sábado, marzo 01, 2008

Recuerdo

El papá de un amigo tenía la costumbre de llamar a un número de teléfono que había elegido al azar (o eso me dio a entender) y ladrar. Un día vino a mi casa, pidió el teléfono, marcó y ladró. No decía nada, cada tanto llamaba y ladraba. Murió no hace mucho tiempo, pero desde hace años me hice muy amigo del hijo (lo cual no tiene que ver con la rareza que quería contar).

10 comentarios:

Pablo dijo...

Si tan solo hubiera hubiese acostumbrado maullar en vez de ladrar, te podría dar mi diagnóstico de que “aquí hay gato encerrado“ pero considerando las circunstancias... no lo sé.

Prefiero pensar que era alguien a quien les gustaba mucho jugar. Jugar a ladrar por teléfono. Casi que, por un instante, no resisto la tentación de hacerlo aunque sea una vez.

Pero creo que no me animo.

Guau : )

pd: que en paz descanse este buen señor.

Anónimo dijo...

Lo importante es trascender

Paradise dijo...

Con ese raro accionar dejó por lo menos en tu persona una interesante anécdota.

Saludos!

el winco verval dijo...

Creo que todos poseemos alguna característica poco común para los demás.

kejosé dijo...

El sentido

Es formidable la necesidad del ser humano de dar sentido a lo que pasa...

Desde los que se conforman con lo primero que les "cierra", hasta los que se toman tanto tiempo que se les pasa la vida.

Julián dijo...

yo tampoco puedo resistirme a la tentación de hacerlo aunque fuera sólo una vez...es más, creo que se viene una ola de ladridos...

Santiago Osores dijo...

Me imagino, y no sé bien porque, que a esa persona le gustaba ver "los tres chiflados", creo que era Muo, el que hacía un especie de ladrido, ¿ puede ser?


Saludos

Patto dijo...

"RARO" le queda chico.

Anónimo dijo...

Con todo respeto, alguíen tiene que decir que este señor era un boludo importante

Martín

Anónimo dijo...

Alejandro,

Hablando de ladridos y perros, el abuelo de mi suegro, tenia tres perros a los que llamó de manera más que extraña.
A uno le puso "Quien", al otro "Preguntale", y al tercero "Como Usted".
Sólo imaginar a alguien preguntando "cómo se llama el perro", hace que el humor en la respuesta transite un rato por ahí...

Gustavo.

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