miércoles, mayo 27, 2009

Infancias felices


La gente que dice que tuvo una infancia feliz me indigna. Puro resentimiento de mi parte, como se ve en el hecho de que lograr darle una infancia feliz a mi hijo me parece no sólo posible sino la más alta de las aspiraciones.

Pero igual no les creo. Me doy cuenta de que es un problema mio. Pero me llama la atención la cosa...

¿Tan mal la pasé yo o qué estoy enfatizando para tener una sensación de tristeza ligada a la infancia? ¿Será que a todos nos pasa un poco, que hay un aspecto triste en haber sido un chico?

26 comentarios:

Anónimo dijo...

La foto de la infancia en mi caso tuvo cara de traste (textual: cara de traste tenía cuando era chico porque lo pasaba mal). Tengo hijos grandes que nos dicen (a mi mujer y a mi), que tuvieron una infancia feliz. Ahora me doy cuenta que hace rato que encontre una saludable sonrisa.
Muy linda la foto. Tengo una parecida en los tonos sacada en el botánico de palermo.
Saludos.

Eduardo

Luis dijo...

A mí me ocurre algo parecido. Por eso creo que la niñez es una edad muy difícil. Suelo pensar que quienes eso dicen tienen muy poca memoria.

Por contraste mi adolescencia, la época de la escuela secundaria, la experimenté como muy feliz y plena .

Y en esto último debe haber también influído la superación de la niñez que viví como una liberación de ese estado.

Luis N.

Marcos Gaser dijo...

No sé porqué te indigna que haya gente con infancias felices.

Yo tuve una infancia totalmente feliz, y es terrible, no tenés la excusa de echarle la culpa de tus mambos, inseguridades y neurosis a algún oculto trauma infantil.

José Luis dijo...

Habrán quienes puedan catalogar su infancia como feliz. Pero a mí se me hace extraña esa taxonomía de feliz/no feliz.

La infancia es un montón de cosas, implica mucho descubrimiento, mucho de explorar a ver cuál es tu lugar y dónde estás vos y dónde los demás, entender cuáles son las reglas que gobiernan todo, desde el lenguaje hasta las relaciones personales... Todo eso implica ansiedades, dudas, en todo caso cosas ajenas a la felicidad, que no la impiden pero tampoco la abonan, vamos.

Ni siquiera diría que es un período fácil, como muchos también eligen verlo.

Sí es intensa, sí es plena. Pero ¿feliz? No sé. No es mi caso.

JL

laura dijo...

yo tuve una infancia de mierda

goolian dijo...

No hay que generalizar.
Depende de muchas cosas.
Me animo a intuir que tu infancia fue signada por la separación de tus padres.
La mía en cambio puedo decir que fue feliz.
La adolescencia si bien no fue triste o angustiosa, estuvo marcada por la dictadura y la busqueda de identidad.
Pero me parece loable la idea que la felicidad de los propios hijoes es tarea importantisima.

Lean... dijo...

Yo creo que muchos han sido felices en la infancia porque se encontraban libres de los traumas, prejuicios, miedos y culpas que después adquirieron. También creo que sólo un miserable es completamente feliz en la adolescencia.

DIEGO dijo...

En mi caso no sé por qué se empeñan en recordar la infancia en términos tan rotundos como felicidad o tristeza.

Me parece que es una mirada melancólica desde un presente un poco resentido, sin duda, pero no me parece muy digna. Sobre todo por respeto a quienes fuimos, que no deja de ser quienes somos.

Abrazo.

Anónimo dijo...

Hola Ale
En todas las etapas de la vida hay un aspecto triste, lo que se me ocurre es que de chico es imposible manejarlo. Creo que para eso deben estar los padres y por ahi , tal vez, se haga la diferencia.
un abrazo
jose Sztrum

pirula dijo...

creo que sí hay gente que tuvo una infancia feliz y a mi también me indigna, porque me da un poco de envidia!

para mí las infancias no felices son producto de la pérdida de la inocencia a una edad temprana. el precoz asomo de la angustia existencial, del dolor, por el motivo que sea, corren ese velo y nos dejan una visión del mundo triste y confusa.

igual, conozco más gente que se puso las pilas para ser feliz hoy habiendo tenido una infancia de mierda, y lo logró, que gente que tuvo una buena infancia y hoy lo pasa igual de bien.
así que supongo que en realidad no los envidio tanto, es sólo que me da pena recordarme tan pequeña y tan angustiada.

x

pirula dijo...

( de paso, no es impresionante el parecido de tu hijo mayor con tus fotos de cuando eras chico?)
x

John Van Allon dijo...

Me sorprende que la mayoría pensemos que tuvimos una infancia de mierda, pero que nuestros hijos son felices. ¿Loco, no?. De los más terribles abuelos salieron los mejores padres. De los más sufridos de los padres salieron los más felices de los hijos. Hermoso. Para reflexionar mientras esperamos en el auto que nuestro hijo salga de terapia.
Por otra parte, Alejandro: Veo que solo te cerrás en tu mirada personal de las cosas (derivada de tu experiencia única e intransferible) y desconfiás de la palabra de los otros, si es que se aparta de tu criterio. No dejás lugar para otra cosa. Me gustaría leerte un día diciendo que la opinión de otro te modificó en algo la tuya o que la cambió. Igual te quiero mucho, aunque odies a las viejas que tardan mucho en cruzar.

laura dijo...

yo no creo que alejandro se cierre en su mirada personal de las cosas, es un buscador, escucha, aprende, modifica. y después viene y nos cuenta.

Barro dijo...

Durante muchos años jodía a un amigo con el comentario de que la suya era la familia Ingalls. Vos ibas a la casa y hasta que todos no terminaran de comer, nadie se levantaba. La madre lo despertó una vez, el día de su cumpleaños, con un beso cariñosísimo y una bandeja de desayuno. Yo le decía que en su casa seguramente cada uno de los hermanos tenía una taza con su nombre (y ya tenían 20 y tantos). Con el tiempo me di cuenta y le admití que lo mío era envidia.

Creo que poca gente está a dispuesta a reflexionar y conceder que su infancia fue triste o difícil.

Cuando la gente añora tiempos pasados, no puedo compartir ese sentimiento. Creo que cada vez estoy mejor. Además, me parece que si uno es inquieto, reflexivo y hace algún tipo de terapia siempre crece para adelante, mejora, se expande y va superando etapas pasadas.

Siempre me es peligroso embobarme con el pasado, como si fuera la gloria.

Último punto. En el dolor, en la tristeza hay cierta sensación o fantasía de sensación de omnipotencia. Nada me puede afectar, porque tengo la bronca y la potencia que me da el odio.

Por otrísimo lado, ¿quién no fantaseó con la idea de morir, o suicidarse, y ver a todos sus conocidos lamentando la decisión del héroe?

bahhh, me fui pa´l carajo.

Anónimo dijo...

Creo que mi infancia fue feliz. Porque mi viejo casi no existía, trabajaba todo el día o siempre estaba becado aquí o allá. Así que yo era el amo de la casa. Alguien comenta que tal vez la tristeza de Alejandro se debe a que sus padres se separaron. BUeno, mi tristeza durante mi adolescencia, se debió a que mis padres estaban junntos a la fuerza y en el fondo estaban resentidos conmigo porque no se separaban por mí. En mi adolescencia mi padre volvió a casa quizás desengañado de tantos esfuerzos inútiles, pero en lugar de sacar una eneseñanza con eso, terminó por ensañarse con sus hijos para que repitiéramos el desengaño. Por eso mi adolescencia fue triste. Fue cuando mis padres comenzaron a destruir todo lo que yo quería. En este sentido ese dolor lo causó lo que vos Alejandro definís, de manera acertada en otro comentario de este día: "Si una persona es apoyada en el despliegue de su querer formará en sí misma una sensibilidad vital, amorosa, abierta. Si es educada en el intento de hacerla caber en el molde del deber empezará a albergar resentimiento, desazón, desinterés".
He querido a mis padres pero debo aceptar que este "tironeo" a que algunos padres exponen a sus hijos con argumentos relacionados a la sobreviviencia y el bienestar, sólo están generados por el resentimiento y la terrible envidia hacia esas criaturas que son pura vitalidad y hasta tienen la chance de cumplir sus sueños.
Uno a la larga hace lo que quiere pero lo hace con una sensación de haberlo hecho a medias, mal, sin compañía, luchando contra un mandato de mierda, sin la debida y natural felicidad que da hacer lo que uno quiere y es bueno para uno. Esa satisfacción de hombre que logró su objetivo f unciona cuando ese hombre luchó contra lo establecido, la sociedad. Pero cuando el peor enemigo de sus deseos son sus padres, es una verdad mierda. (Eso odio cuando la gente dice: "bueno lo hicieron creyendo que lo hacían por tu bien")Para lo único que sirve estas experiencias es para no volver a repetirlas. Tengo una hija y podrá decir muchas cosas de mí, pero nunca podrá reprocharme que no la acompañé en sus proyectos, con respeto, a veces haciéndome a un lado que es la mejor manera de ayudar a alguien. La veo vital, haciendo, disfrutando, viajando, conociendo, no sobreviviendo si no experimentando. Por ahí es mejor tener una infancia infeliz y no cargar toda la vida con una vida de constante tironeos. F.S

Santiago Javier dijo...

Me parece que la infancia es un momento de mucho sufrimiento y también de cosas buenas. Yo fui un niño triste, pero algunos recuerdos hoy por hoy, no me parece tan tristes. Creo que la infancia perfecta no existe, en algún punto todos padecemos de la tristeza de ser niño en un mundo de adultos, que aveces, no nos entienden, y eso es dolor.

Dexter dijo...

Vos lo decís exactamente: Darles a tus hijos esa infancia feliz será tu mas alta meta; lo que deduzco que en tu caso puede estar potenciado por ser un hombres entrenado en la búsqueda de sentido. Ahora bien, desde el plano de la normalidad familiar, donde cada niño acompaña las viscisitudes del destino de su grupo. La experiencia infantil estará vinculada a los resultados de esas interacciones.
Los niños suelen regular el comportamiento adulto. Si se ejerce la paternidad como una acción concreta a desarrollar, se tendra hacía ellos ciertas estrategias para organizarles la crianza de una manera razonable y satisfactoria. Pero no siempre existe esa visión y muchas veces los niños son como cometas errantes girando alrededor de los adultos que los contienen.
Desde luego que la felicidad no se garantiza por la responsabilidad de sus progenitores, pero creo que a veces el marco confuso de la desorganización existencial, le pega mal al infante. Deberíamos reunir a aquellos que recuerdan infancias felices y recolectar elementos que demuestre el patrón de tal satisfacción. Sospecho que sus padres tienen que ver.

Anónimo dijo...

Pirula: No sé que le ves de impresionante el parecido entre Alejandro y su hijo. Impresionante sería si el hijo mayor de Alejandro se pareciera a Fernando Savater o a Feinmann.

Ramiro dijo...

como varios ya dijeron no creo que se pueda hablar de infancia feliz e infeliz. Puede haber infancias con mas carga de emociones negativas, por perdida de seres queridos temprano, enfermedades, etc. En ese sentido si veo que puede haber infancias muy desafortunadas. Pero para todos la infancia es una etapa muy inestable, donde un sostenido estado de placer me parece poco probable.

MarianCh dijo...

Bueno, Freud ya hablaba de la novela familiar del neurótico, cada uno crea la historieta. Me acuerdo cuando conoci a mi esposo y me dice: mi familia? fantastica, SONAMOS pense, y la realidad superó mis expectativas!
ahora sobre la tristeza que causa pensar en la niñez, no se, algunos habremos tenido una triste infancia y otros sentiran nostalgia....

Fernando dijo...

Pero que odioso que se pone a veces este tipo Alejandro! yo venia convencido de que mi infancia fue re-feliz y ahora de repenchi me encuentro preguntandome si no es que me acuerdo de mi infancia como bella inocente y pura porque no tenia que cagarme a trompadas para impresionar a la rubia de las tetas infernales... y logicamente o perder la pelea o ganarla y que la rubia no te de pelota igual... para finalmente terminar atracandome algun bagre de la mesa de saldos JAJAJAJAJAJAJAJA.

Porque por ejemplo, ahora que me acuerdo, una vez me afanaron una figurita dificil de titanes en el ring y por ese motivo nunca pude ganarme la pelota de fobal numero cinco. Y para colmo mi viejo me cago a pedos por boludo. Y te juro, en este momento el veneno me fluye como en ese entonces...

Ricardo dijo...

Ale, yo creo que las infancias de la gente de nuestra generación fue al menos compleja, en general pienso, porque nuestros padres eran muy inmaduros. Crecimos un poco como grandes, y ya de jóvenes nos encontramos envueltos en problemas graves.

Puede que nuevas generaciones tengan recuerdos más felices, por sus padres eran tal vez más maduros afectivamente hablando.

En todos los casos, hay gente que la recuerda complicada, dolorosa, otras que tal vez la tuvieron feliz, otros que la tienen tan disgredas por el dolor que ni las recuerdan, y otros que la fabulan como la película El Gran Pez. Este último caso me dá por la pelotas!! jaja. Se arman padres a su antojo, idealizaciones ridículas y encima, los toman de guia y ejemplo, andaa!

Jacques dijo...

Rosebud, Rosebud...

luli dijo...

Yo tuve una infancia feliz. Estoy segura de eso.
Supongo que en parte se lo debo a mis viejos, pero tambien, y mucho, al hecho no haberla pasado en Buenos Aires.

Anónimo dijo...

yo tuve una infancia y una adolescencia de mierda. Un mierda simple eh? nada de cosas terribles o perversas... no.... simple mierda cotidiana, un poquito todos los dias. madre de mierda, comida de mierda, ropa de mierda, escuela de mierda, maestros de mierda, proceso de mierda...

Las estúpidas de mis ex - compañeras de la secundaria dijeron en una reunion de 30 años de egresadas, por ejemplo, que no supieron que la gente desaparecia ...

qué gente de mierda.... y bueh...

asi cualquiera es feliz.

Superchic dijo...

Bueno, yo creo haber tenido una infancia muy feliz en general, a la que le siguió una adolescencia muy depre, y una joven adultez no se si más depre aún. Hoy ya estoy un poco mejor, pero vaya que por 12 años felices tuve 16 años complicados!
Creo que nadie es feliz TODA la vida, siempre hay mejores y peores momentos, si no fuera porque estoy media chapita, la verdad no sé.
Por ejemplo, me gusta mucho la música de los años 80,era la música de mi infancia, creo que es justo porque no me hace acordar a nada malo.
Te digo que no es fácil haber tenido algo bueno para no tenerlo jamas después, es como que ya no tiene mucho sentido vivir. No se va a volver a repetir.

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