Preguntas sobre el trabajo
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Este es un fragmento de una "Teoría de la escritura" que incluí en mi libro "Conciencia Rockera":
No importa qué escribo, importa que escriba. La escritura es una búsqueda constante, de un tono, del desarrollo de la propia mirada, de ideas, de nuevas perspectivas de las cosas que pasan, de aclaraciones y de problemas. Una práctica constante con la que me esfuerzo por expresar lo que se envuelve en nebulosas, las formas del caos. Un trabajo, una militancia, un sacerdocio, un esfuerzo, un placer, un desarrollo con el cual hay que convivir y al que hay que abordar de distintas maneras.
Tengo la certeza de que las dificultades que presenta la escritura se resuelven en la abundancia del ejercicio de la escritura. ¿Abundancia? ¿No se trata más bien de escribir en el momento justo, de aceptar ese "a veces" que señala la necesidad del texto a través de las ganas de escribirlo? Creo más bien que en ese esforzarse a sí mismo al ejercicio de la escritura hay una ganancia, que en ella se propone un medio para la elaboración y que su aceptación decidida y abundante, más allá de las ganas, es parte importante de esa elaboración.
El punto de la escritura se logra cuando los problemas, lo incierto, lo turbio del pensamiento y de la experiencia aceptan volverse parte de esa fluidez relativizadora y movilizarse en la escritura en vez de paralizarse en el temor de todo.
Las ideas aparecen tangencialmente. Muchas veces un texto que discurre sobre una cosa se precipita en otra y allí aparece la idea, una imagen que relaciona de manera certera varias cosas, que se ofrece como solución de una tensión o se muestra como perspectiva de mucho interés.
No digo que sea necesario llegar a la escritura automática, pero sí tratar de entregarse al movimiento. Saber que la escritura es un proceso paulatino y no dejar de intentarlo. Incluir todas esas cosas aparentemente secundarias de la existencia, detalles.
La escritura es un duelo de uno consigo mismo, una experiencia de autorreciclamiento. Cualquier arte sirve para esto. Los productos que arrojan, las obras, son secundarios. Lo más importante es este proceso interno, que funciona por la mediación de las obras.Si ponemos el acento en ellas, el juego se paraliza.
La imagen es de Anselm Reyle.
Link: "Conciencia rockera" en Bienvenidos a mí
Hay muchos, muchísimos libros buenos para aprender a escribir y a hacer libros. Estos son algunos de los libros que me resultaron de utilidad para formarme como escritor:
1. Escribir para televisión, de Madeline Dimaggio
Ella es una guionista americana con experiencia y da consejos prácticos de utilidad. Siempre me acuerdo que plantea que la primera versión de una escena es basura,que es como si uno hubiera agarrado el tacho de papeles y los hubiera volcado sobre la mesa. Después, sobre eso, se construye.
2. Cómo crear personajes inolvidables, de Linda Seeger
Seeger tiene varios libros sobre elaboración de guiones. Es clara y directa, da buenos consejos, hace pensar la realidad y el sentido de los personajes con inteligencia y practicidad.
Cuando uno empieza a pensar con las ideas que este libro aporta sobre los personajes capta muchos aspectos sobre los que trabajar para mejorar la trama y todos los aspectos de una novela. Empezar a pensar los personajes en serio, trabajarlos en detalle, nos vuelve mucho más perceptivos respecto de las historias en general.
3. The 38 Most Common Fiction Writing Mistakes (and how to avoid them) O sea: "Los 38 errores más comunes de la escritura de ficción y cómo evitarlos".
Es un libro genial, que aporta una visión de la escritura como un constante movimiento hacia adelante. Aplica las funciones de Play, Forward y Rewind. Tiene principios clarísimos que organizan mucho la trama. Quien necesite consejos básicos para empezar o hacer avanzar un guión o una novela acá los encuentra seguro.
4. Pájaro a pájaro, de Anne Lamott.
Subtítulo: Algunas instrucciones sobre la vida y la escritura.
Lamott es instructora de escritura creativa en una universidad norteamericana. El libro es lindísimo, tiene su voz, que es sensible y cuenta cosas diversas de su vida y su propio aprendizaje como escritora. Y da buenísimos consejos, por ejemplo: escribir “bocetos de mierda”. Adrede. O bien: “decir la verdad”, ver a la escritura como la búsqueda de la verdad. Por fin en castellano.
5. Revision: A Creative Approach to Writing and Rewriting Fiction. O sea: "Revisión, una aproximación creativa a la escritura y reescritura de ficción".
En este libro se plantea la revisión de los textos no sólo como el paso final en el trabajo de escribir sino como un método general, como una forma global de concebir el proceso. Es muy bueno: ubicarse en esa perspectiva permite vivir mucho mejor el camino de elaborar y lograr un proyecto de escritura porque transforma defectos en virtudes. Un enfoque genial.
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Este artículo lo publiqué hace unos años en Yahoo! Argentina, pero siento que no perdió vigencia:
Argentina Neurótica
La figura de la neurosis, proveniente del campo de la salud mental, es sumamente útil a la hora de entender la situación argentina. No tanto porque los individuos argentinos seamos neuróticos -que lo somos, de manera desigual, como en todos los países- sino porque el funcionamiento de la neurosis ayuda a ilustrar aspectos clave de nuestra convivencia nacional.
El neurótico, como la Argentina, no avanza decididamente hacia el cumplimiento de su deseo, no busca crecer (a veces lo hace, pese a sí mismo), más bien da vueltas, se enrosca, se enreda en miramientos y objeciones que tejen la trama que le impide acceder a la realidad. En vez de darse a la acción cultiva consideraciones interminables, disfrutando patológicamente de las vicisitudes de su padecimiento y prefiriendo perderse antes que encontrarse.
El neurótico, como nuestra comunidad, genera su identidad en base a una serie sacralizada de problemas, se define a partir de sus dificultades y no sabría que hacer sin ellas. No sabe pensar libremente, con osadía, un camino de desarrollo. No conecta con su crecimiento, no termina de intuirlo, pero accede fácilmente a representaciones catastróficas. Cuando crece lo hace porque su cuerpo tiene más empuje que su conciencia, y no logra acompañar ese crecimiento con pensamientos adecuados. Su modo de entender las cosas es confuso y está cargado de emociones enrarecidas, que enturbian el panorama. A esa confusión la considera su inteligencia, y la falta de claridad la adjudica a su profundidad. En vez de mejorar lo que le toca, lo ensucia, pensando mal, fomentando la crítica y el escepticismo.
Siente que antes de vivir tiene que ajustar las cuentas con un pasado al que cree más valioso que el presente, con el que no puede terminar de conectar. El neurótico, como nuestro país, da sustancia al pasado para aniquilar un presente que le exigiría trabajo y crecimiento. El neurótico entierra su vida en ese tiempo muerto, fantaseado, para evitar tener que actuar en la realidad de su presente.
El neurótico, como nuestro país, siente que tiene razón y se aísla. Cree que tener razón es lo más importante de todo, cree que las cosas suceden en ese nivel argumental en el que despliega su afectividad desviada. Al mismo tiempo repudia y envidia a otras comunidades más cumplidoras, que saben generar movimiento y responder a los requerimientos del avance. Siente que los que viven bien han claudicado, que han traicionado verdades trascendentes, o que son estúpidos que eligen vivir antes de rendir sentido homenaje a la imposibilidad. El neurótico siente que su no poder es prueba de cierta superioridad, y adora su incapacidad como si fuera una señal divina.
El neurótico, como nuestro país, elude el movimiento. Corta las rutas de su pensamiento y de su acción, porque prefiere abortar lo que crece en él antes de sostenerlo y reforzarlo. Frente a cada dificultad el neurótico amenaza con destruirlo todo, porque en su pensamiento infantil no puede sino tratar con toscos absolutos y está incapacitado para el arte del detalle. Elige imponerse a la situación, paralizarla, hasta que las cosas no sean como el cree que deberían ser, sin poder sin embargo aportar algo de valor a la construcción del logro que señala como necesario.
El neurótico huye del amor, lo critica y desprecia. Aunque lo añora y necesita, no es capaz de abrirse a semejante positividad compleja y exigente. No sabe darse, no sabe dejar de pensar en sí mismo, todo lo transforma en una cuestión simplista de imaginarios enfrentamientos e inexistentes persecuciones. El neurótico se cree importantísimo, central, siente que la realidad pasa por él, y al darse tal lugar se queda quieto y a las puteadas, porque el mundo sigue su curso más allá de sus mohines y desplantes.
El neurótico en vez de hacer trata de que nadie haga, sostiene que es mejor que los que hacen sean castigados por haber faltado el respeto a la pobreza sacrosanta, y da lugar a una mentalidad resentida y revanchista. El neurótico niega la existencia de posibilidades más saludables, trata de que nadie pueda lo que él se niega a sí mismo, considera que su enfermedad es el estado natural y enferma a todo el que quiera ponerse en marcha.
Un país neurótico es un país que tiene que curarse, una comunidad que debe proponerse el logro de superar costumbres que la hacen infeliz y la comprometen en círculos viciosos en los que malgasta su energía. La des neurotización de la Argentina es el objetivo principal de la buena acción política.
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