martes, noviembre 29, 2005

El sentido de la vida

El siguiente texto (un poquito largo para un blog pero qué vamos a hacer...) surgió a medias como un desarrollo de ideas en la preparación del curso que actualmente estoy dando sobre el tema y a medias como un texto para el libro que estoy preparando en mi otro blog, el que llevo intentando rediseñar la materia filosofía de los colegios secundarios.

Guía de preguntas sobre el sentido de la vida

¿Para qué vivo, para dónde voy, cuál es mi destino, para qué fui creado, para qué vine a este mundo, qué quiere decir todo esto? ¿Se vive para algo, por algo, o simplemente se vive? ¿Es simple vivir? ¿Es complejo vivir, por qué? ¿Complejo quiere decir difícil, extraño, incomprensible? ¿Complejo quiere decir lleno de cosas, partes, tensiones, momentos, dificiles de reunir en una comprensión sencilla? ¿Puede entenderse la vida? ¿Debe entenderse? ¿Tiene razón el poeta alemán Rilke cuando nos dice: “no trates de entender la vida/ entonces ella será como una fiesta”? ¿Acaso entender no puede ser parte de la fiesta, no es lindo entender, no ayuda a vivir, no puede ser la comprensión parte de la realización del sentido de la vida? ¿No se equivoca Rilke al pretender que la comprensión limita la intensidad de los momentos?

¿Tiene sentido la vida, ella, en sí misma, o hay que dárselo? ¿Tiene sentido la vida en general, la vida de la naturaleza, existe por y/o para algo, o existe simplemente por existir, como un azar del universo, y es –como dice el pensador francés Georges Bataille- “una aventura ininteligible”? ¿Va para algún lado la vida del universo o lo suyo no es ir sino estar, no ir sino ser, simple y complejamente ser lo que es, un fenómeno valioso –para los vivos- pero indiferente para ese gigantesco e inabordable universo del que somos parte?

¿Tiene sentido mi vida, tengo que buscar captar y comprender ese sentido, está ya dado en mi, aunque no me de cuenta, o se trata de algo que tengo que construir? ¿Por qué a veces siento que mi vida tiene sentido, que voy para algún lado aunque no sepa para donde, y otras veces en cambio me siento vacío, perdido, sin sentido, sin dirección, sin nada en lo que apoyarme? ¿Tiene algo que ver lo que siento, en el problema del sentido, o se trata de algo objetivo, que está más allá de lo que cada uno de nosotros pueda llegar a sentir y pensar? ¿Se construye, el sentido de la vida, o viene ya construído? ¿Se trae al nacer o se consigue con el paso del tiempo? ¿Se llega a tener la respuesta a cierta edad, o no depende tanto de la edad sino de cada uno, de cómo resuelva las cuestiones que se plantean alrededor de esta pregunta?

¿Qué quiere decir la palabra sentido? ¿Dirección, sentimiento pasado, orden cósmico, forma de vida que debo seguir para sentirme bien, para cumplir con un plan que me excede? ¿Es el sentido de la vida el mismo para todos? ¿Es el sentido de la vida de cada uno una forma del destino individual, un camino propio que uno debe descubrir? ¿Quién puede ayudarme a descubrir el sentido de la vida, alguien? ¿Un cura, un profesor, un amigo, un amor, mi profesor o profesora de filosofía, un psicólogo? ¿Es una tarea más bien propia, individual, personalísima, algo que cada uno tiene que llegar a conocer de manera directa, sin intervención de los demás, o con una cierta intervención que sin embargo es sólo una ayuda, un estímulo, pero nunca una verdad que alguien pueda darme desde afuera de mí, sin conocer los detalles concretos y sensibles de mi forma de ser? ¿Hay sentido en una vida cuando hay acción, cuando uno se pone las pilas y asume su existencia, cuando se decide a dar las batallas que tenga que dar?

¿Se trata, por ejemplo, de querer; es esa la respuesta, el sentido es lo que uno quiere, la dirección por la que desea avanzar, aunque no sepa muy bien como ni por qué, pero sintiendo de todas formas que algo quiere, que algo es importante, porque esa certeza no necesita explicarse plenamente para ser de todas formas certeza? ¿Se puede llegar a responder la pregunta por el sentido de la vida? ¿Puedo acaso llegar a decir: “el sentido de mi vida es tal”, esa claridad es necesaria, dura para siempre, o lo importante es vivir sintiéndose vivo, plenamente real, porque los problemas que atravieso son mis problemas y tienen sentido para mí, porque incluso los dolores que siento –y por supuesto también los placeres- son partes de una vida que quiero porque sé auténtica y necesaria?

4 comentarios:

Raquel Barbieri dijo...

Buenas noches Alejandro,

Ver todas estas preguntas juntas sobre el sentido de la vida no me encuentra indiferente.

Muchas veces me pregunté qué esperaba la vida de mí, si es que esperaba algo que yo no le estaba dando, algo que de algún modo estuviera en mi camino y yo no viera por inmadurez, falta de apertura o distracción.

Hoy creo que cada uno le da sentido a su vida, que la vida en sí no tiene ningún sentido específico.
Venimos a este mundo como diamantes en bruto que cada uno deberá esculpir y facetar hasta convertirse en una persona plena.
La plenitud dependerá de lo que cada cual considere como tal.

Hay personas que vienen a este mundo a engendrar genios, otras son los denominados genios; algunos están sin saber por qué están, pero mientras tanto exploran y trabajan, y otros se quejan todo el tiempo y no hacen un cazzo que le sirva a nadie (ni a ellos, ni a los demás).

Yo no sé las respuestas a las preguntas que planteás en la entrada. Sólo quise participar porque me atrajo lo que leí.

Mientras estemos vivos, siento que tenemos que aprovechar el motor encendido, poner primera, segunda,,,,, y hacer. No importa que uno haga algo que pueda parecer más chiquito ante los ojos de los demás, o algo grandioso... Lo que importa es verse adentro y si descubre que en quinto año de abogacía quiere abandonar para empezar veterinaria (como en el aviso de la tele) ¡Está re bien!

Lo malo es quedarse en donde uno se siente mal, desaprovechando la corta vida que no tiene "bis".

Lo bueno es buscar lo que reconforta, para equilibrar con todo lo triste que nos viene sin elegir.

Raquel

Yospe dijo...

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Diego Cid dijo...

Hola Alejandro. Hay un cuento de Phillip Dick titulado "Los Flautistas", que trata de una extraña enfermedad que asola a los colonizadores de un asteroide. El síntoma era siempre el mismo: el enfermo decía que se había transformado en una planta. Y que, simplemente, deseaba pasar la vida sentado al sol, sintiéndolo sobre la piel, con los pies desnudos sobre la tierra.

Un psicólogo es enviado a investigar, y descubre que todos los enfermos han estado en contacto con los "indígenas" del asteroide (llamados los "Flautistas"): una raza humanoide que habita el lugar, y que había desaparecido dentro del bosque cuando llegaron los primeros humanos. Y todos los enfermos dicen lo mismo: "Los flautistas me han enseñado a ser una planta".

Al final de la historia, el psicólogo desubre que la supuesta enfermedad era en realidad una bendición: los afectados aprendían a vivir, sin inquietarse por cuestiones que antes les parecían trascendentales, como el futuro, la posición social, el prestigio, la ansiedad, la necesidad psicótica de tener que hacer algo todo el tiempo, la necesidad de preguntarse por el sentido de las cosas.

Es que, como dice alguien, quizás buscar la verdad es una batalla perdida a priori. Si el límite de nuestro mundo es el límite del lenguaje, quizás el sentido de la vida no pueda ser explicado, aunque si vivido.

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