lunes, octubre 06, 2008

Sobre la muerte de mi mamá

Se está por cumplir un mes de la muerte de mi mamá y quería hacer público mi agradecimiento por los 60 comentarios que me hicieron los lectores de este blog al posteo donde cuento la noticia. Me alegra recibir apoyo y buena onda de tanta gente y se los agradezco mucho, realmente.

Link: Ayer murió mi mamá
Link: Apuntes desde terapia intensiva

11 comentarios:

titan dijo...

Que LINDA foto! Tus dos nenes paraditos ahí al lado de tu mamá, tranquilos, esperando. Me encantó.

Sobre los comentarios, más allá de las ganas de acompañar que tiene uno en esos momentos; personalmente me movilizó mucho la manera con la que encaraste el tema. El texto que escribiste ese día es MUY BUENO, y de vez en cuando le doy una leida.
Esa visión superadora que tenés para encarar los asuntos; ayudó a que recibieras tantas muestras de afecto.

Anónimo dijo...

Alejandro, sos una persona que se hace querer ademas, entraniable, por eso recibis/te esos mensajes de afecto y apoyo. Por mi parte, ademas has hecho mucho por mi generando varios click en mi cabeza. Con tu entusiasmo transmitis buena energia. Estoy con vos hermano. Un abrazo fuerte. Emilio

capitanfla dijo...

;)

Mai dijo...

Qué hermosa foto. Me alegra saber que te hayas sentido acompañado!
Un abrazo grande para vos y tu familia.

Anónimo dijo...

Ale : te acompaño en el sentimiento , el vinculo madre-hijo es muy duro de romper y es mas duro aceptar que tiene que partir , son cosas de la vida ! Lucas .

Anónimo dijo...

De nada.

emilio

María del Carmen dijo...

Alejandro: no leí tu post hace un mes, recién lo hice hoy. Y me acordé de la muerte de mamá, después de haber padecido Alzheimer por 10 años. Y de cómo sentí una mezcla de alivio y tristeza: mamá no era esa persona que ya no nos reconocía pero aún podía abrazarla y sentir su cuerpo, su olor. Y reviví el golpe de saber que ya no soy más "hija" sino la "mayor" de la familia. A medida que te escribo me caen las lágrimas, por lo que me doy cuenta de que esos sentimientos aún están a flor de piel. Un beso grande

Anónimo dijo...

que buena foto...me conmovió tanto como el texto de aquel día...que mamá y que hijo!! de los nietos ni hablar....
un beso grande Ale.

Anónimo dijo...

Hola Alejandro,

Tu mamá era muy amorosa.

Te queremos mucho.

Un abrazo enorme y besos
Aurora

Anónimo dijo...

Lamento la muerte de tu mamá. Recién ahora me entero. Perdí la mía hace cinco años y sé lo que es; pero solo su cuerpo se fué. Su espíritu vive en mí como el de la tuya vive en vos. Papá había muerto 6 años antes y ella lo extrañaba, mucho. Me dió rabia que se fuera y estando en la capilla ardiente le escribí un poema que transcribo abajo. Es una tradución. Mi original fué en inglés. Seguramente algo así habrás pensado tambien vos. Un abrazo. Salvador Oria.
Para E. C.

Estás allí, descansando,
pálida, silenciosa, como viendo a través
de tus entreabiertos párpados
el cuadro que dejabas atrás,
perdidos ya toda tu fuerza de voluntad
y esfuerzo para sobrevivir;
todo listo para abandonarme,
sin una palabra, suavemente,
sabiendo que debías,
(a pesar de lo que ya habíamos hecho)
ambos sabíamos, lo que se debía hablar.

¿El impulso de volver a verlo, fué tan fuerte?

Allí descansas,
llevando a tus espaldas todos esos años
que te han dejado inmóvil
como una rubia, pequeña, frágil y liviana niña
atrapada en el viejo envase
de tu piel, ahora de rosas marchitas
y tus opacas mejillas,
llevando en ellas aún millones de besos
de todos los hombres y chicos que te amaron,
en miles de capas;
todos los soles y estaciones y vientos,
labios calientes de Primavera y Verano
conocieron el terciopelo de su tacto,
donde muchos fríos congelados de Invierno
dejaron también su inmisericorde marca.

Quieta y tranquila descansas.
Guardaste bien tu secreto.
¿En que estabas pensando
en las últimas paradas de tu viaje?
¿Tenías alguna idea
de lo que tu partida intempestiva,
sin aviso,
haría conmigo?
Oh no, no tenías derecho
a saltar fuera de este modo
impensable, egoísta, desamorado,
cuando bien sabías que aún
teníamos tanto de que hablar
sobre cantidad de cosas,
y arreglar nuestras diferencias
esas que sabias que yo se que sabías,
perdonar a tu hijo una vez más,
y quedar todo finalmente reconciliado!

Estabas allí y no estabas.
Anoche fué que elegiste,
o te fué otorgado por el Señor,
venir en persona hasta mis sueños,
en las horas pequeñas, y en la oscuridad
te apareciste en toda tu plenitud
durante unos pocos electrizantes segundos
para dejar un mensaje de esperanza y amor.
Debiera odiarte por lo que hiciste
si ello nos trajera algo bueno.
Y sí! aún fluye en mí
tu preciosa sangre de tus propios vasos
cuando la mía se extinguía...
Sé que mantengo en mí una parte de tu vida,
y puedo sentir tus cuidadosas manos,
la tibieza de tus ojos gris-acerados
leyendo cada rincón de mi mente.
En la línea de mi boca conocías mis pensamientos.

Puedo recordar cada único segundo de nuestra vida.
No siempre fuí lo suficientemente justo,
pero ahora también yo debo decir adiós.

Salvador
© 2003-2008 Salvador Oria
(Traducido de su original en inglés)

Anónimo dijo...

Tu madre era una mujer deliciosa, y su bondad superaba su mucha inteligencia. Desde que nació Andrés se sintió compensada por la vida, le encantaba bailar con él, y con cada nieto esa felicidad aumentaba. Te amaba con esa generosidad que tienen los espíritus superiores. En estos meses se sintió muy amada, atendida y se fue tranquila por verte tan bien con Ximena y los chicos. La recordaré siempre con esas estrellitas que tenía en la mirada, mientras trabajábamos con libros frente al enorme ventanal de Humberto I, infatigablemente superadora, rockera, gran esteta, amante de las palabras, de la edición, de la moda, de los colores, con sus bellos anillos de plata y sus rizos negros. Nuestro lugar preferido de encuentros: el café circular de la Biblioteca Nacional, muchos bares de Corrientes, Clásica y Moderna, los cafés-librerías Cúspide del Village, el Ateneo de Sante Fe, el Olmo, tantos encuentros llenos de consultas sobre la "cocina" de la edición literaria, las novedades científicas, Osho, las tendencias, las texturas. Pensar en ella te humedece los ojos, pero también te pone una sonrisa en los labios. Qué privilegio haber tenido esa madre, Ale. Que el tiempo dulcifique tu pena, un abrazo.

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