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sábado, julio 21, 2012

Argentina neurótica


Este artículo lo publiqué hace unos años en Yahoo! Argentina, pero siento que no perdió vigencia:

Argentina Neurótica

La figura de la neurosis, proveniente del campo de la salud mental, es sumamente útil a la hora de entender la situación argentina. No tanto porque los individuos argentinos seamos neuróticos -que lo somos, de manera desigual, como en todos los países- sino porque el funcionamiento de la neurosis ayuda a ilustrar aspectos clave de nuestra convivencia nacional.

El neurótico, como la Argentina, no avanza decididamente hacia el cumplimiento de su deseo, no busca crecer (a veces lo hace, pese a sí mismo), más bien da vueltas, se enrosca, se enreda en miramientos y objeciones que tejen la trama que le impide acceder a la realidad. En vez de darse a la acción cultiva consideraciones interminables, disfrutando patológicamente de las vicisitudes de su padecimiento y prefiriendo perderse antes que encontrarse.

El neurótico, como nuestra comunidad, genera su identidad en base a una serie sacralizada de problemas, se define a partir de sus dificultades y no sabría que hacer sin ellas. No sabe pensar libremente, con osadía, un camino de desarrollo. No conecta con su crecimiento, no termina de intuirlo, pero accede fácilmente a representaciones catastróficas. Cuando crece lo hace porque su cuerpo tiene más empuje que su conciencia, y no logra acompañar ese crecimiento con pensamientos adecuados. Su modo de entender las cosas es confuso y está cargado de emociones enrarecidas, que enturbian el panorama. A esa confusión la considera su inteligencia, y la falta de claridad la adjudica a su profundidad. En vez de mejorar lo que le toca, lo ensucia, pensando mal, fomentando la crítica y el escepticismo.

Siente que antes de vivir tiene que ajustar las cuentas con un pasado al que cree más valioso que el presente, con el que no puede terminar de conectar. El neurótico, como nuestro país, da sustancia al pasado para aniquilar un presente que le exigiría trabajo y crecimiento. El neurótico entierra su vida en ese tiempo muerto, fantaseado, para evitar tener que actuar en la realidad de su presente.

El neurótico, como nuestro país, siente que tiene razón y se aísla. Cree que tener razón es lo más importante de todo, cree que las cosas suceden en ese nivel argumental en el que despliega su afectividad desviada. Al mismo tiempo repudia y envidia a otras comunidades más cumplidoras, que saben generar movimiento y responder a los requerimientos del avance. Siente que los que viven bien han claudicado, que han traicionado verdades trascendentes, o que son estúpidos que eligen vivir antes de rendir sentido homenaje a la imposibilidad. El neurótico siente que su no poder es prueba de cierta superioridad, y adora su incapacidad como si fuera una señal divina.

El neurótico, como nuestro país, elude el movimiento. Corta las rutas de su pensamiento y de su acción, porque prefiere abortar lo que crece en él antes de sostenerlo y reforzarlo. Frente a cada dificultad el neurótico amenaza con destruirlo todo, porque en su pensamiento infantil no puede sino tratar con toscos absolutos y está incapacitado para el arte del detalle. Elige imponerse a la situación, paralizarla, hasta que las cosas no sean como el cree que deberían ser, sin poder sin embargo aportar algo de valor a la construcción del logro que señala como necesario.

El neurótico huye del amor, lo critica y desprecia. Aunque lo añora y necesita, no es capaz de abrirse a semejante positividad compleja y exigente. No sabe darse, no sabe dejar de pensar en sí mismo, todo lo transforma en una cuestión simplista de imaginarios enfrentamientos e inexistentes persecuciones. El neurótico se cree importantísimo, central, siente que la realidad pasa por él, y al darse tal lugar se queda quieto y a las puteadas, porque el mundo sigue su curso más allá de sus mohines y desplantes.

El neurótico en vez de hacer trata de que nadie haga, sostiene que es mejor que los que hacen sean castigados por haber faltado el respeto a la pobreza sacrosanta, y da lugar a una mentalidad resentida y revanchista. El neurótico niega la existencia de posibilidades más saludables, trata de que nadie pueda lo que él se niega a sí mismo, considera que su enfermedad es el estado natural y enferma a todo el que quiera ponerse en marcha.

Un país neurótico es un país que tiene que curarse, una comunidad que debe proponerse el logro de superar costumbres que la hacen infeliz y la comprometen en círculos viciosos en los que malgasta su energía. La des neurotización de la Argentina es el objetivo principal de la buena acción política.

martes, noviembre 22, 2011

Boceto de base filosófica para la existencia enterada


Uno puede dejarse abrumar por la incertidubre por dos motivos
a) está en medio de la segunda guerra mundial
b) está muy sensible
Si es el primero: es realmente crudo y difícil. Mucho más que el promedio.
Si es el segundo: hay que ajustar la perspectiva. Es uno el que se equivoca si cree que las cosas deberían o podrían existir sin riesgo y sin falla.
¿Qué alguna de estas cosas podrían no pasar? ¿Qué no deberían pasar?

Falso: el debería está fuera de lugar. La realidad no sucede respondiendo a un deber racional, la realidad desborda constante y completamente lo racional.
Es cierto que podrían no pasar, al menos algunas de ellas (sólo algunas), pero esa posibilidad puede darse más respondiendo a un querer que a un deber, más como deseo nuestro que como reproche al mundo. No es una falla suya, es un querer nuestro.
El mundo es desajustado. Es. Es el mundo: el despelote es la norma, reina, domina y se presenta constantemente.
Por qué?
Nietzsche: ¿Cuál es el principio de todo lo vivo?
La voluntad de poder. Todo lo que vive quiere crecer, reinar, obtener preponderancia. No meramente sobrevivir, quiere más.
La mecánica esencial de los hechos es la lucha de fuerzas.
La estabilidad siempre es el resultado de un pacto.
La disminución de la violencia es una evolución deseable, pero nunca total: somos cuerpos y no ideas.
Las ideas siguen al cuerpo. No el cuerpo a las ideas.
La realidad existe y somos parte de ella.
La realidad no fue creada por nosotros ni como expresión de un orden racional. Somos nosotros los que fuimos creados por esa naturaleza que nos desborda.
Hay un orden: es la naturaleza. Y parte de la naturaleza es que pase todo lo que pasa.
Hay que tener valor.
Valor para decir: el mundo está bien como está.
La sociedad no está enferma. No se trata de cambiar la realidad. No se puede.
Lo que se puede hacer es participar de ella de manera provechosa. Buscar la felicidad personal, la felicidad compartida, el crecimiento social, fortalecer la educación, el refinamiento, los cuidados, el amor.
¿Que podemos hacer nosotros?
Lograr una visión informada de la vida.
Ver esta realidad de la naturaleza y su legítimo despelote resultante.
Dejar de aspirar a lo que no puede ser.
Dejar de lamentarnos por los problemas.
Abordarlos.
Responder a ellos.
Sortearlos.
Solucionarlos
Paliarlos.
Esta visión que propongo difiere del análisis político o económico o social, no porque hable del universo y de la vida en vez de hablar de política y cifras. Es una visión del mundo, una posición psicológica, pero difiere porque el análisis es mero análisis, descripción. Y lo que necesita la posibilidad de responder a la realidad es el paso de la acción, el movimiento.
Y el movimiento principal es el deseo. Eje de ejes: ¿qué querés?
No para que luego te lamentes por no tener lo que querés, sino para que asumas la responsabilidad de hacerlo. No como un peso, aunque en parte lo es, sino como una aventura.
Que pasemos de la actitud de quien está soportando el mundo a la de quien se juega en él.
Es legítimo, es correcto, es lo mejor que podemos hacer. Es lo que la misma naturaleza pide, hace, es, como diría Nietzsche, el sentido de la tierra.
Desde un punto de vista político es la idea de que uno debe aportar al conjunto social su felicidad, no renunciar a ella.

lunes, julio 11, 2011

"Ganó la rebeldía", mi artículo de hoy en La Nación


Ganó la rebeldía, el poder de la gente, la osadía de meterse en política y no temer lo que las mafias políticas escudadas en un indigno populismo puedan hacer o decir, inventar o manipular. Ganaron los que no quieren regalarle la polìtica a los de siempre, los que buscan una verdadera renovación, los que quieren superar las ficciones mentales de los que hablan mucho pero hacen poco. Ganó la gente normal, los no entendidos en política, los ingenuos que creen que la política tiene que cumplir con la ley y dar servicio a los ciudadanos, los que quieren una gestión dedicada al mundo real.

Ganó el vecino, más allá de la “doctrina popular”, ese dogma del pseudoprogresismo que no escatimó mentiras y operaciones durante la campaña, que nunca vacila en falsear las cosas porque cree que su esencia justifica los manejos indignos. La verdad pudo más que los inventos, el entusiasmo más que la falsa inteligencia, los proyectos más que el resentimiento neurótico y la obsesión con el pasado, con un pasado al que se altera para hacer caber en un planteo infantil.

Este resultado representa una maduración para la problemática mentalidad argentina. No es la solución a ninguno de nuestros muchos problemas pendientes, pero sí un paso que haríamos bien en cuidar y potenciar. La visión porteña del mundo, quejosa, nostálgica, hipercrítica, con tantas dificultades para querer y crear, para trabajar y servir, para hacerse cargo y avanzar, va pudiendo cambiar su estilo y crece aspirando a más.

No es un proyecto de poder el que asi se expresa, no es amor por la política, son ganas de vivir, de más, de ser feliz y promover la felicidad de otros, es una posición que desafía la pobreza y quiere evitar el truco de reducir a los pobres a una noción de pueblo mitificada que sólo sirve para hacer más profunda esa pobreza. Es una posición vital capaz de superar la pelea constante, la desgastante creencia en un enemigo omnipresente que se interpone en el camino del crecimiento. Es una postura existencial que puede hacerse cargo de sus propias limitaciones y trabajar asi para superarlas. Sin culpar, sin victimizarse, sin pelearse con todos ni creer que es mejor aislarse porque el otro siempre te quiere arruinar.

El vecino vio obras, vio respeto, vio preocupación por ofrecerle un avance posible, sintió que se lo tomaba en serio. Muchas pudieron concretarse y otras no, porque nadie es perfecto y corresponde no pretender serlo. El vecino vio una política más basada en la construcción que en el choque, capaz de superar el verso de la ideología y darle contenidos verificables. El vecino captó la intención, se sintió parte, entendió que todo avanza si uno ayuda.

Este resultado electoral demuestra que los votantes comprenden que el fondo de este proyecto político es un deseo sincero y compartido de mejorar las cosas. Ni Mauricio ni el PRO esconden una maquinación, como cree el prejuicio, ni una especulación secreta, son ganas de vivir, de más, de pasarla bien y de estar juntos. Todos, cada uno con los que más quiera. Todos, con educación y salud públicas, con gran trabajo social y con inteligencia y honestidad en la realización de los planes y proyectos.

lunes, julio 04, 2011

Algunas razones por las que voto a Mauricio también en el 2011


1. Porque lo conozco y me resulta la persona más humana, saludable y normal que encontré entre los líderes políticos. Mauricio es sencillo, accesible, capaz, inteligente, práctico y bien intencionado. También yo partí, hace años, de una visión prejuiciosa, pero migré del compartido prejuicio a la confianza, y lo que conozco de él me sorprende. No es infalible, nadie puede serlo, pero entre quienes padecen la extraña patología de querer cambiar la sociedad es el que prefiero por lejos.

2. Porque creo que hay que animarse a desafiar el establishment político, ese que ha transformado a los antiguos luchadores populares en militantes de un fascismo ineficaz y corrupto. Porque veo que hoy en día el verdadero progresismo tiene que ver con equipos como el del PRO, que hace cosas que sirven a los vecinos, que atiende las necesidades de quienes más lo necesitan. Porque creo que no tenemos que dejarnos ganar por el temor y decir con libertad: voto a Mauricio, me parece el mejor, creo que el PRO es una fuerza política valiosa y necesaria. Porque creo que padecemos un equívoco profundo: el de creer que los “buenos” populistas, por serlo, pueden hacer todo tipo de desastres y están justificados por su ideología. Porque creo que hay que penetrar tras esa imagen de “bondad” y ver su incapacidad, su inmoralidad, su autoritarismo.

3. Porque veo que el primer período del gobierno del PRO en la ciudad tiene en la columna de los logros una lista increíblemente más larga que en la de los fracasos. Porque basta conocer los datos para ver que se ha hecho más en estos cuatro años que en las décadas anteriores: en trabajo social, en infraestructura, en becas, en cultura, en tránsito, en salud, en educación, etc. Los adversarios no toleran que el PRO haya hecho más que ellos mismos por la educación pública con la que se llenan la boca. Pero hay que aprender: a la educación pública se la defiende con hechos, no con palabras y con símbolos. No sirve declamar, hay que hacer.

4. Porque sé, porque me voy informando cada vez, que las denuncias y causas que se le hacen a Mauricio son falsas, típicos inventos de la vieja política en su juego de conservar el poder por el poder mismo. Porque me harta y me indigna ese uso del poder judicial para manipular a la opinión pública, porque me parece espantoso que quienes esconden casos graves de corrupción se rasguen las vestiduras inventando falsedades de los adversarios a los que temen y ven crecer.

5. Porque creo en una política de desarrollo y no en una de lucha. Mientras que la política basada en el desarrollo busca generar riqueza y pretende usarla para mejorar la vida de todos, la política de la lucha se centra en un enfrentamiento neurótico recreado hasta el cansancio, da a los símbolos una importancia superior a la de la realidad, desconfía de la producción y reproduce la pobreza. La política del desarrollo cree en el trabajo y la creatividad, pero la política de lucha cree en la resistencia y ve a la pobreza como una virtud, y por eso la respeta y manipula en vez de ayudar a quienes la padecen a mejorar su situación de manera eficaz.

6. Porque conozco el equipo que Mauricio representa y veo en él muchas personas capaces y bienintencionadas haciendo día a día una ciudad mejor. Porque conozco mucha gente sana en ese entorno, muchos jóvenes que no cultivan la acción política por respeto a una tradición, que sólo llegan a la política para hacer cosas, que creen que la política es servicio y no aprovechamiento de privilegios. No creo en el amor por la política, creo en el amor por el mundo y en una política que ayude a construir realidades más ricas.

7. Porque veo surgir una fuerza política nueva que espero ayude a curarnos de tanto odio ignorante, de tanto nacionalismo impostado, de tanta victimización automática y de tanto amor por el pasado. Se equivocan cuando dicen que Mauricio se victimiza: lo que hace es señalar con objetividad la mezquindad del gobierno nacional. Seria correcto hablar de victimización si sólo hubiera hecho denuncias sin proceder en los hechos, como una justificación para la inoperancia, pero este gobierno termina siendo, en el caso emblemático, el que más kilómetros de subte hizo, pese a los obstáculos. Más que los “progresistas” gobiernos anteriores. También fue este gobierno el que reparó las escuelas que las gestiones “progresistas” habían dejado en ruinas. Y la lista es larga.

8. Porque quiero que el trabajo continue y confío en que tras los ocho años de gestión se vuelva demasiado evidente el cambio en la tendencia y en la actitud. Porque creo que estos períodos sumados en la Ciudad están logrando un paso evolutivo en la política argentina. Porque Buenos Aires es una ciudad hermosa que tiene que superar su soberbia para aprender a trabajar para lograr sus aspiraciones.

9. Porque en última instancia la política se hace dentro de la realidad para lograr efectos concretos, y se trata en ella de elegir lo mejor de lo posible. El idealismo pronunciado cree bueno no dejarse contentar por nada, pero al actuar asi abandona el campo de trabajo y permite que los más desaprensivos conquisten las posiciones vacantes.

10. Porque no necesito endiosar a un líder para considerarlo útil, porque creo que son los ciudadanos los que usamos a los líderes y no al revés, porque quiero que podamos como personas dejar atrás muchas incapacidades, porque quiero que la Argentina pueda lo que otros países pudieron, porque veo que en este período de bonanza global somos los que menos hemos crecido en la región y entiendo que la causa está en el uso populista y clientelista de los fondos públicos, porque creo que la ley y las instituciones son una herramienta del desarrollo.

Voy a votar a Mauricio Macri y María Eugenia Vidal y te invito a que lo hagas también.

Link: Yo lo voto

lunes, febrero 14, 2011

LOS VERDADEROS OBSTÁCULOS PARA EL DESARROLLO DE AMÉRICA LATINA


El mismo artículo, ahora en castellano.

LOS VERDADEROS OBSTÁCULOS PARA EL DESARROLLO DE AMÉRICA LATINA
Por Oscar Arias (Costa Rica)

Oscar Arias sirvió como presidente de Costa Rica del '86 hasta el '90 y luego del 2006 al 2010. Arias ganó el premio Nobel de la Paz en 1987.

Casi dos siglos después que los países de América Latina consiguieron su independencia de España y Portugal, ninguno de ellos es verdaderamente desarrollado. ¿Dónde estuvo el error, qué salió mal? ¿Por qué países en otras regiones, quizás más atrasados, lograron con relativa rapidez los resultados que países latinoamericanos han aspirado por tanto tiempo?

Muchos, en la región, responden a estas preguntas con las teorías de conspiración o excusas autocompasivas. Culpan al imperio Español, por llevarse las riquezas de la región en el pasado, o al imperio estadounidense, que supuestamente sigue desangrándola en la actualidad. Dicen que las instituciones financieras internacionales han conspirado para mantener la región atrasada, que la globalización fue diseñada deliberadamente para evitar su desarrollo. En resumen, echan la culpa del subdesarrollo a otros en lugar de a la propia América Latina.
La verdad es que tanto tiempo ha transcurrido desde la independencia de América Latina que ya ha perdido el derecho de utilizar a otros como excusa por sus propios fracasos.

Efectivamente, varias potencias extranjeras han influenciado el destino de la región. Pero eso es cierto en todas las regiones del mundo. Los países latinoamericanos no son los únicos que han enfrentado una dura batalla en la historia.
Las naciones de América Latina comenzaron esta carrera en igualdad de condiciones, o aún mejores, que las existentes en otros lugares. Sí, nosotros somos los que nos quedamos atrasados.

Cuando la Universidad de Harvard abrió sus puertas en 1636, había ya universidades bien establecidas en Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, México y Perú.

En 1820, el PIB de América Latina, en su totalidad, fue 12.5% mayor que el de los Estados Unidos. Hoy, con una población de alrededor de 560 millones, algunos 250 millones más que los Estados Unidos, la región tiene un PIB que sólo es 29% del de su vecino del norte. América Latina ganó su independencia 150 años antes que lo hicieran países como Corea del Sur y Singapur; hoy, a pesar del pasado como colonias también explotadas y a pesar de carecer recursos naturales de importancia el ingreso per cápita de esos países es varias veces mayor.

Una de las consecuencias de la renuencia de América Latina a enfrentar tales comparaciones de lleno, ha sido la desconexión entre el discurso y la realidad. Cansados de palabras vacías y promesas sin sentido, las personas en la región están desilusionadas con la política en general. Reconocer su propia parte de responsabilidad en la situación, sin embargo, podría ser el comienzo de la reescritura de la historia. La clave está en aceptar que cuatro rasgos regionales culturales son los obstáculos que hay que superar, para que el desarrollo tenga éxito: la resistencia al cambio, la ausencia de confianza, las frágiles normas democráticas, y una debilidad por el militarismo.

MIRANDO HACIA ATRÁS

Los latinoamericanos glorifican su pasado sin cesar, que hacen casi imposible abogar por el cambio. En lugar de una cultura de mejora, han promovido una cultura de preservación del statu quo. Constante, paciente el único tipo de reforma compatible con la estabilidad democrática es insatisfactoria, la región acepta lo que existe, mientras que de vez en cuando suspiran por revoluciones dramáticas que prometen abundantes tesoros sólo a una corta distancia de la insurrección.
Tal actitud sería más fácil entender en Canadá o Noruega, que han logrado niveles envidiables en el desarrollo humano. Pero, ¿qué méritos tan altos tienen Guatemala o Nicaragua en sus historias? En estos casos, el impulso conservador probablemente viene no sólo de un deseo de preservar el status quo, sino más aún por el deseo de proteger privilegios establecidos y un temor general a lo desconocido. Los latinoamericanos mantienen con fuerza y aún con dolor y sufrimiento, prefiriendo un presente seguro a un futuro incierto. Algo de esto es natural, y humano. Pero para nosotros, el miedo es paralizante; genera no solo ansiedad, sino también parálisis.
Para empeorar las cosas, los líderes políticos rara vez tienen la paciencia o la habilidad para encaminar a su pueblo con cuidado a través de los procesos de reforma. En una democracia, un líder debe ser la cabeza que enseña, alguien dispuesto a responder a dudas y preguntas y a explicar la necesidad por los beneficios de un nuevo curso.

Pero con demasiada frecuencia en América Latina, los líderes se justifican con un simple "porque Yo lo digo".

Esto encaja perfectamente con el deseo de proteger los privilegios establecidos, un fenómeno visible, no sólo entre los ricos y poderosos, sino en toda la sociedad. Los sindicatos de educación deciden, por sí mismos, la cantidad de maestros que deben trabajar y lo que deben enseñar. Algo similar ocurre con los propietarios de empresas y contratistas en el sector privado, que siempre han suministrado servicios de baja calidad durante décadas sin miedo a la competencia, gracias a prebendas y transacciones ilícitas. Y los funcionarios públicos también están inmóviles: la recompensa de servicios civiles aquellos que no hacen más que sentarse en su escritorios y decir que no.

Esta actitud tiene muchas consecuencias, sobre todo cuando se trata de la iniciativa empresarial. América Latina tiene mucho más controladores que empresarios. La región es suspicaz de las nuevas ideas y carece de mecanismos eficaces de apoyo a proyectos innovadores. Alguien que desea iniciar una nueva empresa debe empezar por vadear a través de las ondas de la burocracia y de los requisitos arbitrarios.
Los empresarios consiguen un mínimo de alabanza o refuerzo cultural, poca protección legal y escaso apoyo académico.

Las universidades, por su parte, no están produciendo el tipo de profesionales que exige el desarrollo. América Latina gradúa a seis profesionales en ciencias sociales por cada dos en ingeniería y cada una de las ciencias exactas. Visitar un campo universitario en América Latina es como viajar al pasado, a una época en la que existía el Muro de Berlín, y Rusia y China aún no habían abrazado el capitalismo.
En lugar de dar a los estudiantes herramientas prácticas -tales como habilidades tecnológicas y de lenguaje- para ayudarles a tener éxito en un mundo globalizado, muchas escuelas se dedican a la enseñanza de autores que nadie lee y repiten doctrinas en las que nadie cree.

Para que el desarrollo se produzca, esto tiene que cambiar. Los países latinoamericanos deben comenzar a recompensar a los innovadores y creadores.
Sus universidades deben reformar sus cursos académicos, invertir en ciencia y tecnología. Se debe reducir la carga de regulaciones, atraer inversiones y promover la transferencia de conocimientos. En otras palabras, deben entender que el pragmatismo es la nueva ideología universal que, como Deng Xiaoping dijo una vez, no importa si un gato es negro o amarillo, siempre y cuando cace ratones.

DESARROLLO DE CONFIANZA

El segundo obstáculo es la ausencia de confianza. Ningún proyecto de desarrollo puede prosperar en un lugar donde reina la desconfianza, el éxito de los demás es visto con recelo, y la creatividad y el impulso se cumplen con prudencia. Los latinoamericanos están entre la gente más desconfiada del mundo.

La Encuesta Mundial de Valores hicieron la pregunta, "¿la mayoría de la gente puede ser confiada?" En el año 2000, 55 a 65% de las personas encuestadas en cuatro países nórdicos- Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia- dijeron que sí, y sólo el 16% de las personas encuestadas en América Latina lo hizo, y sólo 3% lo hizo en Brasil.
Los latinoamericanos dudan de las verdaderas intenciones de todos los que cruzan sus caminos, de los políticos o sus amigos. Creemos que todo el mundo tiene una agenda secreta y que es mejor no involucrarse demasiado en los esfuerzos colectivos. Somos cautivos del gigantesco dilema del prisionero, en el que cada persona contribuye lo menos posible al interés común.

En un mundo globalizado, sin embargo, la confianza es indispensable. Los países con más confianza son los países más preparados para desarrollar, debido a que sus ciudadanos pueden basar sus acciones en una expectativa razonable de cómo los demás se comporten. La inseguridad jurídica es un problema especial. Con alarmante frecuencia, los ciudadanos de América Latina no saben las consecuencias de sus acciones o cómo el Estado va a reaccionar a sus proyectos.

En algunos países, las empresas son expropiadas sin justificación alguna, los permisos son revocados por presión política, las sentencias judiciales van en contra de la ley, y la situación legal es tan volátil que impide el logro de metas a largo plazo. Como el ex presidente ecuatoriano Osvaldo Hurtado señaló recientemente en “The American Interest”, los latinoamericanos no confían en las instituciones jurídicas y cortes o tribunales gubernamentales o abogados particulares. En efecto, la arraigada costumbre de burlarse de la ley ha sido la influencia más poderosa en el continente que las innumerables leyes promulgadas por siglos para regular las relaciones económicas, sociales y políticas. Por las legislaturas de América Latina, probablemente, han pasado más leyes en los últimos 175 años que sus homólogos en cualquier lugar del planeta, sin embargo, nunca tantas leyes han sido ignoradas por tantos durante tanto tiempo.

Se ha dicho que la seguridad jurídica es la protección de la confianza. Para que el desarrollo económico tenga éxito, los latinoamericanos deben ser capaces de confiar que sus Estados actúen razonable y predeciblemente. Deben ser capaces de anticipar las consecuencias jurídicas de sus acciones. Y deben ser capaces de confiar en los demás, también, actuar de acuerdo con las reglas del juego.

COMPROMISO CON LA DEMOCRACIA

El tercer obstáculo que bloquea el desarrollo es la fragilidad del compromiso de la región con la democracia. Con seguridad, con la única excepción de Cuba, la región se cuenta hoy como enteramente democrática. Después de siglos de guerras civiles, golpes de estado y dictaduras, en la democracia se han hecho realmente avances notables en las últimas décadas. Pero la verdad es que su victoria es incompleta. A pesar de haber elaborado cuidadosamente constituciones, grandes proclamas y tratados de miras altas, América Latina todavía tiene una atracción por el autoritarismo.

Fidel y Raúl Castro en Cuba se comportan como los caudillos tradicionales de América Latina, pero también lo hacen Hugo Chávez en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua, que tienden a utilizar los procesos democráticos y las estructuras para subvertir sus propios sistemas de países democráticos. Una vez elegidos, interpretan sus mandatos como carta blanca para hacer lo que quieran, incluyendo persecución a sus oponentes, la sujeción de los medios, y tratan de torcer el sistema para mantenerse en el poder a toda costa. Muchos de los ciudadanos, por su parte, están contentos y permiten que estos líderes prosigan, tal vez ven su mesianismo y la demagogia como la salida del vigente laberinto regional del subdesarrollo.

Si las democracias latinoamericanas no cumplen con sus promesas políticas y económicas, si las esperanzas de sus ciudadanos siguen siendo un sueño diferido, entonces el autoritarismo se levantará otra vez. La forma de prevenir esto es demostrar al pueblo que la democracia funciona, que realmente se puede construir una sociedad más prospera y equitativa. Más allá de la esclerosis política, cada vez más sensible a demandas de los ciudadanos, y la generación de recursos fiscales o impuestos a los ricos son todos pasos esenciales para moverse hacia una verdadera cultura de la libertad y el progreso.

UNA CULTURA DE PAZ

El aumento de los ingresos públicos es necesario, pero no es suficiente. Esos fondos deben también gastarse sabiamente, para promover el desarrollo humano. En los países de América Latina han ocurrido muchas cosas en el pasado, llevando deudas inmensas, pero a menudo han malgastado sus recursos en prioridades inapropiadas. Se ha prodigado en sus ejércitos, el dinero que debió haberse prodigado a sus hijos.
Aparte de Colombia, ningún país latinoamericano enfrenta un inminente conflicto militar. Y sin embargo, cada año, la región gasta más de 60 mil millones de dólares en armas y soldados -el doble de lo que gastó sólo hace cinco años. ¿Por qué? ¿Quién va a atacar a quién? Los enemigos del pueblo son el hambre, la ignorancia, la desigualdad, la enfermedad, el crimen y la degradación del medio ambiente. Ellos son internos, y pueden ser derrotados sólo a través de una política inteligente, no con una carrera armamentista.

Costa Rica fue el primer país en la historia en abolir su ejército y declarar la paz con el mundo. Sus hijos jamás han sabido lo que es el servicio militar. Ellos nunca han visto la sombra de un helicóptero armado o las huellas de un tanque. Y desde la abolición de sus fuerzas armadas hace 62 años, Costa Rica nunca ha sufrido un golpe de Estado. Me gustaría pensar que toda América Latina podría seguir en los pasos de Costa Rica, pero sé que esta utopía no será posible en mi vida.

También sé, sin embargo, que una responsable reducción gradual del gasto militar no sólo es posible sino también imprescindible.

Se lo debemos a las víctimas de las dictaduras, que durante el siglo XX escribió con su propia sangre las más tristes páginas de la historia de América Latina. Se lo debemos a los sobrevivientes de la opresión y la tortura. Se lo debemos a aquellos que vieron realizados sus peores temores en la presencia de un soldado.
El abandono de esta cultura marcial es también esencial, porque la presencia cada vez mayor de soldados en nuestros pueblos y ciudades promueve una actitud combativa que no favorece el desarrollo. Se sugiere que los problemas se resuelven mejor mediante la lucha contra un enemigo, en lugar de construir solidaridad con los amigos y vecinos. Se enseña que las conquistas se logran con las armas, gritos y amenazas, en lugar de palabras, el respeto y la tolerancia. El militarismo de la cultura de la región es una fuerza regresiva y destructiva, que debe ser reemplazada por una cultura de paz.

Los latinoamericanos debemos mirarnos en el espejo y enfrentar la realidad de que muchos de nuestros problemas no residen en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos. Debemos perder el miedo al cambio.
Debemos abrazar el espíritu empresarial. Debemos aprender a confiar. Debemos fortalecer nuestro compromiso con la democracia y las reglas de la ley. Y hay que abandonar las prácticas militares que continúan frotando sal en las heridas de nuestro pasado. Sólo entonces habremos llegado por fin alcanzar el desarrollo que durante tanto tiempo hemos buscado

Genial artículo de Oscar Arias, ex presidente de Costa Rica, sobre las dificultades culturales de América Latina frente al desarrollo!!!




No lo puedo traducir, carezco de tiempo. Si alguien se copa y lo hace lo pongo también en castellano. Los que puedan leanló, es muy muy bueno... Fue publicado en el número de Enero / Febrero de "Foreign Affairs".


Culture Matters

The Real Obstacles to Latin American Development

Oscar Arias

OSCAR ARIAS served as President of Costa Rica from 1986 to 1990 and 2006 to 2010. He won the Nobel Peace Prize in 1987.

Nearly two centuries after the countries of Latin America gained their independence from Spain and Portugal, not one of them is truly developed. Where have they gone wrong? Why have countries in other regions, once far behind, managed to achieve relatively quickly results that Latin American countries have aspired to for so long?

Many in the region respond to such questions with conspiracy theories or self-pitying excuses. They blame the Spanish empire, for making off with the region's riches in the past, or the American empire, which supposedly continues to bleed it dry today. They say that international financial institutions have schemed to hold the region back, that globalization was deliberately designed to keep it in the shadows. In short, they place the blame for underdevelopment anywhere but on Latin America itself.

The truth is that so much time has passed since independence that Latin Americans have lost the right to use others as the excuse for their own failures. Various outside powers have indeed affected the region's fate. But that is true for every region of the world. The countries of Latin America are not the only ones to have faced an uphill battle in history. Latin American nations began this race with conditions equal to, or even better than, those prevailing elsewhere. They -- we -- are the ones who fell behind.

When Harvard University opened its doors in 1636, there were already well-established universities in Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, the Dominican Republic, Ecuador, Mexico, and Peru. In 1820, the GDP of Latin America as a whole was 12.5 percent greater than that of the United States. Today, with a population of about 560 million -- some 250 million more than the United States -- the region has a GDP that is only 29 percent of its northern neighbor's. Latin America won its independence 150 years before countries such as South Korea and Singapore did; today, despite their past as exploited colonies and their lack of significant natural resources, those countries' per capita income is several times greater.

One consequence of Latin America's reluctance to face such comparisons squarely has been a disconnect between discourse and reality. Tired of empty words and meaningless promises, people in the region are disillusioned with politics in general. Recognizing their own share of responsibility for the situation, however, could be the start of rewriting history. The key is accepting that four regional cultural traits are obstacles that need to be overcome for development to succeed: resistance to change, absence of confidence, fragile democratic norms, and a soft spot for militarism.

LOOKING BACKWARD

Latin Americans glorify their past so ceaselessly that they make it almost impossible to advocate change. Instead of a culture of improvement, they have promoted a culture of preservation of the status quo. Constant, patient reform -- the only kind of reform compatible with democratic stability -- is unsatisfying; the region accepts what exists, while occasionally pining for dramatic revolutions that promise abundant treasures only one insurrection away.

Such an attitude would be easier to understand in Canada or Norway, which have achieved enviable levels of human development. But what have Guatemala or Nicaragua to prize so highly in their pasts? In cases such as these, the conservative impulse probably springs not just from a desire to preserve the status quo but even more from a desire to protect established privileges and a general fear of the unknown. Latin Americans hold on tight even to pain and suffering, preferring a certain present to an uncertain future. Some of this is only natural, entirely human. But for us, the fear is paralyzing; it generates not only anxiety but also paralysis.

To make matters worse, the region's political leaders rarely have the patience or the skill to walk their people carefully through the processes of reform. In a democracy, a leader must be the head teacher, someone eager to respond to doubts and questions and explain the need for and the benefits of a new course. But too often in Latin America, leaders justify themselves with a simple "because I say so."

This dovetails neatly with the desire to protect established privileges -- a phenomenon visible not only among the rich and powerful but throughout society. Teachers' unions decide for themselves how much teachers should work and what they should teach. Something similar happens with business owners and contractors in the private sector, who have provided low-quality services for decades with no fear of competition, thanks to sinecures and illicit transactions. And public officials are also immobile: the civil services reward those who do no more than sit at their desks and say no.

This attitude has many consequences, particularly when it comes to entrepreneurship. Latin America has vastly more controllers than entrepreneurs. The region is suspicious of new ideas and lacks effective mechanisms to support innovative projects. Someone seeking to start a new business must begin by wading through waves of bureaucracy and arbitrary requirements. Entrepreneurs get minimal praise or cultural reinforcement, little legal protection, and scarce academic support.

The region's universities, meanwhile, are not turning out the kinds of professionals that development demands. Latin America graduates six professionals in the social sciences for every two in engineering and every one in the exact sciences. Visiting a Latin American university campus is like traveling to the past, to an era in which the Berlin Wall had yet to fall and Russia and China had yet to embrace capitalism. Instead of giving students practical tools -- such as technological and language skills -- to help them succeed in a globalized world, many schools devote themselves to teaching authors no one reads and repeating doctrines in which no one believes.

For development to occur, this has to change. Latin American countries must begin to reward innovators and creators. Their universities must reform their academic offerings and invest in science and technology. They must reduce burdensome regulations, attract investment, and promote the transfer of knowledge. In other words, they must understand that pragmatism is the new universal ideology -- that, as Deng Xiaoping once said, it does not matter whether a cat is black or yellow, as long as it catches mice.

DEVELOPING TRUST

The second obstacle is the absence of confidence. No development project can prosper in a place where suspicion reigns, the success of others is viewed with misgiving, and creativity and drive are met with wariness. Latin Americans are among the most distrustful people in the world. The World Values Survey asks the question, "Can most people be trusted?" In the year 2000, 55-65 percent of those people surveyed in four Nordic countries -- Denmark, Finland, Norway, and Sweden -- said yes; only 16 percent of those people surveyed in Latin America did, and only three percent did in Brazil.

Latin Americans doubt the true intentions of all those who cross their paths, from politicians to friends. We believe that everyone has a secret agenda and that it is better not to get too involved in collective efforts. We are captives to a gigantic prisoner's dilemma in which each person contributes as little as possible to the common interest.

In a globalized world, however, trust is indispensable. The countries most ready to trust are the countries most ready to develop, because their citizens can base their actions on a reasonable expectation of how others will behave. Legal insecurity is a special problem. With alarming frequency, citizens of Latin American countries do not know what the legal consequences of their actions will be or how the state will react to their projects. In some countries, businesses are expropriated without any justification, permits are revoked because of political pressure, judicial verdicts fly in the face of the law, and the legal situation is so volatile that it impedes the attainment of long-term goals. As former Ecuadorian President Osvaldo Hurtado recently noted in The American Interest,

Latin Americans do not trust legal institutions and actors . . . whether government courts or private lawyers. Indeed, the deep-rooted, centuries-old custom of flouting the law has been a more powerful influence on the continent than the countless laws passed over the centuries to regulate economic, social and political relations. Latin American legislatures have probably passed more laws over the past 175 years than their counterparts anywhere on the planet, yet never have so many laws been ignored by so many for so long.

It has been said that legal security is the protection of trust. For economic development to succeed, Latin Americans must be able to trust their states to act reasonably and predictably. They must be able to anticipate the legal consequences of their actions. And they must be able to trust that others, too, will act in accordance with the rules of the game.

COMMITMENT TO DEMOCRACY

The third obstacle blocking development is the fragility of the Latin American commitment to democracy. To be sure, with the sole exception of Cuba, by some measures the region would be counted as entirely democratic today. After centuries of civil wars, coups, and dictatorships, democracy has indeed made remarkable strides in recent decades. But the truth is that its victory is incomplete. Despite carefully crafted constitutions, grand proclamations, and high-minded treaties, Latin America still has a soft spot for authoritarianism.

Fidel and Raúl Castro in Cuba behave like traditional Latin American caudillos -- but so do Hugo Chávez in Venezuela and Daniel Ortega in Nicaragua, who have used democratic processes and structures to subvert their countries' own democratic systems. Once elected, they interpreted their mandates as carte blanche to do whatever they wanted, including persecuting their opponents, shackling the media, and trying to twist the system so as to stay in power at all costs. Too many of their countries' citizens, meanwhile, are content to allow these leaders to proceed, perhaps seeing their messianism and demagoguery as the exit from the prevailing regional labyrinth of underdevelopment.

If Latin American democracies do not live up to their political and economic promise, if their citizens' hopes remain a dream deferred, then authoritarianism will rise again. The way to prevent that is to show the public that democracy works, that it truly can build more prosperous and equitable societies. Moving beyond political sclerosis, becoming more responsive to citizens' demands, and generating fiscal resources by taxing the wealthy are all essential steps to take in moving toward a true culture of liberty and progress.

A CULTURE OF PEACE

Increasing public income is necessary, but it is not sufficient. Those funds must also be spent wisely, to promote human development. Latin American countries have spent a lot in the past, running up immense debts, but they have often squandered their resources on inappropriate priorities. They have lavished on their armies the money that they should have lavished on their children.

Aside from Colombia, no country in Latin America faces an ongoing or imminent armed conflict. And yet each year, the region spends $60 billion on arms and soldiers -- double what it spent just five years ago. Why? Who is going to attack whom? The enemies of the people in the region are hunger, ignorance, inequality, disease, crime, and environmental degradation. They are internal, and they can be defeated only through smart public policy, not a new arms race.

Costa Rica was the first country in history to abolish its army and declare peace with the world. Its children have never known military service. They have never seen the shadow of an armored helicopter or the tracks of a tank. And since the abolition of its armed forces 62 years ago, Costa Rica has never suffered a coup. I would like to think that all of Latin America might follow in Costa Rica's footsteps, but I know that this utopia will not be possible in my lifetime. I also know, however, that a responsible and gradual reduction of military spending is not only possible but also imperative. We owe it to the victims of dictatorships, who during the twentieth century wrote with their own blood the saddest pages in Latin American history. We owe it to the survivors of oppression and torture. We owe it to those who saw their worst fears realized in the presence of a soldier.

Abandoning this martial culture is also essential because the increased presence of soldiers in our towns and cities promotes a combative attitude that does not favor development. It suggests that problems are best solved by fighting an enemy, rather than building in solidarity with friends and neighbors. It teaches that conquests are attained with weapons, shouts, and threats, as opposed to words, respect, and tolerance. The militarism of the region's culture is a regressive and destructive force, one that needs to be replaced with a culture of peace.

Latin Americans must look in the mirror and confront the reality that many of our problems lie not in our stars but in ourselves. We must lose our fear of change. We must embrace entrepreneurship. We must learn to trust. We must strengthen our commitment to democracy and the rule of law. And we must abandon the military practices that continue to rub salt into the wounds of our past. Only then will the region finally attain the development it has so long sought.

Copyright © 2002-2010 by the Council on Foreign Relations, Inc.

viernes, enero 28, 2011

Reportaje a Macri ayer en La Nación

Pongo el link para el que se lo perdió, porque está muy bueno. Definiciones, claridad, buen criterio.


miércoles, enero 05, 2011

Taos Turner sobre la pasión argentina por los Rolling Stones




Taos me dice en un mail:

He who can explain why the Rolling Stones are popular among Argentine youth may understand the nation better than any political scientist.

I have always found the Argentine youth's interest in the Rolling Stones inexplicable. Everywhere else in the world the Stones' fans are as old as the band members are. I think there's some interesting cultural phenomena happening here, all related in some way to the country's rebellious nature, the military dictatorship, etc.


Me pareció muy interesante y acertada su idea. Si alguien quiere ayudarme traduciendo el texto...

Link: Taos Turner hace The Argentine Post

martes, diciembre 28, 2010

Positiva de Ideas Número 5

La revista electrónica del PRO, quinta entrega.

lunes, diciembre 27, 2010

Argumento ad lazarum


Me lo mandó Julián Rodriguez Orihuela, talento humano.

Su principio es el siguiente:

El argumentum ad lazarum o apelación a la pobreza es una falacia que consiste en afirmar que lo dicho por alguien es cierto porque el hablante es pobre. Su estructura es:
A afirma B;
A es pobre,
Por tanto, B es cierto.


Su aplicación es excesiva y perniciosa, principalmente para los mismos aludidos pobres, en nuestro necesitado país. Más datos en:

Link: Argumento ad lazarum

viernes, noviembre 26, 2010

"Lo que no se entiende del gobierno nacional", artículo publicado en Yahoo!


Empieza así:

Nunca se terminará de entender por qué si Carlos Menem cometía actos de corrupción era completa y definitivamente repudiable, mientras que si esos mismos actos son realizados por personas pertenecientes al presente gobierno nacional pasan a ser considerados cosas secundarias y sin importancia. ¿Los "buenos" pueden hacer el mal? ¿Cuando un "bueno" hace el mal está bien? ¿Qué tienen estos "buenos" que hasta sus crímenes son justos?

Nunca se terminará de entender por qué la vida de las víctimas de la represión son vidas más valiosas que las de los innumerables muertos por la inseguridad actual, inseguridad que además hace sistema con innumerables sistemas delictivos mantenidos y administrados por las propias fuerzas de seguridad, en complicidad con intereses políticos del gobierno nacional y sus aliados.

Link: Artículo completo

La imagen es de Lam.

miércoles, noviembre 17, 2010

Iván Petrella en Clarín: “Negar el factor religioso en la política favorece a los grupos fundamentalistas”


Interesante reportaje de Clarín a una de las jóvenes figuras de la Fundación Pensar, Fundación que aglutina inteligencia nacional en equipos de trabajo que diseñan los planes de gobierno de una posible presidencia de Mauricio Macri, y en la que los interesados que lo deseen pueden participar.

Link: Fundación Pensar, nota de Petrella

El desmadre, la inteligencia y las contribuciones, artículo en Yahoo!


Empieza así:

Un líder personalista y autoritario muere y sus deudos fingen haber perdido a un santo para seguir aprovechándose de la situación. Los dos equipos de fútbol más grandes del país no son capaces de ordenarse y rendir: sus directores técnicos no dan pie con bola. Torpeza, divismo y falta de trabajo y arte logran hacer aburrido el juego nacional: el esmero queda desplazado por la confusión. Las barras bravas se desmadran y de bravas pasan a asesinas, en ellas se mezclan intereses económicos con fanatismos exacerbados y ganas de pelar. En el ambiente sindical aparecen víctimas fatales: su conducción acelera en una reivindicación falseada y viciosa, y en vez de beneficiar a los trabajadores los anulan mediante un matonismo sin efectividad. Las internas sindicales se disputan espacios de poder y un dinero que no hay en la aerolínea simbólica, despreciando toda noción de servicio al público, que en definitiva son burgueses capaces de pagarse un viaje en avión y no merecen nada.

Link: artículo completo

sábado, noviembre 06, 2010

Entrevista Enfoques


Hoy salió publicada una entrevista que me hicieron en "Enfoques" de La Nación.

Link: Aquí

miércoles, noviembre 03, 2010

Desarrollismo


Bien pensado, el desarrollismo implica, en términos filosóficos, la idea de que un país no es ni un territorio, ni su gente, ni mucho menos sus símbolos, sino su proceso de desarrollo y crecimiento.

Lo mismo sucede con las personas: uno no es algo definido, la propia existencia aflora y se completa al crecer.

Desarrollismo quiere decir: un país es básicamente un desafío de crecimiento y logro, a ese proceso hay que servir.

martes, noviembre 02, 2010

"Cuando muere un hombre fuerte", mi artículo de esta semana en Yahoo!


Empieza así:

Cuando muere un hombre fuerte, los muchos que se sentían amparados por su protección, imaginaria o real, se sienten perdidos y calman su angustia fortaleciendo la imagen de quien se ha ido, intentando obtener de su nueva existencia de mito el mismo cobijo que creían encontrar en su presencia viva. Confiaban en ese paraguas que los protegía de la temida intemperie, y ahora temen ser víctimas de lo que imaginan será un mundo abandonado. Habían construido un refugio, imaginario o real, y ahora lo han perdido.

Cuando muere un hombre fuerte, los que se cobijaban bajo su fuerza se sienten huérfanos, y oscilan entre el enojo y el temor, preocupados por su suerte futura. A falta de las palabras del conductor se transforma su imagen en un símbolo que guía, pero que guía como lo hacen los símbolos, en silencio, y dando lugar a la dificultosa interpretación de ese silencio, que genera intermediarios sospechosos, expertos en descifrar y encarnar las versiones que el desaparecido hubiera dado de los hechos que suceden después de su extinción.

Link: Artículo completo

jueves, octubre 21, 2010

Twits políticos


Hoy hice dos twits políticos que me pusieron muy contento...

Esto es lo que creo que tenemos que recordarle a Néstor y Cristina: http://youtu.be/FejsqHQsxX0

Es hora de dar una respuesta contundente al desastre kirchnerista. Ahi va: http://youtu.be/amEp34owKn0

La idea es que si los desastrosos pudieran captar esa música no serían tan desastrosos. Sí, una aproximación un poco hippie al fenómeno del poder, pero bueno, algo tenemos que inventar, ¿no?

Link: Mi twitter

Mahavishnu: Entre la nada y la eternidad


Uno de los discos más geniales de la historia, para mi modesto entender...

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