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lunes, febrero 27, 2017

Positividad Inteligente, jueves 16/3 20 hs. en Palermo


POSITIVIDAD INTELIGENTE
con Alejandro Rozitchner
jueves 16 de marzo, 20 hs.

Aunque la positividad pueda parecer una perspectiva ingenua o superficial, ella encarna la mayor de las inteligencias. Ejercer una mirada positiva de manera adecuada no implica negar la existencia de los problemas, nos lleva en cambio a hacerles frente de una manera confiada y llena de posibilidades. Inteligencia es deseo, comprensión, conocimiento, desarrollo.

Confrontando con el prestigio excesivo de la negatividad y de la crítica, la positividad aparece en nuestros horizontes cotidianos como una opción concreta y seductora. Una vía de escape de la costumbre de la objeción, una perspectiva para poder ir más allá de la insatisfacción, reencontrarse con el mundo y liberar las capacidades creativas y productivas en general.

¿Cómo concebirla para que no quede en una ingenua actitud buenista, para que su inocencia sea acompañada por una firmeza generadora de nuevas opciones y no una mera enunciación de buenas intenciones? ¿Cuáles son sus efectos concretos, en nuestras aventuras personales y en los grupos de trabajo de los que participamos? ¿Cuándo la positividad es inteligente y poderosa y no sonsa y quieta?

En este encuentro exploraremos el sentido de la pareja básica positividad-negatividad y sus efectos en escenarios reales. De esta observación surgirán aspectos útiles y aplicables para nuestras vidas diarias.

Positividad Inteligente
JUEVES 16 de marzo | 20 horas
Valor: $300 ($250 con pago anticipado,
o por inscripción de 2 o más personas)
Lugar: Jorge Luis Borges 2020, Palermo, CABA

martes, octubre 06, 2015

"Ideas Falsas, Moral para gente que quiere vivir" Viernes 16/10 19.30 hs.en Palermo


Moral para gente que quiere vivir

Ideas Falsas
viernes 16/10 - 19.30 horas
Muchas de las ideas que consideramos valiosas, incluso fundamentales, muestran otra cara si las pensamos en detalle. Más allá de la visión convencional que tendemos a reproducir automáticamente hay un mundo más pleno y rico, más dinámico y plástico.

En esta presentación examinaremos el lado oculto de algunas de nuestras creencias fundamentales:
    • La sociedad está enferma
    • Me deprimo porque soy muy sensible
    • Las mujeres son más sensibles que los hombres
    • Todos los que tienen plata son unos hijos de puta
    • Estudiar es inútil
    • El rock fue derrotado por el sistema
    • Todo tiempo pasado fue mejor
    • La convivencia es muy difícil
Ideas sobre el mundo, ideas sobre uno mismo, ideas sobre nuestras relaciones con los otros.
¿Qué aparece con esta revisión de conceptos y posiciones básicas? Valores para sostener nuestra vida, un pensamiento a favor capaz de modificar nuestras experiencias e incrementar el campo de nuestras posibilidades reales.

Para reservas, enviá un mail a info@poderama.com.ar o llamá a Maxi al 15 6207 7403.
El día del encuentro es por orden de llegada, hasta llenar la sala.

domingo, abril 29, 2012

La neurosis es sensacional

Este artículo tiene un par de años, pero como me gusta lo repongo aquí, ya que no estaba completo en este blog:

La neurosis es sensacional. No la neurosis misma, en realidad, sino su idea, y lo que ella nos permite observar de nuestros comportamientos cotidianos. Pensar el término y seguir sus huellas resulta sugestivo y revelador.

¿Qué es la neurosis? Para entenderla tenemos que partir de la realidad personal, que es la realidad primordial de todo mundo real, escenario básico desde el que se forman luego los diagramas sociales. La sociedad es la suma de los individuos, y olvidamos con demasiada y cómplice frecuencia esta determinación fundamental.

La neurosis es una figura central para comprender esa realidad personal. Al hablar de neurosis aludimos a una posición vital en la que el individuo se hace trampa a sí mismo, autolimitándose, pero logrando al mismo tiempo una extraña satisfacción. Puede sufrir, mucho o poco, pero también disfruta o se ampara en su sufrimiento, que bien mirado resulta más bien una estrategia de supervivencia. Es un conflicto, o una conflictividad, que enmascara con rasgos de impotencia una acción realizada en el mal camino, un movimiento evitativo.

Ese sufrimiento tiene algo de construido, de intencional, de voluntario, que lo hace tan rico narrativamente. Si tenemos la clave y sabemos del patológico interés que una persona puede tener en la generación de su propia ruina, la cosa se vuelve muchas veces divertida. Otras, por el contrario, produce espanto: ¿cómo es posible que se pierda tanta vida, que se malogren tantas posibilidades, que se prefiera el camino tortuoso al camino directo?

 Porque esa es otra caracterización valiosa de la neurosis: un cierto amor por el enrosque, por la dificultad, por hacer un recorrido arduo e indirecto en cuestiones en las que sería mucho mejor adoptar la estrategia contraria.

Pudiendo ir hacia las cosas, el neurótico se aleja de ellas para sentir su falta. Pudiendo luchar por lo que quiere, el neurótico elige permanecer en la posición negativa, denunciando a una realidad que es en verdad más plástica y maleable de lo que gusta creer.

El neurótico no quiere avanzar, prefiere disfrutar de su impotencia. El neurótico cava su propia fosa, se surte a sí mismo con golpes certeros cuando intenta salir, y vive de alguna oscura manera como una virtud su padecimiento. Es frecuente que logre presentar, frente a sí mismo y frente a los demás, a su entrampamiento constante como la prueba de su excesiva conciencia o incluso de su superioridad. Pese a que no la pasa bien, tiene profusas ideas negativas acerca de los que no la pasan tan mal como él.

El neurótico (y esto se ve todo el tiempo) no sabe cómo vivir, su existencia es confusa y dolorosa, pero detalla con pseudo lucidez la inutilidad de toda terapia. El neurótico adora las objeciones, los peros, los caminos a medias, incompletos, la duda eternizada como si fuera un deseo de conocer, cuando es en realidad una incapacidad de querer.

Se dice que neuróticos somos todos, pero algunos logran revertir la tendencia. Es evidente. Las personas felices, que logran hacer algo con su neurosis de base, o que han tenido la suerte de una formación que tienda a la salud, lo logran siempre por batallas ganadas, y no por mera presencia. La neurosis es un punto de partida, la posición débil del que aun no ha desplegado su fuerza o la del que no quiere tomarse el trabajo de desplegarla nunca.

El neurótico es el jardinero de su propio encierro. Y es lindo, excitante, estimulante, disparador, lograr ver, en la vida personal, cuando uno hace ese movimiento para dar luego el paso de desactivarlo. Si uno percibe cómo construye innecesariamente su propio límite, desea salir corriendo a jugar a otra cosa, revertir la situación. Uno logra así un poder gigantesco, la sensación de despertar, de un nuevo comienzo. La dificultad está en que, para llegar a esta fase, es necesario un trabajo previo y lento de desenmascaramiento, comprender la circunstancia en la que uno se sumerge defensivamente, sus ritmos y sentidos. Lo lindo es ver cómo la inteligencia despertada con la revelación (al final soy yo el boludo que crea sus propios problemas) deja en evidencia también que el peligro no era tan grande.

El neurótico suele estar más preso de una fantasía que lo atemoriza que de un poder real que lo despoja. Curarse es como lograr el satori: ese salto súbito que describe el budismo zen, que hace al individuo pasar de un estado corriente al de la iluminación. Es bueno verse a sí mismo en este tránsito de una cotidianeidad que se padece a una en la que se disfruta de las realizaciones que genera la propia fuerza puesta a favor.

El neurótico actúa en contra suya. El curado, el restablecido, osa vivir a favor suyo. Repito lo del principio: la neurosis, la idea, es valiosa porque permite estas observaciones certeras. Su dinámica muestra complejidades clave que solemos pasar por alto. Sí, claro, tal vez las pasamos por alto para poder seguir dándole a la neurosis tranquilos (o en realidad: intranquilos, ansiosos, infelices), para poder seguir actuando que vivimos nuestra vida real sin animarnos a hacerlo del todo. Este arquetipo es un mito, un mito contemporáneo, y como se sabe que hacen los mitos, cumple con su función de enseñarnos cosas básicas, necesarias para crecer y llegar a ser un adulto pleno y feliz.

En el nivel social, la neurosis es la base de la mayor cantidad de teorías críticas que pasan por ser lúcidas. Pero sobre todo, la neurosis es la forma afectiva de ser que produce la realidad devaluada de un país que no logra surgir, un país neurótico que se empantana recurrentemente en la creación y recreación de la pobreza, que evita darse cuenta lúcidamente de los actos que la llevan a dar lugar a tales resultados, prefiriendo siempre militar culpando a otros y luchando contra ellos, a los que intenta hacer caber en su rol premeditado de cualquier manera, con mentiras y hasta gestando fracasos confirmatorios.

Un lindo fracaso es, para el neurótico, país o persona, el alimento perfecto para mantener viva su pobre visión de las cosas.

sábado, marzo 31, 2012

Descubrimiento y maestría


En arte, en música, hay épocas de descubrimiento (Beatles, Hendrix, Mahavishnu, Police) y épocas de maestría.

Pensarlo de esta forma es una manera de no quedar empantanados en la admiración de las insurgencias y tambíen una manera de concebir cual es el trabajo para esos otros momentos sin ruptura. La ruptura no se elige, se produce, y no es necesariamente más meritoria que la maestría.

Son artes distintos, esmeros distintos, resultados de otro orden que tienen que ver con los momentos mayores en los que a un artista le toca vivir. Claro que cada momento convoca a ciertas sensibilidades, o les da forma de otro modo.

En los momentos de ruptura hay más espacio para individuos pasionales y autodestructivos, en los de maestría se requiere mayor constancia y esmero. En la ruptura se aprovecha la tendencia al desborde, en la maestría la capacidad de amor.

Hay incluso miradas que terminarán valorando la ruptura por su valor de choque, y por su producción de víctimas, sin por eso captar el sentido o el valor de la obra. Y hay, en extremo, personas que de tan amantes o buscadoras de la ruptura, darán lugar a rupturas sin obra, meras insurgencias desangeladas y poco artísticas, que otros disruptivos valorarán como signos de lucha, de lucha vacía e impotente que no se sabrá nunca muy bien contra qué reaccionan.

Y si, también habrá esmerados que buscan una maestría vacía, sosa, expresando en realidad una especie de obsesividad controladora de una forma sin vida. Ruptura o maestría son opciones para describir momentos artísticos, y también criterios para leer intenciones artísticas en cualquier momento.

Ilustración: increíble foto de la Mahavishnu descansando!

martes, noviembre 22, 2011

Boceto de base filosófica para la existencia enterada


Uno puede dejarse abrumar por la incertidubre por dos motivos
a) está en medio de la segunda guerra mundial
b) está muy sensible
Si es el primero: es realmente crudo y difícil. Mucho más que el promedio.
Si es el segundo: hay que ajustar la perspectiva. Es uno el que se equivoca si cree que las cosas deberían o podrían existir sin riesgo y sin falla.
¿Qué alguna de estas cosas podrían no pasar? ¿Qué no deberían pasar?

Falso: el debería está fuera de lugar. La realidad no sucede respondiendo a un deber racional, la realidad desborda constante y completamente lo racional.
Es cierto que podrían no pasar, al menos algunas de ellas (sólo algunas), pero esa posibilidad puede darse más respondiendo a un querer que a un deber, más como deseo nuestro que como reproche al mundo. No es una falla suya, es un querer nuestro.
El mundo es desajustado. Es. Es el mundo: el despelote es la norma, reina, domina y se presenta constantemente.
Por qué?
Nietzsche: ¿Cuál es el principio de todo lo vivo?
La voluntad de poder. Todo lo que vive quiere crecer, reinar, obtener preponderancia. No meramente sobrevivir, quiere más.
La mecánica esencial de los hechos es la lucha de fuerzas.
La estabilidad siempre es el resultado de un pacto.
La disminución de la violencia es una evolución deseable, pero nunca total: somos cuerpos y no ideas.
Las ideas siguen al cuerpo. No el cuerpo a las ideas.
La realidad existe y somos parte de ella.
La realidad no fue creada por nosotros ni como expresión de un orden racional. Somos nosotros los que fuimos creados por esa naturaleza que nos desborda.
Hay un orden: es la naturaleza. Y parte de la naturaleza es que pase todo lo que pasa.
Hay que tener valor.
Valor para decir: el mundo está bien como está.
La sociedad no está enferma. No se trata de cambiar la realidad. No se puede.
Lo que se puede hacer es participar de ella de manera provechosa. Buscar la felicidad personal, la felicidad compartida, el crecimiento social, fortalecer la educación, el refinamiento, los cuidados, el amor.
¿Que podemos hacer nosotros?
Lograr una visión informada de la vida.
Ver esta realidad de la naturaleza y su legítimo despelote resultante.
Dejar de aspirar a lo que no puede ser.
Dejar de lamentarnos por los problemas.
Abordarlos.
Responder a ellos.
Sortearlos.
Solucionarlos
Paliarlos.
Esta visión que propongo difiere del análisis político o económico o social, no porque hable del universo y de la vida en vez de hablar de política y cifras. Es una visión del mundo, una posición psicológica, pero difiere porque el análisis es mero análisis, descripción. Y lo que necesita la posibilidad de responder a la realidad es el paso de la acción, el movimiento.
Y el movimiento principal es el deseo. Eje de ejes: ¿qué querés?
No para que luego te lamentes por no tener lo que querés, sino para que asumas la responsabilidad de hacerlo. No como un peso, aunque en parte lo es, sino como una aventura.
Que pasemos de la actitud de quien está soportando el mundo a la de quien se juega en él.
Es legítimo, es correcto, es lo mejor que podemos hacer. Es lo que la misma naturaleza pide, hace, es, como diría Nietzsche, el sentido de la tierra.
Desde un punto de vista político es la idea de que uno debe aportar al conjunto social su felicidad, no renunciar a ella.

martes, noviembre 15, 2011

Estar bien o no estar bien

Refloto un artículo que publiqué en revista La Maga en 1996, que viene a cuento.

Hace pocos días me crucé, en Corrientes, a pocos pasos de Scalabrini Ortiz, con un conocido al que aprecio, un señor de unos cincuenta años a quien hacía mucho que no veía. Me gustó verlo, y transformé su breve y masticado saludo al paso en una ocasión para cambiar algunas palabras. Tuvimos el siguiente diálogo:

-¿Cómo te va?- me dijo él.

-Muy bien- le respondí.

-¿Muy bien?- me volvió a preguntar, entre asombrado y molesto.

-Si, muy bien- le dije.

-¿En este país te va muy bien? ¡Andá a cagar!- me respondió, yéndose.

Podemos pensar que su actitud es fruto de un malestar personal causado por algún factor que desconocemos, y entender que estos exabruptos los tiene cualquiera en algún momento. Pero estaríamos justificando el maltrato, lo cual no es nunca una buena opción.

Lo más interesante del episodio es su valor ilustrativo respecto de una cierta concepción del sentido del bienestar personal y por lo tanto del lugar disponible en el mundo para la experiencia del individuo y su felicidad posible. Seguramente este señor encontró ultrajante que alguien pudiera tomarse el atrevimiento de estar muy bien, y creyó ver en mi respuesta una posición política censurable y hasta responsable de la falta de solidaridad reinante en el crudo intercambio social. Su respuesta dice entre líneas: en la Argentina de hoy nadie puede sentirse bien, y si alguien lo hace es por eso mismo cómplice de la fuerza del mal que estrangula nuestra realidad social. Es contra esa estúpida consideración de la realidad, contra esa pobreza política y humana contra la que quiero apuntar algunos pensamientos en esta columna.

¿No hay posibilidades de estar bien en la Argentina de hoy?

¿Por? ¿Porque hay problemas sociales, porque las cosas no son como nos gustaría que fuesen? ¿Cuándo, en qué país, en qué mundo, nos va a ser dada por fin la oportunidad de ser felices como es posible serlo, es decir, de forma relativa y en medio del gran caos que es una sociedad? ¿Y de qué forma ese culto de la infelicidad forma parte de una estrategia de avance social, de trabajo favorecedor de la justicia? ¿Se supone que es producto de la lucidez, el malestar? ¿Qué todo estar contento y disfrutar de caminar y de ver los árboles es reaccionario, estúpido, ciego, colaboracionista, fascista?

Más bien me atrevería a decir lo contrario, que esa felicidad posible tiene mucho más la clave del desarrollo de una realidad mejorada que la militancia en la mala onda a la que muchos consideran signo de lucidez. ¿Es lucidez una postura que vuelve ilegítimas las ganas de vivir y que desfavorece la felicidad posible? Más bien creo que tal actitud es la expresión de un resentimiento profundo y la justificación por vía social de una incapacidad personal de producir espacios de alegría y felicidad personal. No suelen surgir movimientos valiosos de morales tan simples y ridículas como la que evidenció ese comentario. La búsqueda del contento por parte del individuo es una fuerza éticamente positiva para el bienestar del país. Y si no preguntémosle a los del Club del Trueque, ejemplo si los hay.

martes, noviembre 08, 2011

La afirmación de la vida


La idea la conocí con Nietzsche. Afirmar la vida es decirle sí al fenómeno real de la naturaleza y de la existencia, abandonar el reparo y la costumbre absurda de objetarle cosas. “No estoy de acuerdo con la naturaleza” parece decir el humano que se siente molesto con las crudas realidades del poder y la muerte. “Pues nadie te preguntó nada”, respondería la vida si pudiera, fruto de una evolución que ha tomado miles de millones de años y que no puede ser alterada por una racionalidad que cree poder imponer sus criterios.

Para Nietzsche el origen del valor es la posición de cada uno frente a la vida. Y depende del grado de fuerza. Las morales valiosas son las que afirman la vida, las que la niegan no están a la altura de la existencia. Niegan la vida las morales que desprecian el cuerpo, que miran a la complejidad de la experiencia humana como si fuera algo defectuoso o enfermo.

Quien tiene fuerza puede decir sí a la vida, puede aceptar incluso sus partes duras, no porque deje de padecerlas sino porque las entiende como parte del todo, de ese todo que afirma y quiere. Esa fuerza necesaria para afirmar la vida no resulta de la ubicación en una clase social, es la impronta de cada cuerpo, su calidad o diferencia. Quien es débil no puede aceptar la vida, la niega, querría corregirla. De allí surge la absurda idea del “hombre nuevo”. ¿Nuevo? ¿Qué plan o voluntad alteraría algo desarrollado por la naturaleza a lo largo de tantas eternidades? Es una pretensión absurda, señala Nietzsche, la de creer que el orden natural puede cambiar por actos de “libre albedrío”, como se decía antes.

Decirle si a la vida, afirmarla, es querer la vida y entregarse a ella plenamente aunque vayamos a morir, aunque las cosas dolorosas ocupen un lugar mayor del que querríamos.

También decirle sí a la vida es desplegar la sensualidad, seguirle la pista, desarrollarla, como lo hace Matisse en su pintura o el jazz en su desborde.

lunes, octubre 17, 2011

Libertad de gustos


Seamos liberales con el gusto, y no molestemos a los demás (ni dejemos que nos moleste nadie): el gusto es el gusto, libre, puro, inocente, a cada uno le gusta lo que le gusta y no hay mucho más por decir. Lo que se abre a partir del gusto es un camino personal de disfrute y crecimiento. El juicio estético que se pretende universal traba esta dimensión primordial de la relación con la belleza. Asumamos una completa y total libertad de gustos.



sábado, octubre 15, 2011

El gusto cambia


El gusto cambia, debe cambiar. Hay que abrirle las puertas a esa mutación de los placeres, para que estos puedan tener lugar. Vale más el desarrollo del gusto, su metamorfosis arbitraria, libre, que la permanencia a una fidelidad a los amores del principio. Para que el amor viva, los amores parciales deben morir. Deben, algunos, dejarle paso a otros.

Es importante que prestemos atención a estos cambios, no para enjuiciarlos, ni para aprender a gustar de “lo bueno”, sino para vivir con la mayor libertad posible las vicisitudes de nuestra percepción estética y emotiva (son lo mismo, observado desde distintos lugares). Sólo así vamos a permitirnos la libertad necesaria para que el proceso se viva de manera que pueda cumplir su función, que no es otra que la de vehiculizar la necesaria mutación individual.

martes, septiembre 13, 2011

Notas sobre responsabilidad


¿Qué es ser responsable?
No cumplir con el deber, sino con el querer.

La responsabilidad es un recurso de la autoafirmación, de la realización, más que la respuesta a una carga impuesta socialmente.

La responsabilidad se liga con la autenticidad.
¿Quién soy yo, de verdad?

La responsabilidad pide actualización.
¿Quién soy yo, ahora?

La responsabilidad pide acción
Hacerse cargo, ser responsable, es actuar en función de la situación asumida.

La responsabilidad pide superar la reacción.
Dejar de actuar en función de los problemas y empezar a hacerlo en función de los objetivos.

(El dibujo, de estos días, se llama "Cosas realmente muy importantes" y es tinta china sobre papel, mide 17 x 14 cm).

martes, agosto 30, 2011

Declaración docente

Esta proclama de enseñanza la escribí en 2007 y me dan ganas de volver a publicarla.


La idea es sencilla y no me acuerdo qué lectura me la hizo ver: todo en el mundo -las cosas que uno hace, los objetos mismos- pueden ser pensados como si fueran ayudas, como si todo ayudara a algo.

Ejemplos:

Un auto te ayuda a ir de un lado a otro.
Un diario te ayuda a estar informado.
La radio te ayuda a escuchar música, o te ayuda a pasarla bien o a sentirte acompañado.
Un cajero te ayuda a que puedas pagar lo que querés comprar.
Un bife te ayuda a estar alimentado.
Un amigo te ayuda a conocerte, a pasarla bien, a estar contento.
Una novia te ayuda a desplegar intimidad, a sentirte bien, a sentir tu cuerpo, a sentir el suyo.

Esta idea propone una óptica, una manera interesante de pensar las cosas. Su interés está en que revela el lazo que conecta a las personas, y a las personas con las cosas. Según la perspectiva de la ayuda, todo es relacional.

Desde esta perspectiva me pregunto por mis clases:

¿A qué ayudo yo en mis clases? ¿A qué ayudo con mis cursos?

No puedo decir exactamente a qué ayudo, pero puedo responder estas preguntas diciendo qué quiero lograr con mis cursos, para qué quiero que sirvan.

Las respuestas son estas:

1) me gusta tratar de que mis clases sean una fiesta, es decir, que los que vienen pasen un gran momento, un momento pleno, divertido y veloz,

2) me gusta dar ideas y perspectivas que apoyen el despliegue personal del entusiasmo de cada alumno (entiendo que el pensamiento filosófico tiene que ver con ese movimiento personal)

3) busco que las preguntas y los temas que generan angustia y temor dejen paso a posturas vitales, de atrevimiento,

4) quiero lograr que los alumnos sintonicen con lo más afirmativo en ellos,

5) que mis cursos den más ganas de vivir,

6) quiero desarrollar un pensamiento inteligente, capaz de pensar al mundo como es y de zafar del truco crítico (esas posturas que parecen inteligentes pero no lo son)

7) trato de dar palabras e ideas para que los asistentes logren expresar su mundo interno,

8) trato de ofrecer textos interesantes, de dar a conocer bibliografía estimulante, textos que den ganas de seguir leyendo,

9) busco contagiar la avidez por leer, pensar, entender

10) quiero contribuir a aclarar el estado caótico del cual todo pensamiento naturalmente parte y debe partir

11) que quienes vienen a clase puedan vivir ese caos con confianza y hasta con cierta felicidad

12) que disfruten planteándose y planteando problemas y preguntas y encontrando soluciones para ellos,

13) busco ayudar a que encuentren su estilo, sus temas, las ideas que les resulten más atractivas y movilizantes

14) que tengan recursos afectivos para buscar el camino de su deseo en la vida

15) que se saquen de encimas perspectivas paralizantes

16) que disfrutemos de pensar juntos, con sutileza y humor

¿Para qué decir todo esto?

Creo que uno suele creer que las cosas que piensa son evidentes. Pero me doy cuenta de que hacerlas explícitas tiene mucho más sentido del que parece.

Si uno no dice lo que siente y piensa, la mayor parte de las veces el otro no se entera.

lunes, julio 25, 2011

Amor feliz


El enorme prestigio poético de los amores infelices no nos tiene que engañar: amor es el amor realizado y feliz, lo otro no sé cómo se llama pero no es amor. Como no es canción el tema que imaginás y nunca hacés, como no es libro el que nunca escribís ni carrera la que no lográs estudiando.


Foto de Luciano Menardo: Link.

sábado, julio 23, 2011

Morir por amor


Morir por amor no es prueba de gran amor, puede ser por lo contrario indicio de falta de soledad, de consistencia personal, una cierta incapacidad para el amor, incluso. Creo que por eso se dice, con razón, que el primer amor es el amor de uno por sí mismo, el que funda la capacidad de querer a los demás.


Foto de Luciano Menardo: Link.



jueves, junio 23, 2011

Deseo y realidad


Un proyecto debe negociar el deseo con la realidad, teniendo en cuenta a ambos y estableciendo entre estos factores una buena combinación.

Un proyecto debe ser lo suficientemente osado como para despertar y promover el entusiasmo pero no tan imposible que ahogue ese entusiasmo en un camino de obstáculos infinitos o lo neutralice inmediatamente al no poder hacerlo avanzar en la realidad.


Foto de Luciano Menardo: Link.






jueves, junio 16, 2011

Claridad en los proyectos


Un proyecto se hace estableciendo objetivos, pasos, tiempos, colaboradores y recursos con claridad.

Un proyecto se hace perdiendo esa claridad y reencontrándola bajo una forma nueva. Teniendo la paciencia necesaria para perderse y para no interpretar ese estar perdido como definitivo. Teniendo la persistencia como para continuar actuando en la confusión. Aceptando claridades parciales cuando aparecen. Avanzando en lo posible. Trabajando con confianza.



jueves, junio 09, 2011

La exigencia como aliada


Cuando uno es chico entiende que toda exigencia es negativa. El paraíso es que te dejen tranquilo. Pero después uno madura y se da cuenta de que el problema no es la exigencia en sí, sino qué es lo que la exigencia pretende construir, o bien, en dónde se deposita, cómo se expresa.

Uno se da cuenta de que los demás no son necesariamente una intromisión y una molestia, que pueden ser aliados o cómplices de los deseos y los logros. Y llegamos a tener a la exigencia como una aliada. Nos gusta y nos sirve plantearnos metas que pidan esfuerzos. Porque hemos logrado separar el esfuerzo del sacrificio.

Foto de Luciano Menardo: Link.

lunes, junio 06, 2011

No a la calidad total


La obsesiva idea de que la actitud correcta es la de intentar hacer lo que uno sabe hacer en forma cada vez más perfecta, dice Tom Peters, debe ser reemplazada por la búsqueda de nuevas prácticas, nuevas actitudes, nuevas formas, nuevos productos, nuevos servicios. No hacer mejor lo que uno ya hace, sino hacer otra cosa o hacer lo que uno hace de otra manera.

La calidad total era un buen plan empresario para la vieja economía, sostiene, pero hoy en día es una actitud suicida. El cambio es tan rápido y tan extremo que debemos rediseñarlo todo. Peters cita a importantes figuras de la empresa que entendían la dinámica de este movimiento y tuvieron éxitos notables. También menciona ejemplos de cómo actitudes más conservadoras produjeron grandes fracasos. Este imperativo del cambio, esta moral de la constante transformación, da lugar a una posición de fuerza en nuestro mundo moderno.

Entendámoslo: no se trata de no hacer las cosas bien, pero sí de aplicar el pensamiento en el costado creativo en vez de volcarlo en el minucioso y obsesivo. Esta actitud permite ver el gran cuadro, imagen que se le escapa a quien vive en el detalle.


La foto es de Luciano Menardo: Link.

lunes, mayo 30, 2011

La planificación no es tan importante


Este es otro punto fundamental del pensamiento de Tom Peters. Dice que es absurdo hacer, en el ritmo actual de cambio, planes a cinco años. Que con suerte podemos hacerlos a cinco semanas. Sí, podríamos objetarle la idea (todas sus ideas podríamos objetarlas, pero es más interesante aceptar el desafío que proponen), aunque debemos reconocer que tener una actitud laboral o personal capaz de poner énfasis en lo que sucede momento a momento es lo propio de una posición fluida y a la altura de los constantes cambios de nuestro modo de vida.

El plan –si existe, y tal vez no es malo que exista- debe estar constantemente sometido a reconsideraciones y actualizaciones, y no dar lugar a una cerrazón obcecada. Es un buen consejo para los que nunca pudimos planificar mucho, porque nos reconcilia con nuestro aparente “desorden” y lo entiende como fluidez y vitalidad.

La planificación es importante, pero también lo es –si seguimos esta idea- poder alterar esos planes para dejar entrar en ellos lo que surge sin traumatizarse por hacerlo.



Foto de Luciano Menardo: link.




Lo espontáneo parece poco valioso, pero es exactamente lo contrario



Otra breve descripción de un capítulo de mi libro "Ganas de vivir".

jueves, mayo 26, 2011

No debemos eludir el fracaso sino buscarlo


Tom Peters es un gurú del management, un teórico exaltado y entusiasta que aborda problemas relativos a la situación laboral de nuestro presente, y que inmerso en tal convulsionado escenario empuja a sus lectores al crecimiento de manera estimulante y eficaz. Este es uno de los puntos fundamentales de su pensamiento, un eje básico del programa que intuye necesario para desarrollarse en estos tiempos, tomado de su hermoso y excitante libro “Re Imagina”:

No pretende que adoptemos el deseo de producir un fracaso adrede, la idea invita a valorar más la osadía de la experimentación que la seguridad. Como dice Peters en “El proyecto 50”, vale más tener en el currículum un par de fracasos importantes que un montón de éxitos mediocres. Es interesante lo que esta posición propone para la consideración de nuestros fracasos personales: en vez de castigarnos, culparnos o estancarnos por ellos deberíamos valorar el intento, mejorar la puntería, volver a tratar.

Esta posición permite desarrollar una visión de las cosas menos crítica y menos atada a la parte negativa. Aquello que uno intentó hacer y no funcionó es parte de lo que luego sí logró hacer funcionar. ¿Por qué castigar la ineficacia en vez de premiar la osadía?


Foto de Luciano Menardo: link.

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