
Existe una tendencia a agigantar las olas que hace la sociedad, que es siempre un mar tumultuoso, y a sentir que estamos en circunstancias excepcionales y peligrosas. Pero hay que recordar que esta es la vida real, no el sueño de un lago tranquilo y racional.
Además, este despelote político puede ser la oportunidad para dar un paso adelante, limitar el poder nefasto de los Kirchner y avanzar hacia políticos más capaces, interesados en el bien comun.
Los Kirchner no son los culpables, claro. Ellos, las personas, tienen severas patologías personales. Están para tratamientos psiquiátricos profundos, o para la reclusión. El país expresa su propia patología al hacerlos líderes, al tolerar esos tonos falsos, despóticos, ignorantes, exaltados.
Estamos en un nuevo despelote, disfrutando de la excitación que da lo excepcional, lo nuevo, lo indomable.
El de los Kirchner fue un gobierno de transición. Pensándolo asi lo salvamos, o nos salvamos nosotros. Pero tenemos que ser capaces de más, si no, repetiremos los traumas.
Culturalmente hay que ser capaces de superar al marido golpeador, la mujer sumisa o cretina, el padre golpeador o descuidado, el futbolismo, la madre dramática e infeliz, las adolescencias sin ayuda, perdidas y desanimadas, todas esas cosas que arman el trasfondo humano del peronismo, un movimiento pobrista.
Llegado este punto siempre alguien dice: eh, pero el radicalismo tambien fue una desgracia. Si, está bien, pero más inofensivo, me parece. Un intento de algo más serio que no salió del todo bien. Además, hablo desde mi conocimiento de la historia, que es escaso. Mi alusión al peronismo no es tan precisa. Aludo a un estilo argentino prepotente, sindical, tosco.
Lo que necesitamos es inteligencia, refinamiento, felicidad, ganas de vivir, entusiasmo, iniciativa, creatividad, participación no impostada, ganas de hacer, accion, movimiento, osadia. Efectividad, logros, avances concretos en problemas conocidos y repetidamente mal tratados.
A la Argentina hay que pensarla como a una persona enferma, a la que hay que hacer salir de su tendencia melodramatica y de su amor por el fracaso. Y hay que actuarla como a un emprendimiento serio, compartido, capaz de superarse.