Tapia dijo...

Genial! Muy movilizador, claro, crudo y efectivo. Es una topadora de pensamiento para avanzar. Gracias

Anónimo dijo...

Gracias Alejandro por llamar a las cosas por su nombre entre tanta confusión. Orden, moderación, organización, estabilidad, progreso. Nada de eso tenemos ni tendremos, no se si es neurosis -es tu forma benigna de rotular nuestras carencias-. Hace como una semana nos ilustrabas sobre la sensatez, bien la titulabas revolución, porque para nuestra sociedad instalarla implicaría un cambio de estructuras tan fuerte que sólo revolviendo todo se podría lograr. Este artículo de hoy es como un complemento de aquél (como efecto-causa / insensatez-neurosis).
El día que entendamos (y racionalizemos como lo mejor) que para trabajar, construir, pensar, reflexionar, investigar, aplicar, se necesita un ambiente sano, sin desmanes-ruidos-bombos-cortes-escraches-discursos vacíos a diario por cadena que nada nos aportan-políticos “vivillos/pícaros” de respuesta filosa inmediata todoterreno-etc.etc.etc., comenzaremos a andar.
Mientras tanto los que queremos trabajar seguimos a merced de los que no quieren (tienen otra agenda inconfesable y van ganando, aunque sean minoría).

Tal vez no tenga nada que ver pero leí hace muchos años en una serigrafía del coyote y del correcaminos: “A fanatic is someone who keeps pursuing his efforts while he has forgotten his aim.”. Firmaba el coyote, por supuesto.
Nunca me lo pude olvidar.

Atentamente,

Roger

Flavio Pigazzi dijo...

muchas gracias, una nota muy estimulante, me ayuda mucho y me mejora mucho al menos un día que venía muy pesado.

MALENA dijo...

Excelente nota. Clara, de àgil lectura, informativa y educativa a la vez. Iluminadora, en fin, de nuestro triste derrotero argentino.

Dolores Canestri / Celina Aste dijo...

Maravilloso análisis. Para ponerse en movimiento, siempre, desde lo particular a lo general, y que contagie. Coincido en que es uno el que debe crear la salida.
Gracias.

Dolores Canestri

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