jueves, enero 15, 2009

Destino o aventura


Decir que la vida es una aventura señala el carácter abierto de la experiencia de vivir, la carencia de certezas, la imposibilidad de hacer planes en un territorio básicamente móvil e incierto, la completa falta de previsibilidad no sólo en los factores externos sino en el mismo territorio íntimo del deseo (Lo inconstante no es solamente el universo de hechos incontrolables, sino la misma variación interna del querer, también problemática y ambivalente).

La denominación del conjunto de incertezas como una aventura le da al mismo un carácter afirmativo y valioso: no se trata de algo a lamentar sino de una descripción en la que se abre un movimiento generador de sentido. ¿Vamos a acentuar, en la aventura, el riesgo y los peligros o la vibración vital, el nervio, la conquista y el despliegue?

Pasa como pasa en el campo de la religión. Para quien viene de una posición creyente, la idea de la inexistencia de dios supone una decepción. Si no hay dios, piensa el creyente en zozobra, entonces estamos solos en el universo, abandonados, no hay orden ni garantías. Su camino de distanciamiento de la fe le quita algo que antes tenía, y que por el momento no puede reemplazar. Se siente solo. Pero para quien nunca sintió la fe ni necesitó la figura superior y todopoderosa de un super padre, la inexistencia de dios no trae ninguna decepción. ¿Cómo solos, si estamos todos juntos? ¿Abandonados por quien, si nunca hubo nadie? Ni falta que hace: la humanidad siempre estuvo en una posición delicada y autónoma, y puede perfectamente vivir su sentido de esa forma.

Entonces: el carácter indomable de la vida puede ser asumido como aventura (excitante, abierta, creadora, interesante, plástica) por quien no tiene necesidad de querer un control estricto, es decir, por quien no tiene miedo ni retrocede ante la inseguridad. Por quien puede, frente a la duda, sentir y decidir, jugarse por una opción, por un camino, construir su vía de sentido.

Para los más tímidos o tibios, el carácter de incerteza no le abre una aventura sino una tragedia, un vacío, y en última instancia, un destino. La aventura plantea una exigencia que les resulta intolerable.

Porque el destino es lo otro de la aventura, la versión neurótica y débil de la vida. En la visión del destino no hay movilidad ni libertad, ni espacio para el deseo y la creación. Para el destino hay caminos prefijados, invariables, sumisión a determinaciones que cierran la experiencia de vivir, que imposibilitan el “ir viendo” propio del riesgo de la aventura. El destino nos congela en una forma sin discusión. No hay querer auténtico, sólo movimientos repetidores de un trasfondo fatal y predeterminado. Y triste, y cerrado.

Adherir a una visión u otra es la principal expresión de una personalidad, su marca distintiva. El clima de una existencia puede ser leído en función de esta doble variable. Pero es bueno saberlo, y también estimular las posiciones más valiosas, más osadas, más creativas, para no quedar ni en lo personal ni en lo social, atados a estructuras limitantes y empobrecedoras.

Imagen: José Parlá, del genial site Fecal Face

8 comentarios:

Anónimo dijo...

El destino es el camino de los pobres.

Carlos Anchorena

Anónimo dijo...

venia bien el posteo hasta que hablaste de los "creyentes". En un posteo que estaba yendo a la medula del tema del vivir, agarraste por el lado de la creencia, cuando en realidad incluso los creyentes no experiencian la "falta de Dios" como vos decis como una perdida. Es una caricaturizacion lo que haces, quizas de un creyente medio boludo, seguro que lo hay, pero le resta a los creyentes que viven vidas muy completas, muy firmes. Fijate sino la entrevista de Jaime Bailey a su madre Doris (muy creyente) en youtube (como un ejemplo de una persona creyente y con una vida plena).

Magah dijo...

Me quedo con la invitación a pensar y repensarme en una vida creativa, de aventuras, haciendo esfuerzos terribles para salir de mi cultura a cerca de vivir y trabajar para las certezas para el futuro.
Si hago eso me pierdo de realizar mi historia personal, mis deseos mas profundos, que sin duda son los únicos que me darán la mas absoluta satisfacción.

También se que hay personas muy creyentes que llevan adelante su vida sin estar condicionados por sus creencias, y que en todo caso la presencia de su Dios, en cada paso de exploración de la vida, en cada aventura a la que se animan, es una compañia incondicional.

PECHITO ARGENTINO dijo...

Un post interesante por donde lo mires. Me gustó mucho el juego entre destino y aventura. El aventurero ansía una vida donde el futuro es impredecible, quiere él construirlo. La idea de destino es de cobardes o de cómodos poque, como todo ya está escrito,lo que sucede no atañe a la voluntad del individuo.
Lo que no me quedó claro a mí tampoco es la idea del creyente. Yo concibo a este universo creado por un Diós; creo en Diós. Pero eso no significa que a mi vivir se agreguen o quiten garantías. Si mañana alguien me asegurara que ese Dios no existe yo tendría que vivir mi vida tal como la vivo hoy, con los mismos riesgos y con la misma indefensión y con la misma fortaleza.
Como creyente pienso que Dios es esa totalidad que contiene al universo y no creo que se dedique a atender minucias cotidianas.
La aventura de vivir corresponde al Hombre y sólo el Hombre forjará su vivir. Él será responsable de sus penas y de sus alegrías.

Anónimo dijo...

Tengo mis reservas sobre algunas personas que me han declarado ser creyentes y se han comportado verdaderamente mal conmigo , de una manera bastante cruel por decirlo de alguna manera , me da la sensacion que muchos creyentes se comportan mas bien como socios de un club que como colaboradores de la voluntad divina que no es otra cosa que el amor y el respeto por el projimo sea quien sea sin distinciones , es facil escudarse en la creencia obrar mal y luego justificar el error , diciendo el que este libre de pecado que arroje la primera piedra , por ejemplo en mi casa vive una mujer joven que se considera creyente tiene la casa llena de estampitas y rosarios , pero miente , trata mal a su hijo , se considera vidente tira las cartas en fin la lista es interminable e impresentable , aparte dios no conoce enemigos ni justifica guerras y agresiones , muchos de los creyentes se escudan en la voluntad de dios para arrancarle la cabeza al enemigo , ese es el problema central del creyente de tribuna , consejo si quieren comprender la voluntad de dios observen atentamente el comportamiento de las aves creo que van a poder comprender mejor de que se trata ! cariños , Lucas !

Pablo dijo...

Hola Ale, hacia rato que no pasaba por aquí ni te comentaba nada pero este post me parece sumamente interesante asi como toda tu reflexión sobre el tema.

Hay una frase que creo que es de Henry Thoreau que dice algo asi:

“Cuando elige, el hombre arriesga su vida. Y eso lo hace libre!“

Siempre me gustó esta frase!

sds,

Dexter dijo...

Creo que la aventura es hacerle fuck you al destino, pero no todos estamos hechos para lo imprevisible. No estar preparado a cruzar el océano o el desierto, es una opción respetable, y no lo es tener el deseo de hacerlo e ir para atrás por el miedo. En cuanto a la religión y gracias a este blog, cada vez veo mas la construcción de un Dios Light, donde los castigos y las prohibiciones han sido reemplazada por una oficina celestial de atención al cliente con satisfacción garantizada. La religión es y será una trampa a la experiencia de la vida. Un virus al estilo de software informático, cuidadosamente inyectado en las conciencias para alterar su correcto funcionamiento.¡Rozitchner, sos un antivirus!...

Anónimo dijo...

Alejandro, me gusto mucho tu post y su vitalidad, su fuerza. estoy de acuerdo con vos en que la vida es aventura, riesgo, ir a buscar. pero me parece que tenes un prejuicio anquilosado de lo que es un creyente o alguien que tiene fe. creo en dios, pero para mi Dios es una pregunta, constante, un vacio, abismo, y no un super padre que me soluciona y tranquiliza con su existencia dandome todas las respuestas.. abrazo grande
Emilio

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