martes, julio 28, 2009

Bipolares, por Carlos Vinacour, Parte 1


Carlos Vinacour, un amigo psiquiatra, me mandó este texto sobre la bipolaridad. A mi me gustó mucho, porque tiene ideas novedosas, formas distintas de ver algunas cosas básicas.

Se llama: "La bipolaridad como enfermedad de las pasiones". Lo publico en dos partes, porque es largo para un blog.

Primera parte:

La bipolaridad como enfermedad de las pasiones

Mucho se está hablando sobre el TB. No quiero extenderme aquí en generalidades clínicas que con mucha facilidad pueden encontrarse, simplemente buscando en los muchos sitios serios de Internet que hablan sobre el tema .

Prefiero detenerme en dos preguntas que surgen de forma casi sistemática cada vez que coordino los Talleres de Psicoeducación para Familiares de Pacientes que padecen este trastorno .

La primera de ellas es que en definitiva, cualquier persona en algún momento de su vida pasa por períodos de emociones fuertes, ¿cómo diferenciar entonces una desestabilización del ánimo? La segunda pregunta íntimamente relacionada e imbricada con la primera, es sobre la diferencia entre estar profundamente triste o fuertemente feliz o padecer una depresión o una manía.

Las dos preguntas son pertinentes, enmarcadas en esta época en donde se ha hecho rodar, tanto en el mundo académico como en el no académico, la poco feliz frase de que en el fondo todos somos bipolares.

Si bien para obtener una respuesta basta con recurrir a un buen libro de psiquiatría o al muy consultado Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por su sigla en inglés), también es cierto que en la vida cotidiana de hogares donde alguien sufre esta dolencia, no siempre es fácil para un familiar ver con claridad las diferencias.

En principio no alcanza con estar triste para padecer una depresión. Es más, hay depresiones que cursan sin tristeza. Lo que predomina es una fuerte sensación de vacío, o falta de interés por las cosas o una disminución marcada de la capacidad para sentir placer frente a hechos que antes lo producían. En todas estas condiciones las personas padecen un intenso malestar y sin embargo aseveran no estar tristes.

Pero además, en la depresión, entendida como enfermedad, deben darse no solo las condiciones señaladas arriba; las personas tienen dificultades para dormir, sensación de fatiga y pérdida de energía, sentimiento de inutilidad y/o de culpa inapropiados, autorreproches, dificultades para pensar y concentrarse, pensamientos pesimistas y a veces hasta ideas de muerte.

Además, todos estos síntomas se mantienen por un largo período de tiempo y no solo por horas o algunos días. No basta por ende con estar simplemente triste, deben estar presentes algunas de esas otras variables para afirmar que alguien padece una depresión.

Pero más allá de todo esto, que vuelven a ser datos de fácil hallazgo en cualquier búsqueda bibliográfica, lo que puede aclarar a un observador poco entrenado, es entender que el TB puede concebirse como la enfermedad de las pasiones.

Fuera de los períodos de estabilidad, que los hay, las personas están presas de pasiones. Emociones desbordantes y poco controlables. Tristezas profundas o exaltaciones exuberantes, furias desconcertantes y entusiasmos excesivos.
Estos estados pasionales son en verdad más intensos que los meramente emocionales. Desconciertan y chocan por su fuerza. La persona que hasta ese momento tenía modos habituales conocidos y hasta previsibles, va virando a veces lentamente, otras en forma brusca, a maneras pasionales casi incomprensibles.

Hay algo en la estética de las emociones cotidianas que nos lleva a aceptarlas u objetarlas pero rara vez nos producen un desconcierto profundo, son casi siempre en alguna medida empáticas y sobre todo entendibles aunque sean objetables.

Las pasiones del TB niegan la estética de lo emocional, desconciertan, difícilmente producen empatía. Hay algo en ellas que lleva al rechazo, al desagrado a la imposibilidad de comprenderlas.

Y cuando con más frecuencia aparecen situaciones de este tipo, tanto más legítimo es este planteo. No basta con un hecho aislado para aseverar que alguien está transitando un período de inestabilidad emocional propio del TB, hablamos de hechos que suceden se sostienen y se repiten largamente en el tiempo, siendo desconcertantes no solo por su magnitud sino también porque se extienden y mantienen a veces por largas semanas.

A diferencia de la tristeza, la depresión es negra y remite a la muerte, tanto, que a veces produce temor en el interlocutor. Es cierto que por momentos puede parecer existencialmente profunda e invitar a un cuestionamiento reflexivo, pero está hondamente apoyada en un pesimismo grave, sin perspectivas y sin salidas.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

ALe, me parecio interesante esta primera parte sobre el TB. Conozco gente cercana a mi entorno que lo padece.
Me hubiese encantado preguntarle a tu mujer, por qué hay tantos progresistas de la psicología que demonizan a los psicofármacos, que al fin y al cabo son lo más efectivo para el tratamiento de esta enfermedad y de muchas otras que no tienen cura. ¿Y por qué hacen de esto un problema ideológico?
No digo que la psicología no sirva, pèro es estos casos me parece que es mucho más efectivo lo que aporta la medicina.


ALfredo

MVP dijo...

Interesante, espero la continuación

Ximena Ianantuoni dijo...

El artículo es buenísimo, claro, explicativo, ameno, interesante, es C Vinacour, se nota!

Alfredo te respondo: hay muchas razones por las cuales se rechaza la psicofarmacología, en el peor de los casos: prejuicios, ignorancia, mala conciencia y desconocimiento,
en otras circunstancias más comprensibles: temores, malas experiencias, fantasías, otros tipos de desconocimientos. Personalmente aprendí que cuando la medicación es necesaria está muy mal no presentarle al paciente el recurso. Asi como estoy convencida de que seguro es mejor acompañar estos procesos con psicoterapia, por más medicación disponible que haya.

psicofármacos: tema super interesante.

Anónimo dijo...

Alfredo
Creo que la vieja dicotomía mente cuerpo ha sido largamente superada.

Siendo el TB una patología probadamente bioquímica y de origen claramente genético, no está en terreno de discusión que el tratamiento debe incluir indefectiblemente la administración de psicofármacos. Este punto forma parte de un consenso general de todos los referentes internacionales en el tema y hay abundantes evidencias científicas que avalan la afirmación.

Sin embargo, también hay sobradas pruebas que demuestran que la una psicoterapia eficaz, como parte indisoluble de un buen tratamiento, mejora sensiblemente los niveles de estabilidad y colabora en la prevención de recaídas. Esto es debido a que las personas que padecen de TB, poseen a su vez, entre otras muchas cosas, altos niveles de vulnerabilidad al estrés. Rescatando una metáfora de Marsha M. Linehan (que en verdad está pensada para personas con Trastorno Límite de Personalidad) son pacientes de piel delgada, porosa, permeable. El impacto de los hechos les golpea fuerte, la sensibilidad suele ser alta y el estrés es una de las fuentes principales que colaboran en la desestabilización.

Somos seres complejos en donde genética, medio ambiente, historias de vida y bioquímica forman un entrelazado tal, que es imposible discernir cual tiene más peso.

En todo caso ninguno es excluyente y se entra en simplismos peligrosos si se pretende dar supremacía a uno de los dos.

Carlos Vinacour

Jime dijo...

Coincido, cuando es necesaria la medicación es muy útil, y debería ser asumida cómo cualquier otra -ej. insulina para un diabético-

Y no sólo creo que no es excluyente sino que psicofármacos y psicoterapia pueden ser super complementarios.

Ale C dijo...

Super interesante!

Ricardo dijo...

A quienes les interese este tema, les recomiendo un libro que ya tiene varios años y que se llama "La bipolaridad como don" de Eduardo Grecco.

En primer lugar, está muy bueno que esté escrito por un psicólogo que se declara bipolar.

En segundo lugar, el ve detrás de todo bipolar, un don muy importante no desarrollado. Por lo tanto, la cura pasa por identificar y desarrollar ese don.

Ese libro es muy bueno porque creo que en definitiva, dá con el orígen de casi todos los malestares ó patologías psicológicas: la falta de identificación del don y sus posibilidades de desarrollo.

Ese libro realmente es imperdible!

Anónimo dijo...

Gracias Ximena, me parece inteligente tu postura.
Un saludo!


Alfredo

Anónimo dijo...

Carlos Vinacour

Es verdad, es muy compleja esta cuestión.
En cuanto a la ciencia,y la parte que le toca, espero que pueda aportar cada vez mejores psicofármacos.

Alfredo

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