domingo, septiembre 23, 2007

Monografías a pedido: industria nacional

Parece que la mayoría de los sitios que venden, confidencialmente por supuesto, monografías a pedido, son argentinos. Estudiantes incapaces o perezosos encuentran aceptable la opción de comprarle a alguien el trabajo que tendrían que ser capaces de hacer.

La noticia despierta muchas asociaciones, variadas. Por un lado demuestra una vez más la voluntad nacional de truchismo y avivada, la falta de exigencia y lealtad, la pasión por la trampa y la transgresión (que a la moral argentina le resulta demasiadas veces prueba de inteligencia, cuando es exactamente lo contrario). Por otro lado la noticia señala una gran capacidad ociosa, es decir: mucho intelectual o universitario capaz de hacer pero sin saber qué.

La falta de un deseo hace de ese sector calificado un sector desorientado, dispuesto a ganar por izquierda la plata que no sabe cómo generar honestamente. Claro, deben justificarse diciendo todo tipo de boludeces: que nadie valora su capacidad mental, que el mercado neoliberal te cercena o limita, que el capitalismo desnaturaliza al ser humano, las pavadas de siempre. También el estudiante que paga a otro por hacer lo que debería hacer debe justificarse con miserabilidades de este tipo: que el profesor es demasiado exigente, que las materias son filtros, que la educación está mal organizada. La crítica siempre salva a los incapaces de confrontarse con sus propios límites.

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8 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece evidente que sí se puede presentar una monografía sin haberla hecho y, aprobar; el ejercicio que plantea el profesor no sirve para aprender.

La educación en el país está, efectivamente: para el otro.

No es excusa, es realidad.

Vagos y truchos seguirán habiendo. Lo que me preocupa es qué le aporta a quien realmente hace la monografía el hecho de hacerla.

PD: jamás me he copiado. No digo esto desde el lado 'trucho'.

Barullo dijo...

Quizás también habría que analizar el tema de pedir monografías.

Pasan por ser grandes conocimientos, cuando no son más que refritos de escritos de otros autores, sin agregado valioso.

Lo que resultaría raro sería que todos los estudiantes fueran capaces de hacer una monografía que valiera la pena.

Lo mismo para las tesis universitarias.

flor guillermina maestro dijo...

De no creer!

Anónimo dijo...

Muy bueno el dibujo de flash!! Va justo, de donde lo sacaste?

titan dijo...

soy ingeniero, y durante mi carrera pocos profesores lograron pedir tps y monografias que realmente sirvan para algo.

Leo_SCI dijo...

Interesante planteo, en particular para mí que recién empiezo como educador. Es verdad que se piden muchas monografías que ni se leen a veces, pero creo que va mas allá el hecho de hacerlas por uno mismo. Si bien el contenido debería importar, aunque así no fuera para el que las "mira", estas monografías para el que las realiza, si lo hace a conciencia, aporta la práctica en el desarrollo intelectual de relacionar contenidos, resumir y extraer ideas principales y reescribirlas. Al menos creo que eso debería pasar.

Alejandro Rozitchner dijo...

El dibujo lo tenía en la carpeta en la que mi hijo de 4 años y yo acumulamos imágenes de las cosas que le gustan...

Chaostar dijo...

Para quienes insisten en que "las monografías no sirven", realmente piensen de nuevo. Comprendo perfectamente lo que quieren decir, pero no puedo estar de acuerdo en la perspectiva. Eso depende de cómo se lo haga. ¿Para que "tienen que servir"? Sirven mucho como ejercicio, siempre que uno no esté encajado en la perspectiva cómoda, y meta deseo y originalidad en el trabajo. Esto se aplica a todo. Parece que nuestro ambiente cultural tiene una visión negativa de la singularidad y la verdadera energía productiva y creativa. En conclusión: que sirva depende enteramente de cómo uno encara el trabajo. Y ojo que no me considero genial personalmente en este aspecto, pero es una cualidad que admiro y a la que aspiro, o que me inspira. Justamente estoy trabado hace tiempo con mi tesina de psicología.

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