miércoles, octubre 03, 2007

El matrimonio según Nietzsche

El bestial alemán, filósofo psicológico, pensador poderoso y heterogéneo, aborda el tema del matrimonio en un capítulo de su libro “Así habló Zaratustra” llamado, precisamente, “Del hijo y del matrimonio”. Y, como es habitual en su pensamiento, lo analiza partiendo de la idea de que no hay un único modo para dicha experiencia, sino teniendo en cuenta que a distintos niveles de fuerza le corresponden lógicamente distintas vivencias. La fuerza es en su pensamiento el factor clave a considerar para poder interpretar y comprender cualquier realidad. Por ejemplo, considerando la cuestión del valor del egoísmo, Nietzsche dice que este vale tanto como valga la persona egoísta en cuestión. Si se trata de un individuo valioso, capaz, representante de la línea ascendente de la vida (son sus términos) el egoísmo es en ese caso de alto valor, y hay que alentarlo. Si en cambio el egoísta es alguien débil, decadente, imposibilitado, su egoísmo carece de valor. Dicha persona no debe robarle recursos al que sí puede. Sí, un cristianismo al revés, una visión naturalista, no olvidemos que estamos hablando del autor de “El anticristo”.

Este modo de pensar, que a nuestra mentalidad le resulta tan extraño y desafiante, lo lleva a identificar dos modos básicos de vivir el matrimonio. Una cosa es el matrimonio de dos que se han buscado a sí mismos, es decir, que han desplegado su deseo, vivido sus problemas, atravesado sus fantasmas (cuando Zaratustra le da la mano al fantasma, es decir, enfrenta sus miedos, estos se transforman en duendes, ya no presencias amenazantes sino compañías extrañas y divertidas) y que como consecuencia de todo ese tránsito llegan a identificarse como valiosos y deseados el uno para el otro, y otra cosa es el matrimonio de aquellos que se unen, por el contrario, huyendo de sus problemas personales.

El hijo que surge del matrimonio debe ser un paso adelante en la vida de sus padres: “un ser más elevado debes tú crear”, nos dice, un ser que sea como una consagración propia, la continuación de la línea evolutiva que pasa por nosotros. Si los casados se encuentran como resultado de sus propias experiencias de búsqueda y crecimiento, el niño resultante tenderá a continuar la misma línea de desarrollo vital. Será un hijo de la victoria de cada uno sobre sí mismo, cosa que sucede cuando sentimos que no queremos que nuestros hijos padezcan lo que nosotros padecimos de chicos, es decir, cuando queremos ser para ellos mejores padres de lo que fueron nuestros padres para nosotros. Ese es el paso evolutivo, ser capaz de superar a los que nos hicieron a nosotros, darle al nuevo algo más y mejor de lo que nosotros recibimos. Sí, es cierto que no basta con pensar esto en términos económicos, que se trata fundamentalmente de una referencia al universo afectivo, al aire de amor que cada uno respira –o al que le falta, o en el que se asfixia-. El planteo tradicional o tradicionalista de querer, contrariamente, repetir –por respeto o idolatría- con nuestros hijos la forma de crianza que tuvieron nuestros mayores con nosotros implica que no hemos sido capaces de dar nuestro aporte al ciclo evolutivo. La tradición es por lo general contraria a la evolución, porque es un mecanismo que fija formas a las que no se quiere someter al cambio lógico generado por el paso del tiempo.

El matrimonio es un jardín, dice, para los que saben beber el amargo cáliz que es todo amor. Para este pensamiento de superación todo buen amor es amargo, porque tiene momentos de dificultad que piden desarrollo y crecimiento. El jardín del matrimonio es él mismo un estímulo para que el crecimiento de los casados continúe, ahora creando la vida de seres nuevos a los que se va a ayudar a ser más de lo que fueron los padres. Eso es un buen matrimonio. Pero los otros matrimonios, nos dice, lo que llaman matrimonio los demasiados, es una suciedad de alma entre dos, una vida compartida en la mezquindad, una convivencia que no tolera el crecimiento y la independencia ajena, que la siente amenazante, que por lo tanto la combate y limita. Al amor lo consideran una serie de tonterías y terminan dando el salto de esas tonterías a una única y prolongada estupidez. Son sus palabras, casi textuales. ¿Cuál es la tontería del amor? Aparece en la creencia de que uno sufre y hace locuras por amor, en la idea de que esas locuras (celos, escenas, temores, peleas) se explican como lógicas formas del amor. Eso no es el amor, sino las expresiones propias de quien no sabe qué hacer consigo, formas de la huída de sí, que tiende a proyectarnos hacia alguien como método para huir de nosotros mismos.

Uno puede encontrarse en el otro o perderse en él. El matrimonio bien avenido es una celebración de la búsqueda propia. En él, los casados dicen: yo, que me busqué y me hice de abajo, que exploré mi sensibilidad, que destrabé mi nudo afectivo (ese que todos tenemos), logré conocer mi deseo y encontrarte, y quiero ahora seguir mi crecimiento impulsado y sostenido por este amor, que me da alegría y felicidad pero que también tiene el valor de desafiarme y hacerme querer más cosas, más mundo, más vida.

9 comentarios:

Rincón de saldo dijo...

Eso de que uno puede encontrarse en la otra persona o perderse en ella es parecido a que uno puede saltar o ahorcarse con la soga. Me gustó la idea en general.

Maguila dijo...

Cada día más lúcido Nietzche! Comparto casi todo. Excelente post, gracias por compartir las ideas de Nietzche en un lenguaje más cercano a nosotros. La primera vez que leí a Nietzche en serio, pensé: este tipo es un cínico hdp, hoy, después de años de relecturas entiendo que hay que ver más allá, hay que abrirse a Nietzche para entender su esencia. Este post contribuye a eso. Como gran lector de Nietzche que se que sos te ruego que continúes con estos post divulgadores, sobre todo para nosotros, los olvidados del interior que no podemos asistir a tus talleres y conferencias.

Anónimo dijo...

Hola Ale, no sé si te acordás, soy Gaby Comte. Cada tanto entro en tu blog.
Me gustó mucho este post sobre Nietzsche y el amor y el matrimonio.
Gracias!!
Me encantaría verte!! Seguís llendo al Torreón??
Beso

OliverX dijo...

Alejandro:
Un placer inmenso es leer análisis tan claros acerca del gigante pensador y filósofo Nietzsche. Para mí ha sido una revelación haber leído "Así hablaba Zarathustra" y cada vez que lo releo comprendo el universo de una forma más amplia.
La contradicción en la que uno cae al leerlo por primera vez se basa únicamente en lo desestructurado de su pensamiento. Se tarda un poco en ver más alla del árbol. Pero, sin dudas, el bosque aparece al final de la confusión inicial y todo se hace más sencillo.
Como fiel oyente del exprimidor, es un placer escucharte cada mañana con tu columna.
Igual el mérito de llegar a tu blog lo tiene Opiniones Independientes.
Saludos,

Rob Rufino dijo...

E X C E L E N T E ! ! ! !

Pero que dificil es destrabar ese nudo afectivo... Creo que uno puede sentirse satisfecho si aprende a vivir con el, a reconocerlo...

Y si logramos destrabarlo, habría que ver si no volvemos a atar ese nudo (u otro muy parecido) en otro momento de nuestras vidas...

Supongo que si lo reconocemos y aprendemos a reirnos de él podemos llegar a ser casi super hombres...

Rob Rufino dijo...

Ale
Que opinaría Zaratustra del matrimonio homosexual?

En mi opinión el hecho de estar en pareja con alguien del mismo sexo te hace perder algo...

Creo que al buscarte en una persona del sexo contrario hace a la búsqueda más interesante.

Que pensas al respecto?

gabriel dijo...

En serio creés que los hijos deben ser como una consagración propia? la continuación de la línea evolutiva? No estoy de acuerdo! dejemos a los chicos un poco tranquilos, pongamos un poco menos de expectativas en ellos y tendremos hijos més felices. Saludos, Gabriel

Eli dijo...

Muy bueno este comentario, yo debo confesar que aún no termino de leer "asi habló Zaratrusta" y eso que llevo un año haciendolo!! es que me pasó como maguila, en un momento pensé que era un cínico-enfermo-retorcido y dejé de leerlo; pero con el tiempo lo retomé porque siempre me pareció DIVETIDO. Su "otra Visión" del mundo me divierte, sobre todo la dureza de sus críticas, y además con el tiempo creo que en varios de sus pensamientos son mucho mas atinados y actuales de lo que parecen a primera vista.

Rafael.M.M dijo...

Así habló Zaratustra es una obra suprema de un ser con una capacidad que asusta, pues Nietzsche ve y analiza el problema desde su inicio, desde que surge en el ser humano. Su visión es tan objetiva que no resulta sencillo llegar a descifrar cómo él pudo ver el mundo de esa manera "el mundo real".

Nunca he aprendido tanto. Entre Nietzsche y Hesse he encontrado la sombra que había perdido.

En cuanto al artículo, si queremos progresar es obvio que nos preocupemos para nuestros hijos vean el mundo de una forma diferente. Y que esa evolución se de en ellos. En cuanto al matrimonio, y a los celos y a todo ese juego de miedos propios es algo que es difícil de superar pero que todos tendríamos que analizarnos y averiguar de dónde viene el problema.

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