Positividad Inteligente, jueves 16/3 20 hs. en Palermo
o por inscripción de 2 o más personas)
Lugar: Jorge Luis Borges 2020, Palermo, CABA
Este artículo tiene un par de años, pero como me gusta lo repongo aquí, ya que no estaba completo en este blog:
Etiquetas: amor, ideas, psicoterapia

En arte, en música, hay épocas de descubrimiento (Beatles, Hendrix, Mahavishnu, Police) y épocas de maestría.
Pensarlo de esta forma es una manera de no quedar empantanados en la admiración de las insurgencias y tambíen una manera de concebir cual es el trabajo para esos otros momentos sin ruptura. La ruptura no se elige, se produce, y no es necesariamente más meritoria que la maestría.
Son artes distintos, esmeros distintos, resultados de otro orden que tienen que ver con los momentos mayores en los que a un artista le toca vivir. Claro que cada momento convoca a ciertas sensibilidades, o les da forma de otro modo.
En los momentos de ruptura hay más espacio para individuos pasionales y autodestructivos, en los de maestría se requiere mayor constancia y esmero. En la ruptura se aprovecha la tendencia al desborde, en la maestría la capacidad de amor.
Hay incluso miradas que terminarán valorando la ruptura por su valor de choque, y por su producción de víctimas, sin por eso captar el sentido o el valor de la obra. Y hay, en extremo, personas que de tan amantes o buscadoras de la ruptura, darán lugar a rupturas sin obra, meras insurgencias desangeladas y poco artísticas, que otros disruptivos valorarán como signos de lucha, de lucha vacía e impotente que no se sabrá nunca muy bien contra qué reaccionan.
Y si, también habrá esmerados que buscan una maestría vacía, sosa, expresando en realidad una especie de obsesividad controladora de una forma sin vida. Ruptura o maestría son opciones para describir momentos artísticos, y también criterios para leer intenciones artísticas en cualquier momento.
Ilustración: increíble foto de la Mahavishnu descansando!
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La idea la conocí con Nietzsche. Afirmar la vida es decirle sí al fenómeno real de la naturaleza y de la existencia, abandonar el reparo y la costumbre absurda de objetarle cosas. “No estoy de acuerdo con la naturaleza” parece decir el humano que se siente molesto con las crudas realidades del poder y la muerte. “Pues nadie te preguntó nada”, respondería la vida si pudiera, fruto de una evolución que ha tomado miles de millones de años y que no puede ser alterada por una racionalidad que cree poder imponer sus criterios.
Para Nietzsche el origen del valor es la posición de cada uno frente a la vida. Y depende del grado de fuerza. Las morales valiosas son las que afirman la vida, las que la niegan no están a la altura de la existencia. Niegan la vida las morales que desprecian el cuerpo, que miran a la complejidad de la experiencia humana como si fuera algo defectuoso o enfermo.
Quien tiene fuerza puede decir sí a la vida, puede aceptar incluso sus partes duras, no porque deje de padecerlas sino porque las entiende como parte del todo, de ese todo que afirma y quiere. Esa fuerza necesaria para afirmar la vida no resulta de la ubicación en una clase social, es la impronta de cada cuerpo, su calidad o diferencia. Quien es débil no puede aceptar la vida, la niega, querría corregirla. De allí surge la absurda idea del “hombre nuevo”. ¿Nuevo? ¿Qué plan o voluntad alteraría algo desarrollado por la naturaleza a lo largo de tantas eternidades? Es una pretensión absurda, señala Nietzsche, la de creer que el orden natural puede cambiar por actos de “libre albedrío”, como se decía antes.
Decirle si a la vida, afirmarla, es querer la vida y entregarse a ella plenamente aunque vayamos a morir, aunque las cosas dolorosas ocupen un lugar mayor del que querríamos.
También decirle sí a la vida es desplegar la sensualidad, seguirle la pista, desarrollarla, como lo hace Matisse en su pintura o el jazz en su desborde.
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¿Qué es ser responsable?
No cumplir con el deber, sino con el querer.
La responsabilidad es un recurso de la autoafirmación, de la realización, más que la respuesta a una carga impuesta socialmente.
La responsabilidad se liga con la autenticidad.
¿Quién soy yo, de verdad?
La responsabilidad pide actualización.
¿Quién soy yo, ahora?
La responsabilidad pide acción
Hacerse cargo, ser responsable, es actuar en función de la situación asumida.
La responsabilidad pide superar la reacción.
Dejar de actuar en función de los problemas y empezar a hacerlo en función de los objetivos.
(El dibujo, de estos días, se llama "Cosas realmente muy importantes" y es tinta china sobre papel, mide 17 x 14 cm).
Esta proclama de enseñanza la escribí en 2007 y me dan ganas de volver a publicarla.
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Otra breve descripción de un capítulo de mi libro "Ganas de vivir".
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