La frase representa adecuadamente el fenómeno por el cual pretendemos comprender una realidad nueva con herramientas viejas. Me refiero a las palabras, a las ideas, a los marcos de referencia, a los sobreentendidos, a las perspectivas, que usamos constantemente para interactuar con un mundo que parece ir por otro lado. Tenemos que definir a la realidad como un desborde constante e imparable de producción de vida y de formas nuevas. Es correcto suponer que las nuevas experiencias no logran ser representadas eficazmente por los recursos nacidos y ligados a realidades que ya no son.
Un ejemplo: pretender entender el universo político aplicando las ideas de “derecha” e “izquierda”. No sólo no permiten comprender, reproducen una mirada inadecuada sobre las posibilidades de acción. Limitan el aprovechamiento de nuevas energías, que podrían ser capaces de nuevas apuestas y nuevos logros. Antes que intentar entender y difundir la propia acción política como un emprendimiento “de izquierda”, por ejemplo, sería muchísimo más útil, poderoso y efectivo hacerlo en otros términos. ¿Cuáles? Siguiendo con el ejemplo, me parece que la idea de gestión es más adecuada para nuestros tiempos, es decir, que es un concepto más capaz de generar movimientos positivos y deseados en nuestro país.
¿Por qué atrasa el pensamiento?
El pensamiento funciona también siguiendo las mismas leyes de comodidad y estabilidad que nos hacen en tantos casos optar por las jugadas menos riesgosas o por el menor desgaste. Algo es llamado de una determinada manera desde mucho tiempo atrás, se hace costumbre, se vuelve inamovible y real, y el trabajo de mirar de nuevo parece excesivo. O innecesario. O indebido. Pero no podríamos quedarnos en una explicación tan limitada y sombría: también hay en nosotros ansia de conquista y de belleza, y surgen constantemente ideas nuevas y perspectivas sorprendentes, lo que pasa es que no priman. El sentido común, el pensamiento standard, domina. No está mal, tampoco, es lógico, ese predominio está determinado por el caudal de energía que circula por la mayor parte de las experiencias humanas, pero es bueno saber que la producción de pensamiento (entendiendo por esto la de esas nuevas formas más capaces) no puede hacerse ver con facilidad. Además, por otro factor: el pensamiento nuevo es pensamiento en acto, elaboración de formas, productos, experiencias, pero no alcanza fácilmente consciencia explícita.
¿Las cosas son pensamiento?
El pensamiento no es una actividad sólo presente en las palabras. La manera más correcta de concebirlo es la de entenderlo como un proceso de elaboración sensible, que tiene lugar en un diálogo espontáneo entre las intensidades corporales y las posibilidades reducidas de representar esas intensidades mediante palabras (o en la conciencia). Pensar es cocinar el mundo, encontrar la forma que continúa el proceso de armado y desarrollo de la vida que encarnamos. Pensar es buscarle la vuelta, producir las formas necesarias para que la realidad se desenvuelva. ¿Qué fuerzas lo mueven todo? La producción incesante de desborde vital y el deseo, la fuerza que emana de los seres, su querer.
¿No te estás dando demasiada manija?
Pensar es darse manija, también, creer en lo que se vive y se ve al punto de tomarlo “en serio” (una manera vieja de decir “comprometerse”, que no implica seriedad sino puesta en juego, casi diríamos lo contrario), de meterse en ello y dar la batalla por el propio interés, deseo, necesidad, camino.
Bueno, ¿qué hacemos, entonces? ¿Crear neologismos?
¿Por qué no? Para empezar sería un avance entender que la realidad no está en las palabras, en el modo en que la representamos, que es necesario usar los recursos de pensamiento para producir los efectos que queremos, que el pensamiento es un útil y no una fatalidad, que es un recurso y no un destino. Pensamos para vivir, el pensamiento no puede bajar línea, tenemos que ponerlo en una relación más equilibrada y disfrutable. ¿Gozosa, erótica, lúdica? Son palabras que vienen, traídas por la costumbre intelectual, son palabras comodines en cierta jerga de pensamiento, valiosísima, pero jerga al fin. Otra cosa que podemos hacer: tratar de hablar sencillamente, sin jerga, yendo hacia las cosas, no adoptando la impostura de unos términos, unos temas, unos problemas, unas miradas, que no son ya auténticas en nosotros, porque no son vividas hoy por nadie.
La imagen es de Cary Smith.